El Try Pasado Participio de Nuestros Deseos
Era una tarde calurosa en la Condesa, de esas que te pegan el suéter a la espalda y te hacen soñar con una chela fría. Yo, Marco, acababa de mudarme a un depa chido en la colonia, buscando mejorar mi inglés para un curro en una empresa gringa. Ahí fue cuando conocí a Valeria, mi maestra particular. La vi por primera vez en el café de la esquina, con su falda plisada que le marcaba las caderas y una blusa escotada que dejaba ver justo lo suficiente para que mi mente volara. Sus ojos cafés, profundos como un pozole en domingo, me clavaron en el sitio.
Órale, güey, esta morra está cañona, pensé mientras me sentaba frente a ella. Olía a vainilla y algo floral, un perfume que me erizaba la piel. Empezamos la clase con basics: present tense, past simple. Pero Valeria no era de las que se queda en lo aburrido. Reía con mi acento chaparro, me tocaba el brazo para corregirme, y cada roce era como una chispa. "Try es intentar, ¿ves? Su pasado participio es tried", dijo, escribiéndolo en su libreta con letra redonda. Yo asentí, pero mi cabeza estaba en otra: en intentar probar sus labios carnosos.
Las clases siguieron así una semana. Cada martes y jueves, en mi depa con las cortinas corridas para que no entrara el sol culero. Ella llegaba con leggings que abrazaban sus muslos firmes, y yo con el corazón latiendo a mil. Hablábamos de verbos irregulares, pero el aire se cargaba de tensión. Una vez, al explicarme phrasal verbs, se inclinó tanto que sentí su aliento tibio en mi cuello.
¿Y si la jalo ahorita? ¿Será muy pendejo intentarlo?Me mordí el labio, oliendo su shampoo de coco que me volvía loco.
El día que explotó todo fue un jueves lluvioso. La lluvia golpeaba las ventanas como tambores, y el olor a tierra mojada se colaba por las rendijas. Valeria llegó empapada, su blusa blanca pegada al brasier de encaje negro. "¡Ay, Marco, qué chinga! Me mojé toda", dijo riendo, quitándose la chamarra. Yo le ofrecí una toalla, pero mis ojos se devoraban sus curvas húmedas. Nos sentamos en el sofá, más cerca que nunca. Empezamos con gerunds: "Try doing something". Ella lo dijo despacio, su voz ronca: "Try kissing me".
Me quedé pasmado. ¿Es en serio o nomás el juego? Pero sus ojos brillaban con deseo puro. Me acerqué, lento, sintiendo el calor de su piel a centímetros. Nuestros labios se rozaron primero suave, como un susurro. Sabían a menta de su chicle, fresco y adictivo. Ella suspiró, abriendo la boca para mí, y nuestras lenguas bailaron, húmedas y urgentes. Sus manos subieron a mi nuca, enredándose en mi pelo, tirando suave. Yo la abracé por la cintura, apretándola contra mí, sintiendo sus tetas firmes contra mi pecho. El beso se volvió salvaje, chupando, mordiendo, con jadeos que se mezclaban con el golpeteo de la lluvia.
"Try pasado participio, ¿eh?", murmuró ella contra mi boca, riendo bajito. Yo la miré, confundido un segundo, pero luego entendí: era su forma juguetona de decir que ya habíamos tried. La cargué en brazos, sus piernas envolviéndome la cadera, y la llevé al cuarto. La tiré en la cama suave, con sábanas frescas que olían a detergente limón. Me quité la playera rápido, y ella se incorporó para desabrocharme el cinturón, sus uñas rojas arañando mi piel. "Quítate todo, cabrón", ordenó con esa voz mandona que me ponía la verga dura como piedra.
Desnuda, Valeria era un sueño: piel morena suave como chocolate derretido, pezones oscuros erectos, panocha depilada brillando de humedad. Yo me arrodillé entre sus piernas, oliendo su aroma almizclado, excitante como el de un mango maduro. Lamí despacio su clítoris, saboreando su salinidad dulce, mientras ella gemía "¡Sí, así, pendejito!". Sus caderas se movían al ritmo de mi lengua, chorreando jugos que me empapaban la barbilla. Introduje un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que la hacía arquearse.
Esto es el paraíso, carnal. Su coño aprieta como si no quisiera soltarme nunca.
Ella me jaló arriba, volteándome para un 69 perfecto. Su boca envolvió mi verga, caliente y húmeda, chupando con hambre, la lengua girando en la cabeza sensible. Yo gruñía contra su panocha, lamiendo más fuerte, el sonido de succión y lamidas llenando el cuarto junto a nuestros mugidos. El sudor nos cubría, salado en la piel, y el aire estaba espeso de olor a sexo crudo. "Marco, métemela ya, no mames", suplicó, volteándose a gatas. Su culo redondo me llamaba, meneándose impaciente.
Me puse de rodillas atrás, frotando mi verga dura contra sus labios vaginales resbalosos. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo su calor me apretaba, aterciopelado y vivo. "¡Ay, qué rica tu verga!", gritó ella, empujando contra mí. Empecé a bombear, lento al principio, sintiendo cada vena rozar sus paredes internas. El slap-slap de carne contra carne era música, mezclado con sus "¡Más duro, güey!". Agarré sus caderas, clavando los dedos en su carne suave, acelerando. Sus tetas rebotaban, y yo las amasaba desde atrás, pellizcando pezones. Ella se corrió primero, temblando, su coño contrayéndose en espasmos que me ordeñaban, gritando mi nombre con voz ronca.
No paré. La volteé boca arriba, piernas sobre mis hombros, penetrándola profundo. Nuestros ojos se clavaron: los suyos vidriosos de placer. "Try this position", jadeó, recordando la lección, y reímos entre gemidos. Sudor goteaba de mi frente a su pecho, mezclándose con el brillo de su piel. Mi pulso tronaba en oídos, el olor de nuestras excitaciones me mareaba. Sentí el orgasmo subir, bolas apretadas. "Me vengo, nena", avisé. Ella asintió: "Dentro, lléname". Empujé fuerte unas veces más, y exploté, chorros calientes llenándola, mi cuerpo convulsionando sobre el suyo.
Colapsamos juntos, jadeantes, piel pegajosa y cálida. Ella me besó suave, lamiendo el sudor de mi cuello. Olía a nosotros, a sexo satisfecho y lluvia menguante afuera. Nos quedamos así, enredados, mientras el sol se colaba tímido por las cortinas. "Try pasado participio: tried. Lo intentamos y salió chingón", susurró, trazando círculos en mi pecho. Yo sonreí, besándole la frente.
Esto no es solo una clase, es el inicio de algo cabrón. ¿Quién iba a decir que la gramática sería tan culera de caliente?
Desde esa tarde, las lecciones cambiaron. Ya no solo verbos, sino cuerpos explorándose. Valeria se volvió mi musa, mi amante, y cada "try" nos llevaba a placeres nuevos. En la Condesa, bajo cielos nublados o soleados, nuestro deseo no tenía pasado participio fijo: siempre intentábamos más.