Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trio con Esposa Porn Trio con Esposa Porn

Trio con Esposa Porn

7459 palabras

Trio con Esposa Porn

Era una noche de esas que se quedan grabadas en la memoria, con el calor pegajoso de Puerto Vallarta envolviéndonos como un abrazo húmedo. Mi esposa Laura y yo llevábamos años casados, pero la chispa nunca se apagaba. Ella, con su piel morena que brillaba bajo las luces de neón del bar playero, curvas que volvían loco a cualquiera, y unos ojos negros que prometían pecados deliciosos. Yo, Juan, el tipo afortunado que la había conquistado en una fiesta en la Condesa. Y ahí estaba también Marco, mi carnal de la universidad, alto, musculoso, con esa sonrisa pícara que siempre había hecho estragos entre las morras.

Habíamos llegado esa tarde a la playa, escapando del ajetreo de la CDMX. Laura traía un bikini rojo que apenas contenía sus tetas generosas, y yo no podía dejar de mirarla mientras caminábamos por la arena tibia. Qué chingona se ve mi vieja, pensé, sintiendo ya un cosquilleo en la entrepierna. Marco nos había alcanzado en el hotel, invitado por mí mismo. La idea había empezado como un chiste: "¿Y si armamos un trio con esposa porn como en esas pelis que vemos?". Laura se había reído, pero sus mejillas se sonrojaron y esa noche, en la cama, me confesó que la idea la ponía caliente.

En el bar, el ritmo de la cumbia rebajada retumbaba en el aire salado, mezclado con el olor a coco y mariscos asados. Pedimos tequilas con limón y sal, y las pláticas fluyeron. Laura se sentó entre nosotros, su muslo rozando el mío y el de Marco.

¿Será que de veras lo quiere? Neta, su piel está ardiendo
, me dije mientras la veía coquetear. Marco le contaba anécdotas de la uni, y ella reía, echando la cabeza hacia atrás, dejando ver el sudor perlado en su cuello. Yo sentía el pulso acelerado, un nudo de celos mezclados con excitación en el estómago.

–Órale, Laura, estás más rica que nunca –dijo Marco, guiñándole un ojo.

Ella lo miró con picardía. –¿Ah sí? Pues mi marido aquí presente no se queja.

El tequila nos soltó la lengua. Admití que a veces veíamos videos de trio con esposa porn, y cómo eso nos encendía. Laura asintió, mordiéndose el labio. –Es que ver a tu hombre compartiéndote... uff, es puro fuego.

La tensión crecía como la marea. Sus manos empezaron a rozarse: la mía en su cintura, la de Marco en su rodilla. El aire olía a su perfume mezclado con el sudor y el salitre. Nos fuimos del bar caminando por la playa, la arena fresca bajo los pies descalzos. Laura iba en medio, tomada de nuestras manos, su risa ligera como la brisa nocturna.

Acto dos: La escalada

De vuelta en la suite del hotel, con vista al mar rugiente, la cosa se puso seria. La habitación olía a sábanas limpias y a la loción de vainilla que Laura usaba. Encendí unas velas para ambientar, y pusimos música suave, un bolero con guitarra que nos mecía. Laura se paró frente al espejo de cuerpo entero, quitándose el pareo con lentitud felina. Su culo redondo se marcaba bajo el bikini, y yo sentí mi verga endurecerse al instante.

–¿Listos para esto? –preguntó ella, volteando con una sonrisa traviesa.

Marco y yo nos miramos, asintiendo.

Esto es real, carnal. Mi esposa con otro, pero neta que me prende
. Me acerqué por detrás, besándole el cuello, saboreando la sal de su piel. Marco se aproximó por delante, sus manos grandes explorando su vientre plano. Ella gimió bajito, un sonido ronco que me erizó los vellos.

