La Tentacion del Try Up
Era una noche calurosa en mi depa de la Condesa, con el viento del ajusco colándose por la ventana entreabierta, trayendo ese olor a tierra mojada y jacarandas que tanto me pone. Alex y yo llevábamos un año juntos, y esa chispa que nos encendía al principio se había convertido en un fuego que no se apagaba. Él, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que me derriten, estaba recostado en la cama king size, sin camisa, solo en bóxer, sudando un poquito por el calor. Yo, vestida con un baby doll negro de encaje que me hacía sentir como diosa, me acerqué gateando sobre las sábanas de algodón egipcio.
¿Y si esta noche probamos algo nuevo? pensé, mientras mi corazón latía fuerte, como tambor en una fiesta de pueblo. Habíamos platicado de fantasías, y una que me rondaba era el try up, atarlo juguetón, controlarlo un rato. En inglés sonaba chido, como algo de esas pelis gringas que veíamos a escondidas, pero aquí, en nuestro nido, lo haríamos nuestro.
—Órale, carnal —le dije, mordiéndome el labio—, ¿qué tal si jugamos a try up? Te ato yo primero, te hago sufrir rico.
Alex se rio, esa carcajada ronca que me eriza la piel.
"¿Try up? Suena cabrón, nena. Ándale, hazme lo que quieras."Sus palabras me prendieron como yesca, y saqué las sedas rojas que había comprado en línea, suaves pero firmes, oliendo a nuevo.
Lo até despacito a los postes de la cama, sus muñecas anchas contra la madera pulida. Sentí el calor de su piel bajo mis dedos, el pulso acelerado en sus venas, y el leve temblor de anticipación. Él me miraba fijo, con esa mirada de ven y hazme tuyo. El cuarto se llenó de nuestro aroma mezclado: mi perfume de vainilla y el suyo, a jabón y hombre puro.
Empecé por besos suaves en su cuello, lamiendo el sudor salado que perlaba su clavícula. Sabe a mar, a deseo crudo, pensé, mientras bajaba por su pecho, mordisqueando sus pezones duros como piedras. Él gemía bajito, un sonido gutural que vibraba en mi pecho, haciendo que mi chochita se humedeciera al instante. Mis manos exploraban, arañando leve su abdomen marcado, bajando hasta el borde de su bóxer, donde su verga ya se paraba dura, presionando la tela.
—No tan rápido, pendejo —susurré, riendo, y le quité el bóxer con los dientes, sintiendo el algodón raspar mi lengua. Su pinga saltó libre, gruesa y venosa, con ese olor almizclado que me volvía loca. La rocé con la nariz, inhalando profundo, y la besé en la punta, probando la gota salada de precum. Alex se arqueó, las sedas crujiendo contra la madera, su respiración agitada como viento en tormenta.
Pero el try up no era solo atarlo; era el juego de poder, la tensión que crecía como olla exprés. Me subí a horcajadas sobre él, mi baby doll subido, dejando que mi concha rozara su verga sin penetrar. Sentía su calor abrasador contra mis labios hinchados, resbalosos de jugos. Movía las caderas lento, pintando su longitud con mi humedad, oyendo sus gruñidos de frustración deliciosa.
"Chíngame ya, güey... porfa."
El calor del cuarto nos envolvía, sudor goteando por mi espalda, pegando el encaje a mi piel. Mis chichis rebotaban libres, pezones duros rozando su pecho cada vez que me inclinaba a besarlo. Le metí la lengua profundo, saboreando su boca a menta y desesperación, mientras mis dedos jugaban con sus huevos, apretando suave, sintiendo su peso pesado y calientes.
La tensión subía, mi clítoris palpitando contra su punta, rogando por más. Pero quería hacerlo rogar. Bajé mi boca a su verga, engulléndola entera en un movimiento húmedo, mi garganta apretándola mientras mi lengua giraba alrededor del glande. Él jadeaba fuerte, la cama temblando con sus tirones contra las ataduras. Esto es poder, puro control, pensé, mientras succionaba, oliendo mi propia excitación mezclada con la suya.
De pronto, Alex murmuró:
"Ya suéltame, mi reina. Ahora me toca try up contigo."Su voz ronca me derritió, y con un nudo rápido, lo liberé. Él se incorporó como fiera, ojos brillando de lujuria, y en segundos me volteó bocabajo, atándome las muñecas con las mismas sedas, pero más firme. Sentí la tela morder mi piel suave, un ardor placentero que mandaba chispas a mi centro.
—Ahora vas a ver qué es buen try up —gruñó, y su aliento caliente en mi oreja me erizó todo el cuerpo. Me separó las piernas, exponiendo mi chocha empapada al aire fresco de la noche. Su lengua llegó primero, lamiendo desde mi ano hasta el clítoris en una pasada larga, saboreando mis jugos dulces y salados. Gemí alto, el sonido rebotando en las paredes, mientras él chupaba mi botón hinchado, metiendo dos dedos gruesos adentro, curvándolos contra mi punto G.
El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mis muslos, mi piel en llamas. Olía a sexo puro, a sudor y fluidos, el cuarto un sauna de deseo. Alex me penetró con la lengua, luego con los dedos, rápido, implacable, mientras su otra mano pellizcaba mis nalgas, dejando marcas rojas que dolían rico. No aguanto, voy a explotar, pensé, mi cuerpo temblando, caderas empujando contra su cara barbuda que raspaba delicioso.
Pero él se detuvo justo antes del clímax, riendo malvado. ¡Pendejo! quise gritar, pero solo salió un quejido. Se posicionó atrás, su verga gorda presionando mi entrada, y empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome hasta el fondo. Sentí cada vena, cada pulso, llenándome completa. Empezó a bombear, fuerte al principio, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con nuestros gemidos. Sus manos en mis caderas, uñas clavándose, guiándome contra él.
El ritmo creció, salvaje, sus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. Sudor chorreaba de su pecho a mi espalda, resbaloso, caliente. Yo gritaba ¡más, chíngame más!, perdida en el éxtasis, mi chocha contrayéndose alrededor de su verga como puño. Él gruñía en mi oído, mordiendo mi hombro,
"Te sientes cabrona, tan apretada, mi amor."
La tensión llegó al pico, mi orgasmo explotando como cohete, olas y olas de placer sacudiéndome, jugos salpicando sus muslos. Él siguió unos segundos más, hinchándose dentro, y con un rugido animal se corrió, chorros calientes pintando mis paredes internas, desbordando por mis piernas.
Nos quedamos así, jadeando, atados en un enredo de sedas y cuerpos exhaustos. Alex me desató con besos tiernos, volteándome para acunarme contra su pecho húmedo. El olor a sexo impregnaba todo, mezclado con nuestro sudor y el leve aroma de las jacarandas afuera. Esto fue más que try up; fue conexión pura, pensé, mientras su mano acariciaba mi pelo.
—¿Repetimos pronto, güey? —murmuró él, besando mi frente.
Yo sonreí, saboreando el afterglow en mi piel sensible.
"Todos los días, mi rey."La noche nos envolvió, prometiendo más noches de try up y pasiones mexicanas.