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Bedoyecta Tri Inyecciones de Fuego Íntimo

6579 palabras

Bedoyecta Tri Inyecciones de Fuego Íntimo

Yo, Ana, siempre he sido de las que se la rifan en el jale, pero últimamente el cansancio me tenía bien agüitada. Llegué a la casa después de un día eterno en la oficina, con el cuerpo hecho un trapo. Marco, mi carnalito del alma, mi novio de años, me vio entrar y de volada supo qué traía. "Neta, mami, te ves como si te hubieran exprimido", me dijo con esa sonrisa pícara que me derrite. Se acercó, me abrazó por la cintura y me plantó un beso en el cuello que olía a su colonia fresca, esa que siempre me pone a volar.

"¿Sabes qué? Te voy a dar unas Bedoyecta Tri inyecciones. Dicen que son la neta para recargar pilas, vitaminas puras que te dejan como nueva". Lo miré con cara de qué pedo, porque las agujas no son lo mío, pero él es enfermero en un consultorio chido del centro, sabe de esto. "Tranquila, güey, yo te las pongo con todo el cariño. Tres inyecciones y vas a sentir el calor subiendo por todo el cuerpo, como un fuego que te despierta por dentro". Su voz ronca, el roce de sus dedos en mi espalda baja... ya sentía un cosquilleo traicionero entre las piernas. ¿Por qué no? Confío en él ciegamente, y la idea de que me cuide así, tan íntimo, me encendía.

Nos fuimos a la recámara, esa que huele a sábanas limpias y a velitas de vainilla que prendimos. Me quité la blusa, quedándome en bra y falda, y me recosté boca abajo en la cama king size que tanto nos gusta. Marco preparó todo en la mesita: las ampollas brillantes, las jeringas esterilizadas, algodón con alcohol. El olor punzante del desinfectante se mezcló con su sudor ligero, masculino, que me hacía lamer los labios sin querer. "Relájate, preciosa", murmuró mientras limpiaba mi nalga derecha con el algodón frío. Sentí su aliento caliente cerca de mi piel, y un escalofrío me recorrió la espina.

¿Y si esto me pone más caliente de lo normal? La neta, su cercanía ya me tiene la piel erizada, los pezones duros contra la sábana.

La primera Bedoyecta Tri inyección entró suave, un piquetazo rápido seguido de un ardor que se expandió como lava tibia. "¡Ay, wey!", gemí, pero él me masajeó el sitio con dedos firmes, circulares, enviando ondas de placer que bajaban directo a mi entrepierna. "Ya pasó, ahora siente cómo te llena de energía". Y qué chingón, en minutos el calor subió por mis muslos, mi vientre, mis tetas. Me volteé, mirándolo con ojos vidriosos. Su playera ajustada marcaba sus pectorales, y abajo, en sus jeans, ya se notaba el bulto creciendo. "Siento... como si mi cuerpo despertara, Marco. Todo pica de ganas".

La segunda inyección fue en la otra nalga. Esta vez me puse de lado, con la pierna arriba, exponiéndome más. Él rozó mi tanga al limpiar, y juro que sentí su dedo demorarse un segundo en mi raja húmeda. El pinchazo fue eléctrico, el líquido inyectado un torrente que me hizo arquear la espalda. ¡Madre mía, qué calor! Mis pezones palpitaban, mi clítoris hinchado rogando atención. Marco jadeaba bajito, su mano temblando un poquito al masajear. "Estás preciosa así, Ana, toda entregada. Mira cómo te brillas". Olía a mi propia excitación, ese almizcle dulce que llena el aire cuando estoy en llamas. Lo jalé por la nuca y lo besé con hambre, lenguas enredadas, sabor a menta de su chicle y a mi gloss de fresa.

Nos revolcamos un rato, él quitándome la falda y el bra con urgencia, yo arañándole la espalda. Pero se detuvo. "Falta la tercera, mi reina, para que explotes de verdad". Me recosté boca arriba, piernas abiertas, sintiendo el aire fresco en mi panocha empapada. Limpió mi muslo interno, tan cerca de mi centro que gemí antes de la aguja. La Bedoyecta Tri inyección final fue la más intensa: el ardor subió recto a mi útero, haciendo que mis caderas se movieran solas, buscando fricción contra la sábana áspera. "¡Marco, no aguanto! Me estoy quemando viva, fóllame ya". Él tiró las jeringas, se desnudó de un jalón. Su verga erecta, venosa, saltó libre, goteando precum que olía salado y tentador.

Estas inyecciones me han convertido en una fiera, cada nervio canta, mi piel grita por su toque. Quiero devorarlo entero.

Se subió encima, su peso delicioso aprisionándome, piel contra piel sudada. Sus labios chuparon mis tetas, dientes rozando pezones sensibles, enviando descargas a mi clítoris. Bajó lamiendo mi vientre, mi ombligo, hasta llegar a mi monte de Venus depilado. "Qué rica hueles, Ana, a miel y deseo puro". Su lengua plana lamió mi raja de abajo arriba, saboreando mis jugos cremosos. Gemí fuerte, manos enredadas en su pelo negro revuelto, caderas empujando contra su boca. Chupó mi clítoris hinchado, dos dedos curvados adentro frotando mi punto G, el sonido chapoteante de mi humedad llenando la habitación junto a nuestros jadeos.

Lo volteé, queriendo mi turno. Su verga en mi mano, caliente como hierro, pulsando. La lamí desde la base, sabor salobre y almizclado explotando en mi lengua. La tragué hasta la garganta, oyendo sus gruñidos roncos: "¡Sí, mami, trágatela toda!". Le mamé las bolas peludas, succionando, mientras mi mano pajeaba el tronco. El calor de las inyecciones me tenía en éxtasis, cada lamida mía era placer doble.

No aguantamos más. Me puso a cuatro patas, su verga embistiéndome de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. "¡Qué prieta estás, Ana! Estas Bedoyecta te han puesto como diosa", rugió mientras me azotaba las nalgas, el slap slap resonando. Yo empujaba hacia atrás, panocha apretándolo, jugos chorreando por mis muslos. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo salvaje, tetas rebotando, uñas en su pecho. El sudor nos unía, resbaloso, su olor a hombre puro embriagándome. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola gigante desde el estómago.

"¡Ven conmigo, Marco! ¡Córrete adentro!", grité. Él me jaló contra su pelvis, verga hinchándose, y explotamos juntos. Mi coño convulsionó ordeñándolo, chorros calientes llenándome, mi grito ahogado en su cuello. Ondas de placer me sacudieron, visión borrosa, cuerpo temblando. Colapsamos, él aún dentro, palpitando.

En el afterglow, abrazados, piel pegajosa enfriándose, el aroma de sexo y vitaminas flotando. "Wey, esas Bedoyecta Tri inyecciones fueron lo máximo. Me siento invencible, y contigo... puro fuego eterno". Él besó mi frente, riendo bajito. "Siempre para ti, mi amor. ¿Repetimos pronto?". Sonreí, sabiendo que sí, que esto nos unía más, un secreto sensual nuestro.

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