Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trios en Colima Noches Ardientes Trios en Colima Noches Ardientes

Trios en Colima Noches Ardientes

6427 palabras

Trios en Colima Noches Ardientes

El sol de Colima caía como una caricia ardiente sobre la playa de Manzanillo, tiñendo el mar de un azul profundo que invitaba a perderse. Yo, Ana, había llegado esa mañana desde la Ciudad de México, huyendo del pinche tráfico y la rutina que me ahogaba. Quería sol, arena y algo de aventura. ¿Por qué no? pensé mientras me untaba bloqueador en las nalgas redondas, sintiendo la brisa salada rozar mi piel morena. Llevaba un bikini rojo diminuto que apenas contenía mis tetas generosas, y el calor ya me tenía sudando, con ese olor a coco y sal que se pegaba al cuerpo.

En el bar playero, pedí un michelada bien fría. El hielo crujía entre mis labios, y el limón ácido me hacía salivar. Ahí los vi: Marco, un moreno alto con músculos de gimnasio y sonrisa pícara, y su novia Luisa, una culona con curvas de infarto, pelo negro largo y ojos que prometían travesuras. Estaban bailando reggaetón suave, sus cuerpos pegados, sudados. Órale, qué pareja chingona, me dije, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Marco me guiñó el ojo mientras Luisa reía, y antes de darme cuenta, ya estaban en mi mesa.

—¿Qué onda, güerita? ¿Primera vez en Colima? —preguntó Marco, su voz grave como un ronroneo, oliendo a cerveza y hombre.
—Simón, carnal. Vengo a desconectarme —respondí, lamiéndome los labios sin querer, probando el chile de la michelada.

Luisa se acercó, su perfume floral mezclado con sudor fresco. —Aquí hay de todo, morrita. Playas, volcán y trios en Colima que te dejan temblando —dijo con picardía, rozando mi brazo con sus uñas pintadas. Sentí un escalofrío eléctrico subir por mi espina. ¿Trios en Colima? Había oído rumores en foros, pero nunca imaginé que sonaría tan tentador de labios de ella.

Charlamos horas, riendo con chistes locales sobre el Nevado de Colima y sus "erupciones". El alcohol fluía, el sol bajaba, y la tensión crecía. Marco me tocaba la rodilla "sin querer", Luisa me susurraba al oído sobre sus noches locas. Mi coño palpitaba, húmedo bajo el bikini, imaginando sus manos en mí.

¿Y si me lanzo? ¿Qué pierdo? Solo placer puro
, pensé, el corazón latiéndome como tambor de banda sinaloense.

Al anochecer, me invitaron a su cabaña en la playa. —Ven, Ana. Vamos a hacer que esta noche sea inolvidable —dijo Luisa, besándome la mejilla, su aliento cálido y dulce como tequila reposado. Acepté, el deseo quemándome por dentro.

La cabaña olía a madera húmeda y mar, con velas parpadeando y música de Maná de fondo. Entramos riendo, pero el aire se cargó de electricidad. Marco me jaló por la cintura, su erección dura contra mi panza. —Te ves rica, Ana. ¿Quieres jugar con nosotros? —preguntó, besándome el cuello, su barba raspando delicioso.

Luisa se pegó por detrás, desatando mi bikini. Sus tetas suaves aplastaron mi espalda, pezones duros como piedras. —Déjame probarte, preciosa —susurró, mordisqueándome la oreja. Asentí, jadeando, mientras sus manos bajaban a mis nalgas, amasándolas con fuerza. El sonido de nuestras respiraciones pesadas llenaba el cuarto, mezclado con el romper de olas afuera.

Me tumbaron en la cama king size, sábanas frescas contra mi piel caliente. Marco se quitó la playera, revelando abdominales marcados y un bulto impresionante en el short. Luisa, ya en tanga negra, se arrodilló entre mis piernas, separándolas lento. Su aliento en mi coño me volvía loca. Lamía el interior de mis muslos, subiendo, hasta que su lengua tocó mi clítoris hinchado. —¡Ay, qué rico! —gemí, arqueándome, el sabor salado de mi propia excitación en el aire.

Marco se acercó, sacando su verga gruesa, venosa, goteando precum. —Chúpamela, Ana —ordenó suave, y obedecí, abriendo la boca. Entró caliente, llenándome, su sabor almizclado explotando en mi lengua. Lo mamaba profundo, sintiendo sus caderas empujar, mientras Luisa me comía el chochito con maestría, chupando y metiendo dos dedos curvos que rozaban mi punto G. El placer subía en oleadas, mis gemidos ahogados por la polla de Marco.

Esto es el paraíso, pinche Colima bendito
, pensé, el sudor chorreando por mi espalda, sus cuerpos presionando el mío. Cambiaron posiciones: yo encima de Luisa, 69 perfecto. Su coño depilado olía a miel y deseo, jugoso. Lo lamí ansiosa, saboreando su clítoris erecto, mientras ella me devoraba. Marco se paró atrás, frotando su verga en mi entrada húmeda. —¿Lista, nena? —gruñó.

—¡Sí, métemela toda! —supliqué, y empujó, llenándome hasta el fondo. El estirón delicioso me hizo gritar contra el coño de Luisa. Follando duro, sus bolas chocando mis nalgas con palmadas sonoras, piel contra piel resbalosa de sudor. Luisa gemía debajo, lamiéndome el clítoris mientras Marco me taladraba. El olor a sexo crudo, semen y fluidos femeninos impregnaba todo, embriagador.

La intensidad crecía. Marco aceleró, sus manos apretando mis caderas, dejando marcas rojas. —¡Me vengo! —avisó, y sentí su leche caliente chorreada dentro, pulsando. Eso me disparó: orgasmos en cadena, mi coño contrayéndose, chorros mojando la cara de Luisa. Ella también explotó, sus muslos temblando, gritando ¡Chingado, qué rico!

Caímos enredados, respiraciones jadeantes, cuerpos pegajosos. Marco besó mi frente, Luisa acurrucada en mi pecho, sus pezones aún sensibles rozando. El mar susurraba afuera, la brisa enfriando nuestro sudor. —Bienvenida a los trios en Colima, Ana —rió Marco, su mano acariciando mi nalga.

Me quedé ahí, envuelta en sus brazos, el corazón latiendo suave ahora. Esto era lo que necesitaba: conexión pura, placer sin culpas. Al amanecer, con el sol pintando el cielo rosa, supe que regresaría. Colima no solo tenía playas de ensueño; guardaba secretos calientes que atesoraría para siempre.

Desayunamos tamales humeantes en la playa, riendo de la noche loca. Luisa me dio su número: —Vuelve cuando quieras, morrita. Hay más trios en Colima esperándote —. Marco asintió, guiñando. Me fui caminando por la arena, el cuerpo adolorido pero satisfecho, el sabor de ellos aún en mi boca, el eco de gemidos en mis oídos. Qué chingonería de vacaciones.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.