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Trio ardiente con mi hermana y su amiga

5347 palabras

Trio ardiente con mi hermana y su amiga

Era una noche de verano en la casa de mis papás en Polanco, con el aire cargado de ese calor pegajoso que te hace sudar hasta el alma. Yo, Alex, acababa de llegar de la uni, con veintitrés años y un cuerpo que había moldeado en el gym para impresionar a las morras. Mi hermana mayor, Carla, de veinticinco, estaba en su cuarto con su amiga de toda la vida, Lupe. Las dos eran unas chuladas: Carla con su pelo negro largo, curvas que mataban y una sonrisa pícara que siempre me ponía a mil; Lupe, rubia teñida, tetas firmes y un culo que pedía guerra. Siempre había habido esa tensión rara entre nosotros, miradas que duraban de más, roces accidentales que no lo eran tanto.

Estaba en la cocina echándome una chela fría cuando las oí reírse a carcajadas desde el pasillo. ¿Qué chingados estarán tramando esas dos? pensé, mientras el sonido de sus voces me erizaba la piel. Fui a ver y ahí estaban, sentadas en la cama de Carla, con shorts diminutos y blusas escotadas que dejaban poco a la imaginación. El olor a perfume dulce y sudor fresco me golpeó como un puñetazo.

—Oye, wey, pasa, no te quedes ahí como pendejo —me dijo Carla, guiñándome el ojo—. Lupe y yo estábamos platicando de ti.

Me acerqué, sintiendo el pulso acelerado. Lupe me miró de arriba abajo, lamiéndose los labios.

Esto se va a poner bueno, cabrón
, me dije en la mente. Nos pusimos a charlar de la vida, de fiestas y desmadres, pero el aire se cargaba de electricidad. Carla se recargó en mí, su muslo rozando el mío, y Lupe no se quedaba atrás, tocándome el brazo con dedos suaves.

La plática derivó en confesiones. Carla admitió que siempre me había visto como algo más que su carnal, y Lupe soltó que fantaseaba con un trio con mi hermana y su amiga, mirándome fijo. Mi verga se endureció al instante, latiendo contra el pantalón. El deseo nos envolvió como una niebla caliente, con el sonido de sus respiraciones agitadas y el olor a piel caliente llenando la habitación.

Las cosas escalaron lento, como un fuego que prende poquito a poco. Carla me jaló para un beso, sus labios carnosos saboreando a fresa y tequila. Su lengua se enredó con la mía, húmeda y juguetona, mientras Lupe nos veía con ojos brillantes. Esto es real, no un pinche sueño, pensé, mientras mis manos exploraban las tetas de Carla por encima de la blusa, sintiendo los pezones duros como piedritas.

Lupe se unió, besándome el cuello, su aliento cálido oliendo a menta. Le quité la blusa a Carla primero, revelando sus chichis perfectas, bronceadas por el sol de Acapulco. Las chupé con hambre, saboreando el salado de su piel, mientras ella gemía bajito: ¡Ay, cabrón, qué rico! Lupe se desnudó sola, su cuerpo atlético brillando bajo la luz tenue de la lámpara. La toqué, metiendo dedos en su panocha ya empapada, resbalosa y caliente como miel derretida.

Nos tumbamos en la cama king size, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Carla se puso a mamarme la verga, su boca experta succionando con fuerza, la saliva chorreando por mis huevos. El sonido chupón era obsceno, mezclado con sus arcadas voluntarias. Lupe se sentó en mi cara, su coño depilado rozando mi nariz, oliendo a excitación pura, almizclada y dulce. La lamí con ganas, lengua hundiéndose en sus labios hinchados, saboreando sus jugos que me ahogaban de placer.

El cuarto se llenó de jadeos, pieles chocando con palmadas suaves, el crujir de las sábanas.

Mi hermana sabe lo que hace, y su amiga es una diosa
, reflexioné en medio del éxtasis. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, metiendo mi verga en Carla por atrás, sintiendo su culo apretado tragándosela entera, mientras Lupe la besaba y le pellizcaba los pezones. Carla gritaba: ¡Más duro, Alex, rómpeme! El sudor nos unía, resbaloso y pegajoso, con el olor a sexo impregnando todo.

Lupe pidió su turno, montándome como vaquera salvaje, sus caderas girando con maestría, tetas rebotando al ritmo. La apreté fuerte, clavando uñas en su cintura, mientras Carla me chupaba los huevos desde abajo. La tensión crecía, mis bolas apretadas listas para explotar, pero aguanté, queriendo alargar el paraíso.

El clímax llegó como un volcán. Puse a las dos de rodillas, verga en mano, y ellas abrieron la boca ansiosas. Eyaculé chorros calientes, salpicando sus lenguas y caras, el sabor salado que lamían con deleite. Carla y Lupe se besaron luego, compartiendo mi leche, un espectáculo que me dejó temblando. Nos derrumbamos exhaustos, cuerpos enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos.

En el afterglow, con el ventilador zumbando y el olor a sexo persistiendo, Carla me acarició el pecho. Esto fue chido, carnal. ¿Repetimos? Lupe rio, besándome la mejilla. Yo sonreí, sintiendo una paz profunda, como si hubiéramos cruzado un umbral sin regreso. Un trio con mi hermana y su amiga... lo mejor que me ha pasado, pensé, mientras el sueño nos vencía en esa cama compartida.

Al día siguiente, el sol entraba por la ventana, iluminando sus cuerpos desnudos. No hubo culpas, solo sonrisas cómplices y promesas de más noches locas. La vida en México sabe a picante, y esto era el chile más ardiente.

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