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Tríos Modernos en la Ciudad

5974 palabras

Tríos Modernos en la Ciudad

Imagina que eres Ana, una chava de veintiocho tacos, diseñadora gráfica en la bulliciosa CDMX. Vives en un depa chido en la Roma, con ventanales que dejan entrar la luz del sol poniente y el aroma de tacos al pastor flotando desde la calle. Esta noche, el aire huele a jazmín de los macetones en el balcón y a tequila reposado que Marco, tu carnal de dos años, acaba de servir en vasos de cristal tallado.

Neta, ¿por qué no lo intentamos? piensas mientras miras a Marco, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que te derriten. Han platicado mil veces de fantasías, de romper la rutina con algo nuevo. "Tríos modernos", les dijo Luisa esa tarde por WhatsApp, mandando un link de un artículo sobre parejas que exploran sin dramas, todo con respeto y puro deseo mutuo. Luisa, tu compa de la uni, la morra más liberal que conoces, con curvas que matan y un tatuaje de calaverita en la cadera que asoma cuando se pone shortcitos.

La puerta suena y entra ella, con un vestido negro ajustado que marca su culazo redondo y unos tacones que repiquetean contra el piso de madera. "¡Wey, qué depa más chulo!", grita abrazándote, su perfume dulce de vainilla invadiendo tus sentidos. Marco la saluda con un beso en la mejilla, pero notas cómo sus ojos recorren su escote. El corazón te late más rápido, un cosquilleo en el estómago que no es solo del mezcal.

Se sientan en el sofá de terciopelo gris, la música de Natalia Lafourcade de fondo, suave y sensual. Hablan de todo: del pinche tráfico, de los influencers que presumen vidas perfectas, y de pronto, Luisa suelta: "Órale, ¿han oído de esos tríos modernos que andan de moda? Parejas que invitan a alguien y ¡pum!, explosión de placer sin celos ni mamadas". Marco se ríe, te aprieta la mano. Tú sientes el calor subiendo por tus muslos, el roce de su pulgar en tu palma como una promesa.

"¿Y si lo hacemos real?", piensas, el pulso acelerado. "¿Será que confío tanto en Marco? ¿En Luisa?"

El mezcal fluye, las risas se vuelven más roncas. Luisa se estira, su vestido sube un poco, dejando ver la piel morena y suave de sus piernas. Marco te besa el cuello, su aliento cálido oliendo a limón y alcohol. "Si no quieres, paramos", murmura en tu oído, pero su mano ya acaricia tu rodilla. Asientes, el deseo te quema por dentro como chile en nogada.

Luisa se acerca, sus labios rojos a centímetros de los tuyos. "Eres preciosa, Ana", susurra, y te besa. Su boca sabe a tequila y menta, suave al principio, luego hambrienta. Sus lenguas se enredan, un gemido escapa de tu garganta mientras Marco observa, su verga ya dura presionando contra tus jeans. El sonido de sus respiraciones llenan el cuarto, el roce de telas al quitarse la ropa.

Te levantas, el piso fresco bajo tus pies descalzos. Marco te desabrocha el bra, sus dedos ásperos de tanto gym rozando tus pezones que se endurecen al instante. Luisa te quita el short, besando tu ombligo, bajando hasta tu panocha ya húmeda. ¡Carajo, qué rico! El aroma de tu excitación se mezcla con el de ella, almizclado y dulce.

Caen al colchón king size, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Marco se pone de rodillas, su verga gruesa y venosa palpitando. La tomas en la mano, sientes su calor, el pulso latiendo contra tu palma. Luisa se arrodilla a tu lado, lamiendo la punta mientras tú la chupas, el sabor salado inundando tu boca. Gemidos roncos de él, "¡Sí, mamacitas, así!"

La tensión crece como tormenta en el desierto. Te recuestas, piernas abiertas, el aire fresco lamiendo tu humedad. Luisa se sube encima, frotando su clítoris contra el tuyo, resbaloso y caliente. Sus tetas grandes rozan las tuyas, pezones duros como piedritas. Marco se posiciona atrás de ella, embistiéndola despacio, el slap-slap de piel contra piel resonando. Tú sientes las vibraciones, tus dedos en su culo apretado.

"Esto es un puto sueño", piensas, el sudor perlando tu frente, el olor a sexo impregnando todo.

Cambian posiciones, el calor subiendo. Marco te penetra ahora, profundo y lento, llenándote hasta el fondo. Su pecho peludo contra tu espalda, aliento en tu nuca. Luisa besa tu boca, sus dedos en tu clítoris, círculos rápidos que te hacen arquear. "¡Más fuerte, wey!", le ruegas a Marco, y él obedece, embestidas que te sacuden, el colchón crujiendo.

Luisa se mueve, sentándose en tu cara. Su panocha depilada, jugosa, sabe a miel y sal. La lames, lengua plana, chupando su clítoris hinchado. Ella gime alto, "¡Ay, Ana, qué rica!", sus jugos corriendo por tu barbilla. Marco acelera, su verga hinchándose dentro de ti, el roce en tu punto G enviando chispas por tu espina.

El clímax se acerca como volcán. Tus muslos tiemblan, el placer acumulándose en tu vientre. Luisa se corre primero, cuerpo convulsionando, grito ahogado contra tu piel. Tú la sigues, olas y olas rompiendo, contrayéndote alrededor de Marco. Él gruñe, saliendo para eyacular en tu panza, chorros calientes y espesos que huelen a almizcle puro.

Jadean, cuerpos enredados, sudor pegajoso uniéndolos. El cuarto huele a orgasmo compartido, a piel satisfecha. Luisa te besa la frente, "Eso fue chido, neta". Marco te abraza, su corazón latiendo contra el tuyo.

Se duchan juntos después, agua caliente cascando sobre pieles enrojecidas. Jabón de lavanda espumoso, manos explorando sin prisa. Secos, se acurrucan en la cama, ventana abierta dejando entrar brisa nocturna y luces de la ciudad.

"Los tríos modernos no son para todos", piensas en la penumbra, "pero para nosotros, fue perfecto. Confianza, deseo, cero remordimientos".

Marco duerme a tu lado, Luisa enredada en sus brazos. Tú sonríes, el cuerpo plácidamente adolorido, sabiendo que esto solo es el principio de noches inolvidables en esta jungla urbana.

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