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Trio Sex Tumblr Ardiente

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Trio Sex Tumblr Ardiente

Estaba sentada en el balcón de mi depa en Polanco, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una caricia indecente. El skyline de la Ciudad de México brillaba con luces neón, y el olor a tacos de la esquina se mezclaba con el perfume dulzón de las bugambilias. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi cuerpo curvilíneo que siempre atraía miradas, scrolleaba sin parar en Tumblr. Ahí encontré ese blog: Trio Sex Tumblr Ardiente. Fotos y relatos que me ponían la piel chinita, historias de tríos que no eran puro morbo, sino pura conexión carnal, sudor y gemidos compartidos. Mi chavo, Marco, un morro alto y atlético de treinta, se acercó por detrás, sus manos grandes rodeándome la cintura.

¿Qué chingados ves con tanta pasión, mi reina?
me susurró al oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Le pasé el teléfono, y sus ojos se encendieron como luces de antro. Trio Sex Tumblr Ardiente, leyó en voz baja. Esa noche, entre cervezas frías y risas, platicamos de eso. "¿Y si lo intentamos, carnala? Algo chido, sin pendejadas", dijo él, y yo sentí un cosquilleo en el bajo vientre. La idea nos prendió como yesca.

Al día siguiente, en una fiesta en la Condesa, el destino nos la puso enfrente: Sofía, una culona de veintiséis con ojos verdes y pelo negro azabache que caía como cascada. Bailaba salsa con un vestido rojo que se pegaba a sus curvas como segunda piel. El ritmo de la música retumbaba en mi pecho, el sudor nos brillaba la piel bajo las luces estroboscópicas. Marco y yo la miramos, y ella nos devolvió la sonrisa pícara. Es ella, pensé, mientras el aroma de su perfume vainillado nos llegaba con la brisa.

—Órale, güeyes, ¿vienen a romperla o qué? —nos gritó por encima del sonidero.

Charlamos, coqueteamos. Sofía era de Guadalajara, pero vivía aquí, diseñadora gráfica que devoraba los mismos blogs que yo. "He visto ese Trio Sex Tumblr Ardiente, ¿eh? Me moja nomás de leerlo", confesó con una risa ronca que me erizó los vellos. La tensión crecía como el calor antes de la lluvia: miradas que se demoraban, roces accidentales que no lo eran. Marco le pasó la mano por la espalda baja, y ella se arqueó un poquito, gimiendo bajito. Yo sentía mi corazón latiendo en la garganta, el pulso acelerado entre las piernas.


Volvimos a mi depa en Uber, las tres apretujadas en el asiento trasero. El tráfico de la noche olía a escape y asfalto caliente, pero dentro del carro, el aire estaba cargado de promesas. Sofía en medio, su muslo suave presionando el mío, la mano de Marco en su rodilla subiendo despacito. Yo la besé primero, sus labios carnosos sabían a tequila y menta, su lengua juguetona explorando mi boca con hambre. Marco nos veía, su verga ya dura marcándose en los jeans.

Esto va a estar de poca madre
, pensé, mientras el calor de sus cuerpos me envolvía como una manta ardiente.

Adentro, las luces tenues pintaban sombras en las paredes blancas. Nos quitamos la ropa como si quemara: mi blusa voló, revelando mis chichis firmes con pezones duros como piedras. Sofía se desató el vestido, quedando en tanga negra que apenas cubría su panocha depilada. Marco, ya en boxers, su paquete impresionante latiendo. El olor a sexo empezaba a flotar, almizclado y dulce, mezclado con el sudor fresco de la fiesta.

Nos tumbamos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves contra la piel. Empecé yo, lamiendo el cuello de Sofía, saboreando la sal de su piel mientras Marco besaba su vientre plano. Ella jadeaba, ay, cabrones, no paren, sus uñas clavándose en mis hombros. Mi mano bajó a su tanga, húmeda ya, resbaladiza. La quité de un jalón, y su coñito rosado brillaba, invitador. Metí dos dedos, sintiendo su calor apretado, sus jugos chorreando por mi mano. Marco se posicionó atrás de mí, su verga gruesa rozándome el culo, lubricándola con mi propia excitación.

La tensión subía como el volumen de un cumbia rebajada. Sofía se giró, chupándome las tetas con avidez, su lengua girando en círculos que me hacían arquear la espalda. Pinche Sofía, qué rica, gemí internamente. Marco me penetró despacio, centímetro a centímetro, su grosor estirándome deliciosamente. El sonido de piel contra piel empezó, chapoteos húmedos y resoplidos. Ella se subió a mi cara, su panocha abierta sobre mi boca. La lamí como helado derretido, saboreando su miel agria y dulce, su clítoris hinchado pulsando contra mi lengua.

¡Chíngame más duro, Marco! ¡Sí, Ana, come mi verga... digo, mi concha!
gritó Sofía, riendo entre gemidos. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, Marco embistiéndome por atrás con fuerza controlada, sus bolas golpeando mi clítoris. Sofía debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua rozando mi ano y la base de su verga. Sentía todo: el estiramiento ardiente, el roce eléctrico, los olores intensos de arousal —sudor, semen preeyaculatorio, jugos femeninos—. Mi mente era un torbellino: Esto es mejor que cualquier Trio Sex Tumblr, es real, es nuestro.

El clímax se acercaba como tormenta. Marco aceleró, sus manos apretando mis caderas, gruñendo como animal. Me vengo, reina, avisó. Yo exploté primero, oleadas de placer sacudiéndome, mi coño contrayéndose alrededor de él, chillidos ahogados en la almohada de Sofía. Ella se frotó contra mi muslo, viniéndose con un alarido gutural, sus jugos empapándonos. Marco se retiró, eyaculando chorros calientes sobre nuestras nalgas y espaldas, el semen espeso goteando tibio.


Nos quedamos jadeando, enredados en un montón sudoroso y satisfecho. El cuarto olía a sexo consumado, a paz carnal. Sofía me besó la frente, Marco nos abrazó a las dos.

¿Repetimos, pinches calientes?
preguntó ella, y reímos bajito. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero nosotros habíamos encontrado el nuestro: un lazo nuevo, ardiente como ese Trio Sex Tumblr que nos unió. Me dormí entre sus cuerpos, sintiendo sus respiraciones sincronizadas, el afterglow envolviéndonos como niebla suave. Mañana sería otro día, pero esta noche, éramos invencibles.

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