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Probando El Microphone

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Probando El Microphone

Estás en mi depa en la Roma Norte, el sol de la tarde se cuela por las cortinas entreabiertas, pintando rayas doradas en el piso de madera. México City bulle afuera con sus cláxones lejanos y el aroma a elotes asados que sube desde la calle. Yo, Karla, tu carnala desde hace dos años, ando emocionada como chava de quince. Acaba de llegar mi paquete de Amazon: un microphone nuevo, negro mate, profesional pa' mi podcast de cuentos eróticos. Órale, wey, te digo mientras lo saco de la caja, mi voz ronca por la anticipación.

Tú te recargas en el marco de la puerta del estudio improvisado, mi recámara convertida en rincón creativo con luces LED suaves y la laptop abierta. Llevas esa playera ajustada que marca tus pectorales, y unos jeans que me hacen babear cada vez que te mueves. Nuestros ojos se cruzan, y siento ese cosquilleo familiar en el estómago, como mariposas cabronas que no se van. "Try microphone", te digo en spanglish, porque así somos nosotros, mezclando todo como en un taco al pastor. Te lo paso, mis dedos rozan los tuyos, un toque eléctrico que me eriza la piel.

Te lo acercas a la boca, y hablas: "Testing, one two", tu voz grave retumba en el cuarto, profunda como un ronroneo. El sonido sale perfecto del altavoz, y yo me muerdo el labio inferior, imaginando esa voz susurrándome al oído en la noche. El aire se carga de pronto, huele a mi perfume de vainilla y jazmín, mezclado con tu colonia cítrica que siempre me pone caliente. "¿Ves? Chido, ¿no?", digo, pero mi mirada baja a tu entrepierna, donde ya noto un bulto sutil formándose. Tú sonríes pillo, sabiendo que me tienes en la palma de la mano.

Me siento en la silla giratoria, crujo el cuero bajo mis shorts cortos de mezclilla. "Mi turno pa' try microphone", anuncio, y lo tomo de nuevo. Me lo llevo a los labios, como si fuera un amante, y grabo una prueba: "Imagina mis labios en tu piel, bajando despacito...". Mi aliento caliente empaña el metal frío, y al reproducirlo, el sonido es tan íntimo, tan mojado, que siento mi panocha humedecerse al instante. Tú te acercas por detrás, tus manos en mis hombros, masajeando suave. El calor de tus palmas traspasa mi blusa ligera de tirantes, y suelto un suspiro que el mic capta perfecto.

¿Por qué carajos me excita tanto esto? Es solo un pinche microphone, pero con él aquí, todo se siente como preludio a una cogida épica.

Tus dedos bajan por mi cuello, trazan mi clavícula, y yo inclino la cabeza, exponiendo la piel sensible. "Sigue hablando", murmuras, tu aliento en mi oreja me eriza los vellos. Grabo más, mi voz se vuelve susurro seductor: "Siento tu verga dura contra mí, lista pa' que la pruebe...". El cuarto se calienta, el ventilador zumbando apenas mueve el aire espeso. Tú gimes bajito, y eso me prende el foco. Me volteo en la silla, te jalo hacia mí por la cintura del pantalón. Nuestros labios chocan, beso hambriento, lenguas danzando con sabor a menta de tu chicle y mi gloss de fresa.

Te empujo suave contra el escritorio, el micrófono rueda a un lado, aún encendido. Mis manos desabrochan tu cinturón, el sonido metálico del cierre me acelera el pulso. "Quiero try microphone de verdad ahora", digo juguetona, mis ojos clavados en los tuyos mientras bajo tu zipper. Tu verga salta libre, gruesa y venosa, palpitando con la punta ya brillosa de precum. La huelo, ese aroma almizclado a hombre puro que me hace salivar. La tomo con la mano, piel suave sobre acero duro, y acerco mis labios.

