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El Anticristo Erótico de Lars von Trier

7231 palabras

El Anticristo Erótico de Lars von Trier

Estás recostado en el sofá de tu depa en la Condesa, con el aire cargado del olor a café recién molido y el leve aroma a jazmín que siempre deja ella después de perfumarse. La noche cae sobre la ciudad con un rumor sordo de cláxones lejanos, pero aquí adentro, solo importan la pantalla del tele y el calor de su cuerpo pegado al tuyo. Ana, tu morra desde hace dos años, se acurruca contra tu pecho, su piel suave rozando tu camiseta. Órale, qué chido estar así, piensas, mientras ella prende la proyección.

"Vamos a ver el Anticristo de Lars von Trier, wey", dice con esa voz ronca que te pone a mil. "Dicen que es bien intenso, con unas escenas que te dejan loco". Asientes, emocionado, porque sabes que a los dos les late el cine cabrón, el que te revuelve las tripas y te enciende la sangre. La película arranca con esa ópera heavy de Händel retumbando en los parlantes, y de volada ves a la pareja en esa cabaña en el bosque, follando como animales mientras su mundo se desmorona.

El corazón te late fuerte conforme avanza la historia. Ana se mueve inquieta, su mano sube por tu muslo sin darse cuenta, o tal vez a propósito. Sientes el calor de sus dedos a través del pantalón, y el pulso se te acelera. En la pantalla, la naturaleza se vuelve salvaje, genitales mutilados, gritos que erizan la piel. Pero tú solo piensas en su aliento cálido en tu cuello, en cómo su pezón se marca contra tu brazo.

Pinche película, me está poniendo como loco. Quiero devorarla ya
, reflexionas en silencio, mientras el olor a su excitación empieza a mezclarse con el del popote de maíz que mordisquea distraída.

La luz parpadea en sus ojos cafés, reflejando las imágenes perturbadoras. "¿Te late?", pregunta ella, girando la cara. Sus labios carnosos quedan a centímetros de los tuyos, húmedos y entreabiertos. "Neta, sí", respondes con la voz cascada, y sin pensarlo la besas. Su boca sabe a tequila con limón de la cena, dulce y picosa. La lengua se enreda con la tuya, un baile húmedo que te hace gemir bajito. Sus manos trepan por tu pecho, arrancándote la playera con urgencia.

El beso se profundiza mientras la película sigue de fondo, ahora con Wong Kar-wai narrando en off sobre dolor y placer. Ana se sube a horcajadas sobre ti, su falda se arremanga dejando ver las curvas de sus muslos morenos. Sientes su calor presionando contra tu verga, que ya está dura como piedra. "Me encanta cómo me miras, cabrón", susurra, mordiéndote el lóbulo de la oreja. El sonido de su voz te recorre la espina, como electricidad. Tus manos exploran su espalda, bajando hasta apretar sus nalgas firmes, piel suave como terciopelo bajo tus palmas ásperas.

La pausas la película con el control remoto, pero el eco de esos gemidos salvajes queda flotando en el aire. La cargas en brazos hasta la recámara, sus piernas enroscadas en tu cintura. El colchón cruje al recibirlos, y el cuarto se llena del aroma a sábanas frescas y sudor incipiente. Ana se quita la blusa despacio, revelando sus chichis perfectas, pezones oscuros endurecidos por el deseo. Qué mamadas tan chingonas, piensas, lamiéndote los labios.

"Te quiero adentro, ya", exige juguetona, jalándote del pelo para besarte de nuevo. Sus uñas raspan tu cuero cabelludo, un dolor placentero que te enciende más. Bajas la boca por su cuello, saboreando la sal de su piel, chupando hasta dejar marcas rojas. Ella arquea la espalda, gimiendo "¡Ay, wey, no pares!". Tus labios llegan a sus tetas, mamando un pezón mientras pellizcas el otro. Siente cómo palpita bajo tu lengua, cómo su cuerpo tiembla.

Desabrochas su falda y calzón en un solo movimiento, exponiendo su concha depilada, ya brillando de jugos. El olor almizclado de su arousal te golpea, embriagador como mezcal añejo. Metes dos dedos despacio, sintiendo las paredes calientes y húmedas apretándote. "Estás chorreando, mi amor", le dices, y ella responde moliéndose contra tu mano.

Pinche Anticristo de Lars von Trier nos puso bien calientes. Esto es mejor que cualquier película
.

Ana te empuja boca arriba, desabrochándote el cinto con dientes. Tu verga salta libre, venosa y palpitante. Ella la acaricia de la base a la punta, escupiendo saliva para lubricarla. "Qué vergota tan rica", murmura, lamiendo el glande con la lengua plana, saboreando el pre-semen salado. El placer te hace jadear, tus caderas se alzan solas. La chupa profundo, garganta apretada, haciendo ruidos obscenos que te vuelven loco. Sientes la succión, el calor húmedo envolviéndote, sus bolas rozando su mentón.

No aguantas más y la volteas, poniéndola a cuatro patas. El cuarto huele a sexo puro, a sudor y fluidos. Te posicionas atrás, frotando la verga contra sus labios vaginales, untándola de sus mieles. "Chíngame duro, como en la película", suplica, empinando la raja. Empujas de un golpe, enterrándote hasta el fondo. Ella grita de gusto, "¡Sí, cabrón, así!". El sonido de carne contra carne llena el aire, chapoteos húmedos, sus nalgas rebotando contra tu pubis.

La embistes ritmado, profundo, sintiendo cómo su concha te ordeña. Tus manos agarran sus caderas, dejando huellas blancas en la piel canela. Baja una para frotarle el clítoris hinchado, círculos rápidos. Ana tiembla, sus gemidos suben de tono, "Me vengo, wey, no pares". Su interior se contrae en espasmos, chorros calientes mojando tus bolas. Ese apretón te lleva al borde, pero aguantas, volteándola para mirarla a los ojos.

Afuera, la lluvia empieza a caer fuerte, tamborileando en las ventanas como un ritmo tribal. La pones encima, cabalgándote. Sus chichis saltan con cada bajada, sudor perlando su frente. Tú aprietas sus nalgas, guiándola más rápido. Su cara de puro éxtasis, neta es lo más chingón, piensas, mientras ella se muele, clítoris contra tu hueso púbico. El olor a lluvia se cuela por la rendija, mezclándose con el almizcle de sus jugos.

"Ven conmigo", jadea, y acelera. Sientes el orgasmo subir como lava, tus huevos apretándose. Explota dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras ella grita, convulsionando otra vez. El placer te ciega, pulsos interminables, su concha chupándote hasta la última gota. Colapsan juntos, resbalosos de sudor y semen, respiraciones entrecortadas.

Después, abrazados, el cuarto en penumbras con el resplandor de la ciudad. Ana traza círculos en tu pecho con el dedo. "Pinche Anticristo de Lars von Trier, nos inspiró un desmadre chido", ríe bajito. Tú la besas la frente, oliendo su cabello a coco.

Esto fue más que sexo, fue como exorcizar demonios con placer puro. La quiero pa siempre
.

La lluvia amaina, dejando un fresco que entra por la ventana entreabierta. Se quedan así, entrelazados, con el eco de la película en la mente pero el cuerpo saciado. Mañana verán otra, pero esta noche fue suya, erótica y propia, lejos de cualquier oscuridad.

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