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Que Son Las Triadas de Dobereiner Desnudas

6577 palabras

Que Son Las Triadas de Dobereiner Desnudas

Estaba en mi depa chiquito pero chulo en la Roma, con las cortinas corridas dejando entrar esa luz dorada del atardecer que hace que todo se vea más caliente. Tenía los libros de química regados por la mesa, el olor a café recién hecho flotando en el aire, y yo sudando la gota gorda tratando de entender el pinche examen de mañana. ¿Qué chingados son las tríadas de Döbereiner? me preguntaba mientras pasaba las páginas, sintiendo el calor entre las piernas de puro estrés mezclado con algo más, un cosquilleo que no se iba.

Ahí nomás, tocan la puerta. Abro y entran Carlos, mi carnal romántico con esos ojos cafés que me derriten, y Luis, el wey de la uni que siempre me guiña el ojo cuando pasamos por los pasillos. Traían chelas frías en la mano, sonriendo como si supieran el pedo que traía.

¿Y qué, Ana, ya le entraste al rollo de las tríadas?

dijo Carlos, dejando las cervezas en la mesa y rozándome la cintura con los dedos, un toque que me erizó la piel al instante.

Neta, no le atino —les confesé, sentándome en el sofá con las piernas cruzadas, sintiendo cómo mi short se me subía un poco, exponiendo el muslo—. Explíquenme qué son las tríadas de Döbereiner, porque si no, este examen me va a madrear.

Carlos se sentó a mi lado, su pierna pegada a la mía, el calor de su cuerpo traspasando la tela. Luis se recargó en la mesa enfrente, con esa playera ajustada que marcaba sus pectorales. Carlos empezó a explicar con esa voz grave que me pone:

—Mira, las tríadas de Döbereiner son grupos de tres elementos que tienen propiedades parecidas, wey. Como el litio, sodio y potasio. El peso atómico del del medio es el promedio de los otros dos. Es como si tuvieran una afinidad natural, ¿ves? Se atraen porque son similares.

Luis soltó una risa ronca, abriendo una chela y pasándomela. Sus dedos rozaron los míos, un chispazo eléctrico que me bajó directo al estómago.

Como nosotros tres, ¿no? Afinidad química pura.

dijo, y el aire se cargó de golpe. Sentí mi respiración acelerarse, el pecho subiendo y bajando, el olor a cerveza fría mezclándose con su colonia amaderada. Carlos me miró, su mano ya en mi rodilla, subiendo despacito.

El principio fue puro juego. Tomamos las chelas, riéndonos del profe mamón, pero las miradas se volvieron pesadas, los roces intencionales. Carlos me besó primero, su boca caliente y húmeda, saboreando a sal y a chela, su lengua explorando la mía como si fuera un experimento nuevo. Luis se acercó por detrás, sus manos en mis hombros, bajando a los pechos, apretando suave sobre la blusa. Pinche delicia, pensé, el corazón latiéndome en las sienes, el calor subiendo por mi cuello.

Me levanté, quitándome la blusa con un movimiento lento, dejando que vieran mis tetas libres, los pezones ya duros como piedritas. El sonido de sus respiraciones jadeantes llenó la habitación, mezclado con el tráfico lejano de la calle. Luis gruñó bajito, —Estás cañona, Ana, y me jaló hacia él, besándome el cuello, mordisqueando la piel hasta que gemí.

Caímos al colchón king que tengo en el piso, rodeados de cojines suaves. Carlos se desvistió rápido, su verga saltando dura y venosa, palpitando al aire. La olí, ese olor macho a sudor limpio y deseo. La tomé en la mano, sintiendo el calor, la suavidad de la piel sobre el acero debajo. Luis igual, su pinga gruesa, curvada un poquito, lista para mí.

Somos como una tríada de Döbereiner, cabrones. Elementos que se combinan perfecto.

dijo Carlos, y nos reímos, pero la risa se convirtió en jadeos cuando empecé a mamarla. Primero a él, chupando la cabeza, saboreando el precum salado, la lengua girando alrededor. Luis me manoseaba la panocha por encima del short, sintiendo lo mojada que estaba, el slippery sonido de mis jugos.

Me quitaron el short y las huaraches, quedé en pelotas total. El aire fresco en mi piel caliente, los vellos erizados. Me tendí, abriendo las piernas, invitándolos. Carlos se hincó entre ellas, lamiéndome el clítoris con hambre, su barba raspándome delicioso las ingles. ¡Ay, wey, qué rico! gemí, arqueando la espalda, el olor de mi excitación llenando todo. Luis me metió la verga en la boca, follando mi garganta suave, sus bolas golpeándome la barbilla.

La tensión crecía como una reacción química, burbujeando. Cambiamos posiciones, yo encima de Carlos, su verga hundiéndose en mí poquito a poquito, estirándome, llenándome hasta el fondo. Sentí cada vena, cada pulso, el roce en mis paredes internas. Luis detrás, untándome lubricante —el frasco que tengo en la mesita—, y metiéndome un dedo en el culo, luego dos, preparándome. El ardor placentero, el full sensation de estar llena por delante y explorada atrás.

—Sí, métemela, Luis —supliqué, la voz ronca. Y lo hizo, despacio, su grosor abriéndome, el dolorcito rico convirtiéndose en éxtasis. Estaban los dos dentro, moviéndose en ritmo, como sincronizados. Oía sus gemidos graves, el slap slap de piel contra piel, el squelch húmedo de mi concha tragándose a Carlos. Sudábamos, el olor almizclado envolviéndonos, sal en la piel que lamí de sus pechos.

Mis pensamientos eran un torbellino: Esto es lo que necesitaba, esta unión perfecta, como esas tríadas que se atraen sin remedio. La intensidad subía, mis uñas clavadas en la espalda de Carlos, mordiendo el hombro de Luis. El orgasmo me pegó como una explosión, olas y olas, chillando su nombre, mi cuerpo temblando, los músculos apretándolos adentro.

Ellos no tardaron. Carlos se vino primero, gruñendo, su leche caliente bañándome por dentro, chorros potentes que sentí palpitar. Luis salió y se corrió en mi panza, blanco espeso, caliente, el olor fuerte a semen fresco. Nos quedamos ahí, enredados, respiraciones calmándose, el sudor enfriándose en la piel.

Después, abrazados bajo la sábana ligera, con la luz de la luna entrando ya. Tomamos agua, nos limpiamos con toallitas suaves, riéndonos bajito.

Ahora sí entiendo qué son las tríadas de Döbereiner. Somos nosotros, conectados por deseo puro.

dijo Luis, besándome la frente. Carlos asintió, su mano en mi cadera.

Me quedé pensando, con el cuerpo laxo y satisfecho, el eco de los placeres aún vibrando. Mañana arraso el examen, pero esto... esto es la verdadera química. Una tríada que no se rompe.

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