Intenté Traducir Su Tried
Estaba tirado en mi depa de la Roma, con una chela fría en la mano, scrolleando Tinder como wey cualquiera un viernes por la noche. La luz del celular iluminaba mi cara, y el ruido lejano de los coches en Insurgentes se colaba por la ventana abierta. De repente, pum, match con Sofía. Neta, su foto me dejó con la verga parada de volada: morena, labios carnosos pintados de rojo, ojos que prometían quilombos, y un escote que dejaba poco a la imaginación. Su bio decía "Regia en CDMX, Spanglish lover".
Le mandé un "Hola guapa, ¿qué onda?" y casi al instante, su respuesta: "Hey Alejandro, tried to sleep but your pics... can you traducir tried? Lol 🔥". Me quedé viendo el chat, rascándome la cabeza. ¿Traducir tried? Wey, ¿qué pedo? Saqué Google Translate, puse "tried" y me salió "intentó". Ah, cabrón, era Spanglish puro. "Intenté dormir pero tus fotos...", y el emoji de fuego. Mi pulso se aceleró, sentí un cosquilleo en el estómago. Le contesté: "Jaja, tried significa intenté, pero neta tus pics me tienen igual. ¿Cerveza esta noche?". Ella: "Simón, en el bar de la esquina de Reforma a las 10. No me falles papi".
Me levanté de un brinco, el corazón latiéndome como tambor de cumbia. Me eché desodorante, colonia con olor a madera y cítricos, jeans ajustados y camisa negra que me marca el pecho. Salí al fresco de la noche, el aire cargado de jazmines de algún jardín cercano. Caminé las cuadras pensando en ella, imaginando cómo sabrían esos labios, cómo se sentiría su piel morena bajo mis manos. ¿Y si es un fiasco? Nah, wey, esa chava trae fuego, me dije mientras entraba al bar, luces tenues, reggaetón suave de fondo, olor a tequila y limón.
La vi de inmediato, sentada en la barra, piernas cruzadas, falda corta negra que subía por sus muslos firmes. Se volteó, sonrisa pícara, y levantó su margarita. "¡Aquí estás, traductor!", gritó por encima de la música. Me acerqué, su perfume me golpeó como una ola: vainilla y algo almizclado, puro deseo. Nos dimos un beso en la mejilla, pero su aliento cálido rozó mi oreja, y sentí su mano en mi espalda baja. "Ya valió, esta noche no duermo", pensé.
Pedí dos tequilas reposados, el líquido ámbar bajando ardiente por mi garganta, soltando el calor en mi pecho. Platicamos, ella contando que es de Monterrey, vive aquí por trabajo en una empresa gringa, y por eso su Spanglish. "Mi ex era güero de Texas, me enseñó tried, intent, todo eso. Pero contigo quiero practicar de verdad", dijo guiñando, su voz ronca como terciopelo. Nuestras rodillas se rozaban bajo la barra, electricidad pura. Le conté de mi curro en marketing, pero mis ojos se clavaban en su escote, viendo el subir y bajar de sus tetas perfectas. Ella se acercó más, su muslo presionando el mío, calor irradiando a través de la tela.
"¿Sabes qué quise decir con traducir tried?", susurró, su aliento con sabor a sal y tequila rozando mi cuello. "Intenté resistirme, pero neta quiero que me beses ya".
Mi verga se endureció al instante, palpitando contra el pantalón. La tomé de la mano, piel suave como seda, uñas rojas arañando leve mi palma. "Órale, vámonos de aquí", murmuré. Pagamos y salimos, el aire nocturno fresco contrastando con el fuego entre nosotros. Caminamos a mi depa, a unas cuadras, sus caderas balanceándose, nalgas redondas marcadas en la falda. En el elevador, no aguanté: la pegué a la pared, labios chocando en beso hambriento. Su boca sabía a margarita dulce y salada, lengua danzando con la mía, húmeda y jugosa. Gemí bajito, manos en su cintura, bajando a apretar sus nalgas firmes, elástico de su calzón asomando.
Llegamos al depa, puerta cerrada con llave, luces bajas. La empuje suave al sillón, quitándole la blusa despacio, revelando bra de encaje negro, tetas grandes con pezones oscuros endurecidos. "Qué chingonas estás, Sofía", le dije, voz ronca. Ella rio, tirándome al piso, desabrochándome el cinturón. "Ahora te toca traducir mis gemidos, wey", jugó. Su mano metida en mi bóxer, agarrando mi verga dura como piedra, piel caliente latiendo en su puño. La masturbó lento, arriba abajo, pulgar en la cabeza mojada de precum, olor a sexo empezando a llenar el aire.
La desvestí completa, falda volando, quedando en tanga minúscula empapada. La recosté en la cama, sábanas frescas oliendo a detergente limpio. Besé su cuello, salado sudor, bajando a morder sus tetas, chupando pezones duros como caramelos, ella arqueando la espalda, gimiendo "¡Ay cabrón, sí!". Manos en su chocha, húmeda resbalosa, clítoris hinchado bajo mis dedos. La metí dos dedos, adentro caliente apretado, jugos chorreando por mi mano, olor almizclado intenso. Ella jadeaba, caderas moviéndose, "Más rápido, pendejo, no pares".
Me puse de rodillas, lengua en su raja, saboreando su miel dulce salada, lamiendo lento el clítoris, succionando. Sus muslos temblaban apretando mi cabeza, uñas en mi pelo, gritando "¡Me vengo, Alejandro, chingado!". Explosión de jugos en mi boca, cuerpo convulsionando, pulso acelerado contra mi lengua. La volteé, nalgas arriba, redondas perfectas. Saqué condón del cajón, lo rompí con dientes, me lo puse, verga gorda lista. La penetré despacio, centímetro a centímetro, su chocha tragándome entero, caliente apretada como guante. "Neta es la gloria", pensé, embistiéndola fuerte, piel chocando piel, slap slap slap, sudor perlando nuestros cuerpos.
Cambié posiciones, ella encima, cabalgándome salvaje, tetas rebotando, cabello negro volando, olor a sexo y perfume mezclado. Agarré sus nalgas, guiándola, verga hundiéndose profundo, golpeando su punto G. "¡Dame todo, tried to hold back pero ya valió!", gritó entre risas y gemidos. Sentí el orgasmo subiendo, bolas tensas, ella apretando más, corriéndonos juntos: yo llenando el condón con chorros calientes, ella temblando, chocha pulsando ordeñándome. Colapsamos, jadeando, piel pegajosa de sudor, corazones tronando al unísono.
Después, acostados, ella acurrucada en mi pecho, dedo trazando círculos en mi piel. El cuarto olía a nosotros, placer puro. "Gracias por traducir mi tried, wey. Intenté ser buena chica, pero contigo no pude", murmuró riendo. La besé la frente, suave. "Neta, fue lo mejor. Quédate", le dije. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, conexión real, deseo saciado con promesa de más. Cerré los ojos, su respiración calmándose contra mí, sabiendo que esa noche cambió todo.