Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tri Soul en Mi Mente Tri Soul en Mi Mente

Tri Soul en Mi Mente

6524 palabras

Tri Soul en Mi Mente

El sol de Puerto Vallarta me besaba la piel como un amante impaciente, mientras el aroma salado del mar se mezclaba con el dulzor de las margaritas que compartíamos en la terraza del hotel. Yo, Ana, de treinta y tantos, con curvas que el bikini apenas contenía, sentía el calor subir no solo por el trópico, sino por dentro. Frente a mí, Luis, mi carnal de toda la vida, con su sonrisa pícara y músculos bronceados de tanto surfear, y su compa Marco, el moreno alto con ojos que prometían travesuras. Habíamos llegado juntos en un road trip improvisado, neta que chido, escapando del pinche estrés de la CDMX.

Órale, ¿por qué carajos mi cuerpo late así con estos dos weyes? pensé, mientras el sonido de las olas rompiendo en la orilla me arrullaba. Luis me pasó el vaso helado, sus dedos rozando los míos, un toque eléctrico que me erizó la piel. Marco, recargado en la baranda, me guiñó el ojo: "Ana, estás más buena que nunca, carnala. ¿Verdad que sí, Luis?" Su voz grave vibró en mi pecho, y sentí un cosquilleo húmedo entre las piernas. Reí, juguetona: "Pendejos, no se hagan. Pero neta, este viaje me tiene con el alma en vilo."

La tarde se estiró con pláticas de antaño, risas que olían a tequila y recuerdos de fiestas locas en la Condesa. Pero debajo de todo, una tensión crepitaba, como el aire antes de la tormenta. Cada mirada de Luis, cargada de ese deseo viejo que nunca se apagó, y las de Marco, frescas y hambrientas, me ponían la piel de gallina. El sol se hundía en el Pacífico, tiñendo el cielo de naranjas y rosas, cuando Luis propuso: "¿Y si nos echamos un chapuzón nocturno? La playa está desierta." Mi corazón dio un brinco. Sí, wey, justo lo que necesito.

Nos metimos al mar, el agua tibia lamiendo mis muslos, envolviéndome como seda líquida. Las olas nos mecían, y en la penumbra, los cuerpos se rozaron accidentalmente al principio. La mano de Luis en mi cintura, firme, posesiva; los dedos de Marco rozando mi espalda baja. Sentí sus respiraciones aceleradas contra mi cuello, el sabor salado del agua en mis labios cuando besé a Luis primero, un beso profundo, con lengua que sabía a ron y promesas. Marco se acercó por detrás, su pecho duro contra mi espinazo, sus labios mordisqueando mi oreja: "Déjame unirme, reina. Somos tres para esto."

Subimos a la suite, empapados, dejando huellas húmedas en el piso de mármol. El aire acondicionado nos erizó los vellos, pero el fuego dentro ardía más. Me quitaron el bikini con manos temblorosas de anticipación, sus ojos devorándome. Mi piel brillaba bajo la luz tenue, pechos pesados alzándose con cada jadeo. "Eres una diosa, Ana", murmuró Luis, lamiendo el agua de mi clavícula, su lengua caliente trazando surcos que me hicieron arquearme.

Tri soul in my mind, tres almas danzando en mi cabeza, listas para fusionarse.

Me tendieron en la cama king size, sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Luis se arrodilló entre mis piernas, besando el interior de mis muslos, su aliento cálido rozando mi centro húmedo. Olía a mar y a mí, a ese almizcle dulce de excitación que nos volvía locos. Marco capturó mis labios, su beso feroz, dientes gentiles en mi labio inferior, mientras sus manos amasaban mis senos, pulgares en los pezones duros como piedras. "Neta que me traes al borde, pendeja deliciosa", gruñó Marco, y yo reí entre gemidos.

La tensión crecía como una ola gigante. Luis separó mis pliegues con dedos expertos, probándome con la lengua plana, lamiendo lento desde el clítoris hasta la entrada, saboreando mi néctar salado. ¡Ay, cabrón, qué rico! Mi cadera se alzó sola, buscando más. Marco se desvistió, su verga gruesa saltando libre, venosa y lista, y la acercó a mi boca. La chupé ansiosa, lengua girando en la cabeza sensible, saboreando el precum salado, mientras él gemía "Sí, así, mámame toda." El sonido de succiones húmedas llenaba la habitación, mezclado con mis quejidos ahogados y el latido de sus pulsos contra mi piel.

Pero quería más, necesitaba que las almas se unieran de verdad. Los jalé, posicionándolos. "Córremanme los dos, weyes. Quiero sentirlos adentro." Luis se recostó, yo montándolo despacio, su verga llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. El roce de su pubis contra mi clítoris era fuego puro. Marco se colocó detrás, lubricándonos con saliva y mi propia humedad, y empujó en mi culo con cuidado, centímetro a centímetro. El ardor inicial se convirtió en placer pleno cuando ambos estuvieron dentro, moviéndose en ritmo alternado. Sentía sus corazones latiendo conmigo, tri soul in my mind, tres espíritus en éxtasis.

El sudor nos unía, piel resbaladiza chocando con palmadas húmedas. Olía a sexo crudo, a testosterona y mi esencia floral. Sus manos por todos lados: Luis pellizcando mis pezones, Marco apretando mis nalgas, dedos hundiéndose. Gemía sin control, "¡Más fuerte, chínguenme duro!" La fricción era insana, sus vergas rozándose a través de la delgada pared, pulsando en unisono. El mundo se redujo a sensaciones: el estiramiento ardiente, el roce eléctrico en mi punto G, el sabor de sus besos salados. Mi orgasmo subió como tsunami, contrayéndome alrededor de ellos, ordeñándolos mientras gritaba su nombre.

Luis se vino primero, caliente y espeso dentro de mí, su rugido animal contra mi cuello. Marco lo siguió, llenándome por detrás con chorros que me hicieron temblar de nuevo. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones entrecortadas, el olor a clímax impregnando el aire. Besos suaves ahora, lenguas perezosas, caricias que calmaban el fuego.

Despertamos al amanecer, el sol filtrándose por las cortinas, pintando nuestras pieles doradas. Luis me ceñía por la cintura, Marco enredado en mi pelo. "Eso fue épico, carnala", dijo Luis, besando mi hombro. Marco sonrió: "Repetimos cuando quieras." Yo, saciada y empoderada, sentí una paz profunda.

Tri soul in my mind, ahora latiendo como uno solo, eterno.

El mar cantaba afuera, prometiendo más aventuras. Nos vestimos entre risas, planeando el día, pero sabíamos que algo había cambiado. Tres almas entrelazadas, en cuerpo y espíritu, listas para lo que viniera. Neta, qué chingón viaje.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.