Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Cancion de Amor Letra Tri en Tu Piel Cancion de Amor Letra Tri en Tu Piel

Cancion de Amor Letra Tri en Tu Piel

6728 palabras

Cancion de Amor Letra Tri en Tu Piel

El sol de Puerto Vallarta se colaba por las cortinas de la terraza abierta, pintando de dorado la arena fina que se pegaba a tus pies descalzos. Habías llegado esa mañana desde la Ciudad de México, con el cuerpo pesado de tanto jale en la oficina, pero el aire salado del mar ya te había soltado los nudos de los hombros. Ahí estaba ella, Triana, recostada en la hamaca de red, con un pareo semitransparente que dejaba adivinar las curvas de su cuerpo moreno. Su guitarra acústica descansaba a su lado, y en el aire flotaba el aroma dulce de coco de su loción mezclada con el salitre del océano.

Órale, wey, ¿ya llegaste? Ven pa'cá, que te extraño un chorro.
Te dijo con esa voz ronca que siempre te ponía la piel chinita. Triana no era cualquier morra; era la compositora de esa cancion de amor letra tri que habías escuchado en loop durante semanas, la que te había hecho volar hasta acá sin pensarlo dos veces. La letra que ella misma había escrito, con versos que hablaban de deseo crudo, de pieles que se buscan en la noche, de suspiros que saben a tequila y sal.

Te acercaste, sintiendo el calor de las tablas de madera bajo tus plantas, y te sentaste a su lado. Ella dejó la guitarra y te jaló de la playera, pegando sus labios a los tuyos en un beso que sabía a mango fresco y a promesas pendientes. Sus manos, ásperas de rasguear cuerdas, se colaron por debajo de tu camisa, rozando tu pecho con uñas pintadas de rojo intenso. Pinche Triana, pensaste, siempre sabes cómo prenderme el fuego.

La tensión crecía lenta, como la marea que lamía la orilla a unos metros. Hablabais de todo y nada: del tráfico en Polanco que habías dejado atrás, de cómo ella había terminado la gira por Guadalajara con un éxito rotundo gracias a esa canción. "Es nuestra rola, ¿sabes? La cancion de amor letra tri que escribí pensando en ti esa noche que me dejaste sola en la cama del hotel en Mazatlán", murmuró ella, mientras sus dedos trazaban círculos en tu abdomen, bajando peligrosamente cerca de la cintura de tus shorts.

El sol bajaba, tiñendo el cielo de rosas y naranjas, y el sonido de las olas se mezclaba con el ritmo de vuestros corazones acelerados. Te levantaste y la cargaste en brazos, riendo cuando ella pataleó juguetona. "¡Pendejo, bájame! O mejor no, llévame adentro que ya no aguanto". La depositaste en la cama king size de la habitación principal, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Afuera, el viento traía el eco lejano de mariachis en la playa, pero aquí dentro solo existíais vosotros dos.

Empezó el juego de desvestirnos. Tú le quitaste el pareo con deliberada lentitud, revelando su cuerpo desnudo, sin una sola prenda debajo. Sus pechos firmes se alzaban con cada respiración, los pezones oscuros ya endurecidos por el roce del aire acondicionado. Ella te miró con ojos brillantes, lamiéndose los labios.

Ven, tócame como en la canción, donde dice que tus manos queman como el sol de la costa.

Tus palmas recorrieron su piel suave, desde los hombros hasta las caderas anchas, sintiendo el calor que irradiaba de ella. El olor de su excitación, almizclado y dulce como jazmín en flor, te invadió las fosas nasales. Bajaste la boca a su cuello, mordisqueando suave, saboreando el sudor salado que perlaba su clavícula. Triana gemía bajito, arqueando la espalda, sus uñas clavándose en tus hombros. "Qué chido se siente, carnal... no pares".

La tensión subía como el volumen de una rola en vivo. Le besaste el camino hasta sus senos, chupando un pezón mientras pellizcabas el otro, oyendo cómo su respiración se volvía jadeos entrecortados. Ella te empujó hacia atrás, quitándote la ropa con urgencia, y su mano envolvió tu verga ya dura como piedra, palpitante bajo su agarre firme. Mierda, sentiste el pulso en cada vena, el pre-semen lubricando su palma mientras ella la masturbaba lento, mirándote fijo a los ojos. "Esto es lo que la letra describe, ¿no? El calor que crece, el deseo que no se apaga".

La volteaste boca abajo, besando su espinazo hasta llegar a sus nalgas redondas. El aroma de su sexo te golpeó fuerte cuando separaste sus muslos: húmeda, hinchada, lista. Metiste la lengua en su chocha, lamiendo el clítoris con círculos precisos, saboreando su jugo ácido y dulce. Triana se retorcía, empujando contra tu cara, gritando "¡Sí, wey, así! ¡Come mi panocha!". El sonido húmedo de tu lengua contra su carne, mezclado con sus gemidos roncos, llenaba la habitación. Tus dedos se unieron al festín, dos adentro curvados contra su punto G, mientras chupabas más fuerte. Ella temblaba, las piernas apretándote la cabeza, hasta que explotó en un orgasmo que la dejó temblando, gritando tu nombre al viento del ventilador.

Pero no era suficiente. La pusiste de rodillas, ella te miró por encima del hombro con una sonrisa pícara. "Métemela ya, no seas mamón". Entraste en ella de un solo empujón, sintiendo cómo su interior te apretaba como un guante caliente y mojado. El slap-slap de vuestras carnes chocando era música pura, más alta que cualquier canción. Sus paredes vaginales pulsaban alrededor de tu verga, ordeñándote con cada embestida profunda. Cambiasteis de posición: ella encima, cabalgándote con furia, sus tetas rebotando, el sudor goteando de su frente a tu pecho. Tú la sujetabas de las caderas, clavando los dedos en su carne suave, oliendo el sexo crudo en el aire espeso.

La intensidad crecía, vuestros cuerpos resbalosos uniéndose en un ritmo frenético. "Te amo, pinche Triana, como en tu canción", le gruñiste al oído mientras la penetrabas desde atrás otra vez, una mano en su clítoris frotando rápido. Ella respondía con alaridos, "¡Córrete conmigo, lléname!". El clímax llegó como una ola gigante: sentiste el espasmo en tus huevos, la corrida caliente llenándola mientras ella se contraía en oleadas, gritando, arañando las sábanas. El mundo se volvió blanco, solo existía el pulso compartido, el olor a semen y sudor, el sabor de su beso post-orgasmo.

Caísteis exhaustos, enredados en las sábanas revueltas. El mar susurraba afuera, y Triana tomó la guitarra, rasgueando suave los primeros acordes de la cancion de amor letra tri.

En tu piel escribo mi letra, amor que no acaba, fuego que quema...
Cantó bajito, su voz vibrando contra tu pecho. Tú la abrazaste fuerte, sintiendo la paz del afterglow, el corazón latiendo al unísono con el suyo. Afuera, la noche mexicana envolvía todo en su manto estrellado, prometiendo más versos por escribir en vuestras carnes.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.