Intenté Pasado Simple en Tu Piel
Era una noche calurosa en la Condesa, de esas que te pegan el vestido al cuerpo con el sudor y te hacen antojar de algo fresco, como un michelada bien helada o la piel de alguien que te erice la nuca. Yo, Karla, maestra de inglés en un centro para adultos en la Roma, acababa de terminar mi clase cuando entraste tú, Alex, el nuevo alumno que todos comentaban. Alto, con esa barba recortada que te da un aire de chavo bandido pero culto, y unos ojos cafés que parecían prometer travesuras. "Hola, profe, ¿me echas la mano con el past simple? Es que me cuesta un chorro", dijiste con esa sonrisa pícara, mientras el aroma a tu colonia, mezcla de madera y cítricos, me invadía las fosas nasales.
Nos sentamos en la terraza del café de enfrente, con el bullicio de la ciudad de fondo: cláxones lejanos, risas de parejas y el siseo de las fuentes. Pedí un tequila reposado para soltarme un poco, porque neta, desde el primer vistazo supe que esto no iba a ser solo gramática. "Try en past simple es tried, wey. Simple: intenté, probé, traté", te expliqué, mientras mi dedo trazaba la línea de tu antebrazo por accidente –o no–. Sentí el calor de tu piel, áspera por el vello fino, y un cosquilleo me subió por el espinazo. Tú me miraste fijo, como si estuvieras decodificando mis curvas bajo la blusa ajustada. "¿Y si lo practicamos en algo más... real?", murmuraste, tu voz ronca rozándome el oído como una caricia prohibida.
El deseo empezó como una chispa: tu rodilla rozando la mía bajo la mesa, el roce de tus dedos al pasarme el salero. Mi mente daba vueltas.
¿Qué pedo, Karla? Es tu alumno, pero es adulto, guapo y te mira como si quisiera comerte a besos. ¿Por qué no intentarlo?Caminamos hasta mi depa, a unas cuadras, el aire nocturno cargado de jazmín y escape de coches. Al entrar, el olor a mi vela de vainilla se mezcló con tu esencia masculina, creando un cóctel embriagador. Te senté en el sofá, saqué mi libreta. "Vamos a jugar: yo digo una oración en present, tú la pones en past simple". Mi corazón latía fuerte, el pulso acelerado en mi cuello, mientras me acercaba, mis senos rozando tu hombro accidentalmente.
Empezó inocente. "I try a new food", dije. "I tried a new food", respondiste, pero tu mano ya estaba en mi muslo, subiendo despacio, el calor de tu palma traspasando la tela de mi falda. Sentí mi panocha humedecerse, un calor líquido que me hacía apretar las piernas. "I try to kiss you", seguí, mi aliento entrecortado. "I tried to kiss you", y entonces lo hiciste: tus labios carnosos contra los míos, suaves al principio, probando como si yo fuera el sabor más dulce del mundo. Sabías a tequila y menta, tu lengua explorando la mía con urgencia creciente. Gemí bajito, el sonido ahogado por tu boca, mientras tus manos me apretaban la cintura, atrayéndome a tu regazo.
La tensión escalaba como una tormenta en el DF: truenos lejanos en mi cabeza, relámpagos en mi piel. Te quité la camisa, revelando tu pecho firme, pectorales duros bajo mis uñas que arañaban juguetones. "Órale, qué ricazo", susurré, oliendo tu sudor fresco, ese aroma almizclado que me volvía loca. Tú desabrochas mi blusa, tus labios bajando por mi cuello, lamiendo el hueco de mi clavícula donde el pulso galopaba. Sentí tus dientes rozando, un pellizco delicioso que me erizó los vellos.
Neta, esto es lo que necesitaba. Olvídate de las reglas, solo siente.Mis manos bajaron a tu pantalón, sintiendo tu verga tiesa presionando contra la tela, gruesa y caliente. La liberé, acariciándola despacio, el tacto aterciopelado sobre la dureza venosa, mientras tú gemías ronco: "Profe, me la estás poniendo cañón".
Nos movimos al cuarto, la luz tenue de la lámpara pintando sombras en las paredes adornadas con alebrijes. Te tumbé en la cama, mi boca devorando tu cuello, bajando por tu torso, saboreando la sal de tu piel. Lamí tus pezones, duros como piedritas, mordisqueando hasta que arqueaste la espalda. "I try your cock", dije juguetona en inglés, y tú reíste: "I tried yours too". Tus dedos se colaron en mi tanga, encontrando mi clítoris hinchado, frotándolo en círculos lentos que me hacían jadear. El sonido de mis jugos chorreando, húmedo y obsceno, llenaba el cuarto junto a nuestros resuellos. Metiste un dedo, luego dos, curvándolos dentro de mí, tocando ese punto que me hacía ver estrellas. "¡Ay, wey, no pares!", grité, mis caderas moviéndose solas, cabalgando tu mano como si fuera tu verga.
Pero quería más, quería try past simple de verdad: algo simple, crudo, del pasado que revivíamos ahora. Te volteé, poniéndome encima, mi panocha rozando tu punta, lubricándonos mutuamente. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abrías, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardiente, placentero, me arrancó un gemido gutural. "¡Chingao, qué prieta estás!", gruñiste, tus manos en mis nalgas, amasándolas fuerte. Empecé a moverme, lento al principio, el slap-slap de piel contra piel, el olor a sexo impregnando el aire: almizcle, sudor, mi esencia dulce. Aceleré, cabalgándote como una loca, mis tetas rebotando, tus ojos clavados en ellas, pellizcando mis pezones hasta doler rico.
La intensidad subía, mis paredes contrayéndose alrededor de ti, ordeñándote. Cambiamos: tú encima, embistiéndome profundo, el colchón crujiendo bajo nosotros. Cada estocada un trueno, tu pelvis chocando mi clítoris, enviando chispas por mi espina. Sudor goteaba de tu frente a mi boca, salado y caliente. "Córrete conmigo, profe", jadeaste, y lo hice: un orgasmo que me desgarró, olas de placer convulsionándome, gritando tu nombre mientras mis uñas se clavaban en tu espalda. Tú seguiste, unos empujones más, y explotaste dentro, tu leche caliente llenándome, el pulso de tu verga vaciándose en mí.
Quedamos jadeantes, enredados, el cuarto oliendo a nosotros, a satisfacción cruda. Tus labios besaron mi frente, suaves ahora. "Neta fue lo mejor que try past simple", bromeaste, y reímos bajito, cuerpos pegajosos reluciendo. Me acurruqué en tu pecho, escuchando tu corazón ralentizarse, el mío uniéndose al ritmo.
Esto no fue solo sexo, fue conexión, simple y perfecto como el pasado que intentamos revivir.Afuera, la ciudad seguía su fiesta, pero aquí, en el afterglow, todo era paz, promesas de más lecciones privadas y un deseo que no se apagaba.