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Trio Amateur Teen Inolvidable

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Trio Amateur Teen Inolvidable

La noche en la playa de Cancún estaba chida de verdad, con el mar rompiendo suave contra la arena y el olor a sal mezclado con el humo de las fogatas. Tenía veinte años recién cumplidos y andaba con mis carnales en una fiesta improvisada que armó un wey de la uni. La música reggaetón retumbaba, cuerpos sudados se movían al ritmo, y el tequila corría como agua. Neta, no esperaba que esa noche se convirtiera en algo tan cabrón.

Ahí las vi: dos morras que gritaban trio amateur teen por todos lados, no porque lo dijeran, sino por cómo se veían, frescas, amateur en esa vibra salvaje, como de diecinueve años nomás, con pieles bronceadas y risas que cortaban el aire caliente. Una era Karla, cabello negro largo hasta la cintura, tetas firmes asomando en un bikini rojo que apenas contenía todo; la otra, Sofía, rubia teñida con curvas de infarto, shorts cortitos que dejaban ver sus nalgas redondas. Estaban bailando pegaditas, sudando, con olor a coco de sus cremas y un toque de sudor que me puso la verga dura al instante.

Me acerqué con una chela en la mano, sonriendo como pendejo. "Qué onda, reinas, ¿se les ofrece un trago?", les dije, y ellas se rieron, mirándome de arriba abajo. Karla me guiñó el ojo: "Neta, wey, estás bien bueno. ¿Y tú qué traes?". Sofía se pegó a mí, su mano rozando mi brazo, piel suave como seda caliente. El corazón me latía fuerte, sentía el pulso en las sienes, y un calor subiendo desde el estómago. Charlamos pendejadas, bailamos, sus cuerpos rozando el mío accidentalmente al principio, pero cada vez más intencional. Olía su aliento a tequila dulce, y cuando Karla me susurró al oído "¿Quieres ver algo chingón?", supe que la cosa iba en serio.

Pinche suerte la mía, pensé. Dos morras así, queriendo juego. ¿Y si la cago? No, carnal, relájate, déjate llevar.

Nos fuimos a una cabaña chiquita que rentaron mis carnales, alejada de la fiesta pero con vista al mar. La puerta se cerró con un clic que sonó como promesa. El aire adentro estaba cargado, olor a madera húmeda y sus perfumes mezclados. Karla prendió unas velas, luz tenue que bailaba en sus pieles. Sofía me jaló a la cama, sus labios carnosos besándome el cuello, lengua caliente dejando rastro húmedo. "Te queremos a ti, papi", murmuró, y Karla se unió, desabotonándome la camisa con dedos temblorosos de emoción.

Acto uno del deseo: exploración lenta. Mis manos en sus cinturas, sintiendo la curva de sus caderas, piel caliente como fuego bajo la luna. Karla gemía bajito cuando le besé el hombro, sabor salado de sudor y mar. Sofía se quitó el top, tetas perfectas saltando libres, pezones duros como piedritas. Las chupé una por una, lengua girando, oyendo sus jadeos roncos que se mezclaban con el rumor de las olas afuera. Ellas se tocaban entre sí, Karla metiendo mano en los shorts de Sofía, risitas nerviosas. "Es nuestra primera vez así, wey", confesó Sofía, ojos brillantes. "Trio amateur teen total". Me excitaba su confesión, su inocencia cruda.

La tensión crecía como ola gigante. Me quitaron el short, mi verga saltó dura, palpitante, venas hinchadas. Karla la tomó primero, mano suave apretando, lengua lamiendo la punta con sabor a pre-semen salado. Sofía besaba mi boca, lengua invadiendo, mientras su mano jugaba con mis huevos. Sentía el calor de sus cuerpos presionados contra mí, pechos aplastados en mi pecho, sudor pegajoso uniéndonos. "Qué rica verga, carnal", dijo Karla, chupándola profunda, garganta apretando. Gemí fuerte, manos enredadas en su pelo, oliendo su shampoo de frutas tropicales.

Esto es el paraíso, pensé. Sus bocas, sus manos... no aguanto más, pero tengo que alargar el chiste.

Escalada en la cama deshecha: las puse de rodillas, nalgas al aire. Karla tenía un culo prieto, moreno; Sofía más carnoso, blanco cremoso. Lamí sus coños primero, uno por uno. Karla sabía a miel dulce, jugos espesos cubriendo mi lengua; Sofía más ácida, intensa, clítoris hinchado palpitando. Ellas se retorcían, "¡Ay, wey, no pares!", gritaban, voces entrecortadas. Metí dedos, dos en Karla, curvándolos para tocar ese punto que la hizo arquearse, chorro caliente mojando las sábanas. Sofía se corrió rápido, temblando, olor a sexo puro llenando la habitación.

Ahora ellas mandaban. Karla se montó en mi cara, coño chorreando en mi boca, mientras Sofía cabalgaba mi verga. Sentí su interior apretado, caliente como horno, paredes vaginales masajeando cada centímetro. "¡Qué chingón te sientes!", gritó Sofía, subiendo y bajando, tetas rebotando. Karla se mecía en mi lengua, jugos goteando por mi barbilla. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, gemidos altos, piel contra piel. Sudor nos cubría, sal en la boca, pulso acelerado en oídos como tambores.

Intercambiaron. Sofía en mi verga ahora, más experimentada, girando caderas como bailarina. Karla de perrito, yo embistiéndola fuerte, manos en sus nalgas separándolas, viendo su ano rosado contraer. "¡Más duro, pendejo!", pedía juguetona, y yo obedecía, verga hundiéndose hasta el fondo, bolas golpeando su clítoris. Ella se corrió de nuevo, gritando, cuerpo convulsionando, apretándome tanto que casi me vengo.

El clímax se acercaba, tensión en cada músculo. Las puse una al lado de la otra, piernas abiertas. Follé a Karla misionero, besos profundos, luego a Sofía, alternando. Sus coños resbalosos, hinchados, succionándome. "Ven con nosotras, amor", suplicó Karla, uñas clavándose en mi espalda. No aguanté: saqué la verga, ellas se arrodillaron, bocas abiertas. Chorros calientes les pintaron la cara, tetas, semen espeso goteando por sus labios. Gemí como animal, placer explotando en olas, piernas temblando.

Afterglow: Nos derrumbamos en la cama, cuerpos entrelazados, sudor enfriándose en la brisa marina que entraba por la ventana. Karla lamía semen de los labios de Sofía, besándose lentas, compartiendo el sabor salado. Yo las abracé, oliendo su mezcla de sexo y mar, corazones latiendo al unísono calmándose. "Neta, eso fue épico", dijo Sofía, cabeza en mi pecho. Karla rio: "Trio amateur teen para el recuerdo, wey".

Pinche noche mágica, pensé. No solo cuerpos, sino conexión, risas, deseo puro. ¿Repetimos? Claro que sí.

Nos quedamos así hasta el amanecer, pieles pegajosas, promesas susurradas. El sol salió tiñendo el cielo rosa, y supe que esto cambiaría todo. No era solo un polvo; era fuego que ardía hondo.

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