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Sílabas Sensuales con Tra Tre Tri Tro Tru

5409 palabras

Sílabas Sensuales con Tra Tre Tri Tro Tru

Estaba en esa cafetería trendy de Polanco, con el aroma del café de olla flotando en el aire y el bullicio de la gente charlando como si el mundo se acabara en la Condesa. Yo, Ana, maestra de primaria con un lado salvaje que pocos conocían, había ido a practicar pronunciación para un taller de sílabas que daría a adultos. Sílabas con tra tre tri tro tru, repetía en mi cabeza, riéndome sola porque sonaban como gemidos ahogados en la noche. Llevaba un vestido ligero de algodón que se pegaba un poquito a mis curvas por el calor de la tarde, y el sol filtrándose por las ventanas me hacía sentir expuesta, deseada.

Entonces llegó él. Marco, con esa sonrisa pícara de chilango que te derrite las rodillas, ojos cafés intensos y una camiseta ajustada que marcaba su pecho firme. Se sentó en la mesa de al lado, sacando un libro de poesía erótica mexicana. ¿Practicas sílabas? me dijo, notando mi libreta llena de garabatos. Sí, wey, silabas con tra tre tri tro tru, para no sonar como pendeja frente a mis alumnos. Nos reímos, y de ahí arrancó todo. Su voz grave, ronca, al repetir traaa, me erizó la piel. Olía a colonia fresca con un toque de sudor masculino, y su rodilla rozó la mía bajo la mesa, un accidente que no corrigió.

La tensión creció como el calor en mi entrepierna. Hablamos de todo: de cómo las palabras pueden ser caricias, de Sor Juana y sus versos prohibidos.

Imagínate si las sílabas fueran besos
, murmuró, y yo sentí un cosquilleo en el estómago. Terminamos el café y él propuso: Vámonos a mi depa en Roma, sigamos practicando. Tengo unos trucos para que fluyan perfecto. No lo pensé dos veces. Neta, su mirada me tenía mojadita ya.

En su departamento, minimalista con plantas y luz tenue de atardecer, pusimos música de Natalia Lafourcade bajito, esa que te pone romántica y cachonda. Se quitó la camisa, revelando abdominales que pedían ser lamidos, y yo me acerqué, el corazón latiéndome como tambor. Empecemos con tra tre tri, dijo, tomándome de la cintura. Su tacto era eléctrico, piel cálida contra la mía. Repetí tra, y él respondió tre, acercando su boca a mi cuello, exhalando caliente. Tri, susurré, y sus labios rozaron mi oreja, mandándome chispas por la espalda.

El juego escaló. Me sentó en el sofá de cuero suave, que crujió bajo mi peso, y yo desabroché su pantalón, sintiendo su verga endureciéndose bajo la tela. Olía a deseo puro, ese almizcle que te hace salivar. Tro, gemí mientras lo liberaba, dura y venosa en mi mano, latiendo con pulso propio. Él jadeó tru, metiendo la mano bajo mi vestido, dedos hábiles encontrando mi panocha empapada. Estás chorreando, nena, dijo con voz ronca, y yo asentí, perdida en el olor de mi propia excitación mezclada con su sudor.

Me quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios sabían a café y promesas, lengua trazando tra tre tri tro tru en mi clavícula, mi vientre, bajando hasta mis pezones duros como piedras. Los chupó con succión suave, tirones que me arquearon la espalda, y yo arañé su cabello, oliendo su champú de hierbas.

Esto es mejor que cualquier clase
, pensé, mientras él lamía mi ombligo, descendiendo. Sus dedos abrieron mis labios vaginales, resbalosos de jugos, y metió la lengua en tri, girando alrededor del clítoris hinchado. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, gusto salado de mi esencia en su boca.

La intensidad subía como fiebre. Lo empujé al suelo, alfombra persa suave bajo mis rodillas, y me monté en él. Su verga rozó mi entrada, caliente, gruesa, pidiendo cobijo. Cógeme ya, cabrón, le ordené, y él obedeció con un tro gutural. Entró lento, estirándome deliciosamente, cada centímetro un éxtasis de fricción. Sentí cada vena pulsando dentro, mis paredes contrayéndose a su ritmo. Cabalgaba fuerte, pechos botando, sudor perlando mi piel, mezclándose con el suyo. Él agarraba mis nalgas, amasándolas, dedos hundiéndose en carne blanda. Tra tre tri tro tru, jadeábamos al unísono, sincronizando embestidas con sílabas, como un mantra erótico.

El clímax se acercaba, tensión en espiral. Cambiamos: él encima, misionero profundo, piernas enredadas, bocas devorándose. Olía a sexo crudo, pieles chocando con palmadas húmedas, plaf plaf resonando. Su aliento caliente en mi cara, Vente conmigo, mi amor, y yo exploté primero, orgasmos en olas, contracciones ordeñando su verga, grito ahogado en su hombro. Él siguió, gruñendo tru, chorros calientes llenándome, cuerpos temblando en éxtasis compartido.

Después, enredados en sábanas revueltas que olían a nosotros, el afterglow nos envolvió como niebla tibia. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse, dedos trazando perezosos círculos en mi muslo. Las silabas con tra tre tri tro tru nunca sonaron tan chingonas, murmuró riendo bajito, y yo lo besé, saboreando el salado residual. Fuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, habíamos creado nuestro idioma secreto, uno de placer puro y conexión profunda. Me quedé pensando que las palabras, al final, son solo excusas para tocar el alma... y el cuerpo.

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