Primero un beso en la cabeza, lengua plana lamiendo la gota salada, sabor ligeramente dulce como almendra. Tú jadeas, tus manos enredándose en mi pelo negro largo. "Ándale, Karla...", suplicas, voz quebrada. Yo sonrío contra tu piel, y abro la boca, engulléndote despacio. El micrófono capta todo: el slurp húmedo de mi saliva, tus gemidos roncos, el golpeteo de mi garganta contra ti. Es como si estuviéramos grabando porno en vivo, y eso nos enciende más. Chupo ritmado, lengua girando alrededor del tronco, mano bombeando la base. Siento tus caderas empujar leve, pero controlo el ritmo, empoderada, saboreando cada vena que palpita en mi boca.

Tú tiemblas, "Me vas a matar, wey", dices entre dientes, y yo acelero, succionando fuerte, mis mejillas ahuecadas. El cuarto huele a sexo ahora, sudor mezclado con nuestros jugos. Me mojo tanto que siento el chorro tibio entre mis muslos, empapando mis tangas. Levanto la vista, tus ojos oscuros fijos en mí, puro deseo animal. Saco tu verga con un pop sonoro, saliva hilando de mi labio a tu punta. "No tan rápido, carnal. Quiero más", digo, y me pongo de pie, quitándome la blusa de un jalón.

Mis chichis saltan libres, pezones duros como piedras rosadas. Tú los agarras al instante, amasando la carne suave, pellizcando justo como me gusta. Gimo alto, el mic aún grabando. Te quito los jeans del todo, y caemos en la cama king size, sábanas frescas de algodón egipcio rozando nuestra piel febril. Tus labios bajan por mi cuello, mordisqueando, dejando marcas rojas que mañana me recordarán esto. Lames mi ombligo, bajas a mi short, lo deslizas con dientes. Mi panocha depilada reluce, labios hinchados y mojados, clítoris asomando impaciente.

"Deliciosa", gruñes, y hundes la cara. Tu lengua es fuego, lamiendo desde el perineo hasta el botón, chupando mi néctar dulce y salado. Sabor a mar, huelo mi propia excitación almizclada. Me arqueo, uñas clavándose en tu espalda, "¡Sí, así, pendejito!", grito juguetona. Tus dedos entran, dos primero, curvándose en mi punto G, bombeando mientras tu boca succiona. El sonido es obsceno: chapoteo líquido, mis alaridos, tu resuello hambriento. El orgasmo me pega como camión, olas de placer convulsionando mi cuerpo, jugos salpicando tu barbilla.

Es él, siempre él, me hace explotar como nadie. Quiero devolvérsela dobles.

Aún temblando, te monto, mi coño resbaloso engulléndote de un embiste. Estás tan duro, llenándome perfecta, rozando cada pared sensible. Cabalgo lento al principio, sintiendo cada centímetro estirándome, tus manos en mi culazo guiando el ritmo. El slap de piel contra piel, sudor perlando nuestros cuerpos, el micrófono en la mesita captando la sinfonía. Acelero, pechos rebotando, tú sentándote para mamar un pezón, dientes rozando. "Más fuerte", ordeno, y tú obedeces, caderas aporreando desde abajo, verga golpeando profundo.

La tensión sube, mis muslos queman, tu cara de éxtasis. "Me vengo...", anuncias, y yo aprieto mis paredes, ordeñándote. Sientes el pulso, y explotas dentro, chorros calientes inundándome, semen espeso mezclándose con mis jugos. Grito tu nombre, otro clímax me arrasa, visión borrosa de estrellas. Colapso sobre ti, corazones galopando al unísono, piel pegajosa y jadeos entrecortados.

Minutos después, envueltos en las sábanas, el micrófono apagado por fin. Tu mano acaricia mi espalda, trazando círculos perezosos. Huelo a nosotros, sexo y satisfacción. "Fue la mejor prueba de microphone ever", bromeas, y yo río, besando tu pecho. En este momento, en nuestro nido citadino, todo es perfecto: deseo saciado, conexión profunda. Mañana editamos el audio, pero esto queda entre nosotros, un secreto ardiente que aviva la llama.

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