La despojamos del bikini con besos y caricias. Sus tetas saltaron libres, pezones duros como piedras preciosas. El tacto de su piel era seda caliente, suave y húmeda por el sudor. Marco chupó uno de sus pezones mientras yo lamía el otro, nuestras lenguas chocando a veces en un beso accidental que sabía a tequila y deseo. Laura jadeaba, sus manos enredadas en nuestros cabellos. –¡Ay, cabrones, qué rico! –susurró.

La llevamos a la cama king size, las sábanas crujiendo bajo nuestros cuerpos. Yo me quité la ropa rápido, mi verga tiesa apuntando al techo. Marco hizo lo mismo, su miembro grueso y venoso compitiendo con el mío. Laura nos miró con ojos vidriosos de lujuria. –Vengan, mis machos.

Empezamos despacio, construyendo el fuego. Yo besé su boca, lengua danzando con la suya, sabor dulce de su saliva. Marco bajó por su cuerpo, besando ombligo, caderas, hasta llegar a su panocha depilada, ya brillando de jugos. El olor almizclado de su excitación llenó la habitación, embriagador como incienso. Él lamió su clítoris con maestría, y Laura arqueó la espalda, gimiendo contra mi boca.

Su coño suena chido cuando lo chupa, todo chapoteante
.

Cambié posiciones. La puse a cuatro patas, su culo alzado como ofrenda. Marco se arrodilló frente a ella, y ella lo mamó con avidez, labios estirados alrededor de su verga, saliva goteando. Yo me coloqué atrás, frotando mi punta contra sus labios vaginales resbalosos. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo su calor apretado envolviéndome. –¡Puta madre, qué chingón! –gruñí.

El ritmo se aceleró. Sus gemidos ahogados por la verga de Marco, el slap-slap de mis huevos contra su clítoris, el sudor chorreando por nuestras espaldas. El cuarto apestaba a sexo puro: semen preeyaculatorio, jugos femeninos, pieles restregadas. Cambiamos: Marco la penetró mientras yo la besaba, sus tetas rebotando con cada embestida. Ella gritaba placer, uñas clavándose en mi pecho.

–¡Más fuerte, pendejos! ¡Quiero sentirlos a los dos! –exigía, empoderada, dueña de la noche.

La tensión era insoportable, mis bolas pesadas listas para explotar. La volteamos, Laura encima de mí, mi verga hundida en su coño mientras Marco se lubricaba el ano con su propia saliva. Ella asintió ansiosa. Él entró por detrás, despacio, y los tres jadeamos al unísono. Estábamos unidos, un solo cuerpo palpitante. El roce doble la volvía loca, su interior contrayéndose en espasmos.

Acto tres: El éxtasis y el cierre

El clímax llegó como una ola gigante. Laura se corrió primero, un grito gutural que retumbó en las paredes, su panocha chorreando jugos calientes sobre mi pubis. Eso me disparó: eyaculé dentro de ella, chorros potentes que la llenaron. Marco la siguió segundos después, gruñendo como animal mientras se vaciaba en su culo.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas sincronizadas con el oleaje lejano. El olor a semen y sudor impregnaba todo, un perfume de satisfacción carnal. Laura se acurrucó entre nosotros, besándonos alternadamente. –Eso fue mejor que cualquier trio con esposa porn –murmuró, riendo suave.

Yacimos así un rato, caricias perezosas en pieles aún sensibles.

Neta, esto nos unió más. Mi reina, compartida pero solo mía al final
. Marco se despidió al amanecer con un abrazo fraternal, prometiendo discreción. Laura y yo nos bañamos juntos bajo la regadera, jabón resbalando por curvas conocidas, besos tiernos sellando el pacto.

Desayunamos en la terraza, malteada de coco y frutas frescas, el sol besando la playa. Ella me tomó la mano. –Gracias por hacerme sentir viva, amor. ¿Lo repetimos?

Sonreí, sabiendo que esa noche había reescrito nuestra historia. El mar susurraba secretos, y nosotros, saciados, listos para más aventuras en este paraíso mexicano.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.