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La Pelea del Trío del Mal Momento

7431 palabras

La Pelea del Trío del Mal Momento

Estás en una fiesta chida en un depa de Polanco, con luces tenues y reggaetón retumbando en los parlantes. El aire huele a tequila reposado y perfume caro, mezclado con el sudor de cuerpos bailando pegaditos. Tú, con tu vestido negro ceñido que resalta tus curvas, sientes las miradas clavadas en ti. De repente, dos weyes guapísimos te rodean: Javier, alto, moreno, con brazos tatuados y sonrisa pícara; y Marco, rubio, atlético, con ojos verdes que te desnudan sin piedad.

Al principio todo fluye padre: bailan contigo, sus manos rozan tu cintura, su aliento cálido en tu cuello te eriza la piel. Pero el tequila empieza a soltar lenguas. Javier te besa el lóbulo de la oreja, susurrando "Mamacita, estás cañona", y Marco, celoso, lo empuja levemente. "Órale, carnal, no seas gacho", dice Javier, y la cosa se calienta. Sus pechos suben y bajan rápido, los músculos tensos bajo las camisas ajustadas. Tú intentas mediar, riendo nerviosa, pero el ambiente vibra con esa electricidad de pelea inminente. Es el mal momento perfecto, el bad time que podría arruinar la noche.

Los ves frente a frente, Javier con el puño medio cerrado, Marco cuadrándose como en un ring. El olor a testosterona masculina te invade, un aroma almizclado que te hace apretar los muslos. Neta, qué caliente, piensas, mientras el corazón te late en la garganta. La gente alrededor se aparta, pero tú te metes en medio, tus tetas rozando sus pechos duros.

¿Y si esta pelea de trío termina en algo más chingón? ¿Y si su bronca se convierte en placer?
Tus pezones se endurecen contra la tela del vestido, traicionándote.

La tensión sube como la espuma de una chela recién abierta. Javier te agarra de la cintura, jalándote hacia él. "Ven conmigo, preciosa", gruñe, su voz ronca como grava. Marco no se queda atrás, su mano en tu nalga, apretando firme. "No, conmigo, que yo te hago volar". Tú ríes, pero el fuego entre tus piernas ya arde. Sus cuerpos te aprisionan en un sándwich delicioso, el calor de sus pieles traspasando la ropa. Hueles su colonia, una mezcla de madera y cítricos, con ese toque salado de sudor fresco.

Salen del depa casi arrastrándote, suben a un Uber en silencio cargado. En el asiento trasero, Javier te besa el cuello, su lengua trazando líneas húmedas que te hacen jadear. Marco te devora la boca, su barba raspando tus labios suaves, saboreando a tequila y menta. Tus manos exploran: los abdominales marcados de uno, el bulto duro del otro presionando tu muslo. No mames, esto va a estar de locura, piensas, mientras el carro avanza por las calles iluminadas de la Roma.

Llegan al depa de ellos, un lugar padre con ventanales al skyline y cama king size. La puerta se cierra con un clic que suena a promesa. Ahí retoman la pelea del trío, pero ahora juguetona, liberadora. Javier empuja a Marco contra la pared, riendo. "¡Toma, pendejo!", y Marco responde con un tackle que los tumba a los dos sobre la alfombra mullida. Tú te unes, montándote encima, tus rodillas hincadas a los lados de sus caderas. Sientes sus vergas palpitantes bajo ti, duras como acero, frotándose contra tu panocha empapada.

La bad time trio fight se transforma en caricias feroces. Javier te arranca el vestido con un tirón, exponiendo tus tetas redondas, pezones rosados erguidos. "Qué chichotas, wey", murmura Marco, lamiendo uno mientras Javier chupa el otro. Sus lenguas calientes, ásperas, te hacen arquear la espalda. Gimes fuerte, el sonido rebotando en las paredes. El sabor salado de su piel en tu boca cuando los besas alternadamente, mordisqueando labios, necks. Hueles el aroma íntimo de su excitación, ese musk terroso que te vuelve loca.

Te quitan la tanga, y tus jugos brillan en la luz tenue. Javier se hincó primero, su lengua hurgando tu clítoris hinchado, chupando con hambre. "Sabes a miel, pinche diosa", dice, y tú agarras su cabello oscuro, empujándolo más adentro. Marco te besa, sus dedos metiéndose en ti, curvándose para tocar ese punto que te hace ver estrellas. Sientes el estiramiento delicioso, el roce jugoso, tus paredes contrayéndose alrededor de él.

Qué rico, dos machos solo para mí. Esta bronca valió la pena
. Tus caderas se mueven solas, montando su mano, el slick sonido de tu humedad llenando el cuarto.

Escalando, Marco se para, saca su verga gruesa, venosa, goteando precum. "Chúpamela, reina". Tú obedeces, labios envolviéndolo, lengua girando en la cabeza sensible. Sabe salado, viril, y lo tragas profundo, garganta relajada por el deseo. Javier desde atrás lame tu culazo, dedos untados de saliva explorando tu ano apretado. "Sí, métemela ahí después", jadeas, empoderada, dirigiendo el show. Él introduce un dedo, luego dos, el ardor placentero expandiéndose como fuego líquido.

Cambian posiciones en la cama, sábanas de algodón egipcio arrugándose bajo pesos. Tú encima de Javier, su verga enorme abriéndote centímetro a centímetro. Sientes cada vena pulsando dentro, llenándote hasta el fondo. "¡Ay, cabrón, qué verga más rica!" gritas, rebotando, tetas saltando. Marco se arrodilla frente a ti, ofreciendo su pija para que la mamas mientras follas. El ritmo es salvaje: slap slap de carne contra carne, gemidos guturales, sudor chorreando por espaldas musculosas. Hueles el sexo puro, ese olor animal que nubla tu mente.

La intensidad sube, tus orgasmos construyéndose como olas. Primero uno pequeño cuando Javier pellizca tus pezones, ondas de placer recorriendo tu espina. Marco gruñe "Me vengo, wey", y chorros calientes bañan tu lengua, tragas ansiosa, el sabor amargo dulce pegajoso. Javier acelera embestidas, sus bolas golpeando tu clítoris. "¡Córrete conmigo, puta hermosa!" Explota dentro, semen caliente inundándote, triggering tu clímax mayor. Tus paredes ordeñan su verga, cuerpo convulsionando, grito ahogado en el pecho de Marco.

Pero no paran. Cambian: Marco te penetra vaginal, Javier anal, doble penetración sincronizada. Sientes el estiramiento extremo, placer doloroso exquisito, sus vergas rozándose separadas por una delgada membrana. "¡Sí, fóllenme así, mis reyes!" Mandas, piernas temblando. El cuarto apesta a semen y sudor, sonidos obscenos de follada profunda. Tus uñas clavan en sus nalgas, urgiéndolos más rápido. Otro orgasmo te destroza, squirteando jugos que empapan las sábanas.

Finalmente colapsan, tú en medio, cuerpos entrelazados. Javier besa tu frente, Marco acaricia tu pelo revuelto. El afterglow es puro: pulsos calmándose al unísono, pieles pegajosas enfriándose. Hueles el residuo de su corrida en ti, sientes el semen goteando lento.

Lo que empezó como mal momento con pelea de trío, terminó en la noche más chingona de mi vida. Neta, estos carnales son oro
.

Se quedan dormidos así, con la ciudad brillando afuera. Al despertar, desayunan chilaquiles en la terraza, riendo del bad time trio fight que los unió. Tú sabes que esto no acaba aquí; hay promesas en sus ojos, planes para más noches locas. Empoderada, satisfecha, lista para lo que venga.

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