La Dancer in the Dark Lars von Trier
La lluvia azota las ventanas del depa en la Condesa, ese golpeteo constante que te pone nerviosa y cachonda al mismo tiempo. Estás sentada en el sillón de piel suave, con las piernas cruzadas, sintiendo el fresco del aire acondicionado rozando tus muslos desnudos bajo la falda corta. Marco, tu carnal de hace seis meses, está a tu lado, con su playera ajustada marcando esos pectorales que te hacen agua la boca cada vez que los ves. "Órale, carnala, ¿qué peli le echamos?", te dice con esa voz grave que te eriza la piel.
Piensas en algo intenso, algo que te revuelva las tripas y el clítoris. "Dancer in the Dark de Lars von Trier", sueltas de repente, recordando cómo Björk baila en la oscuridad de la fábrica, con esa mezcla de tristeza y fuerza que te moja las panties. Él arquea la ceja, sonriendo pícaro. "Neta? Esa es bien dark, pero si te late, dale play". Netflix arranca, y la pantalla ilumina el cuarto con tonos azulados. El sonido de las máquinas, el sudor en la frente de Selma, todo te envuelve. Sientes el olor a palomitas rancias mezclándose con el perfume de Marco, ese aroma amaderado que te recuerda a tierra mojada después de la lluvia.
Pinche película, me está prendiendo como tea. Quiero bailar así, en la oscuridad, para que él me coma con los ojos.
La escena del musical llega, Selma bailando con los ojos vendados, y tú no aguantas más. Te levantas despacio, el corazón latiéndote en el pecho como tambor. "Voy por unas chelas", mientes, pero en realidad vas al baño a refrescarte la cara, sintiendo tus pezones duros contra la blusa. Regresas, pero en vez de sentarte, te paras frente a la tele, moviendo las caderas al ritmo de la canción. Marco te mira, boquiabierto. "Qué chingón, mi reina, ¿ya te picó el bicho del baile?".
Apagas la luz principal con un clic, dejando solo el resplandor parpadeante de la pantalla. La habitación se sumerge en penumbras, sombras danzando en las paredes como fantasmas cachondos. Te quitas los zapatos, sientes el piso fresco bajo tus pies descalzos, y empiezas a menearte de verdad, imitando a la dancer in the dark de Lars von Trier, pero con tu toque mexicano, bien sensual, bien callejero. Tus manos recorren tu cuerpo, del cuello bajando por los senos, apretándolos un poquito para que él vea cómo jadeas.
Él se levanta, su verga ya medio parada marcándose en el pantalón. "Ven pa'cá, pendejita rica", te susurra, acercándose por detrás. Sus manos grandes te rodean la cintura, piel contra piel caliente, y sientes su aliento en tu nuca, oliendo a menta y deseo. "Estás cañona bailando así", murmura, mientras tú sigues moviéndote, restregando tu culo contra su paquete duro. El sonido de la lluvia se intensifica, como si aplaudiera tu show privado. Sus dedos suben por tu panza, rozando el borde de tu falda, y tú arqueas la espalda, gimiendo bajito. "Me late, Marco, tócame más".
La tensión crece como tormenta. Te gira despacio, y sus labios chocan con los tuyos, beso húmedo, lenguas enredadas probando sal y dulzor. Sientes su barba raspando tu barbilla, delicioso piquete que te hace vibrar. Tus uñas se clavan en su espalda, rasgando la playera. "Quítatela, wey", le ordenas, y él obedece, quedando en torso desnudo, músculos brillando con sudor bajo la luz tenue. Tú te desabrochas la blusa, dejando caer los tirantes, tus chichis libres saltando un poco, pezones tiesos pidiendo atención.
Su mirada me quema, como si fuera la única bailarina en su oscuridad personal. Quiero que me folle ya, pero no, que dure, que me haga rogar.
Él te empuja suave contra la pared, el yeso frío contrastando con su cuerpo ardiente. Baja la boca a tus tetas, chupando un pezón con fuerza, succionando hasta que gritas de placer. "¡Ay, cabrón, sí así!", jadeas, mientras tus manos bajan a su cinturón, desabrochándolo con dedos temblorosos. Su verga salta libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen que hueles, ese olor almizclado que te enloquece. La agarras, masturbándolo lento, sintiendo las venas pulsar bajo tu palma. Él gime contra tu piel, vibraciones que te recorren entera.
Te sube la falda, panties a un lado, y sus dedos encuentran tu chochita empapada. "Estás chorreando, mi amor", dice riendo ronco, metiendo dos dedos adentro, curvándolos justo en el punto G. El sonido chapoteante llena el cuarto, mezclado con tus gemidos y la lluvia furiosa afuera. Cabalgas su mano, caderas moviéndose como en el baile, tensión subiendo, coño apretando sus dedos. "Más rápido, pendejo, hazme venir", le ruegas, pero él se detiene, pícaro. "No tan rápido, dancer mía. Quiero saborearte".
Te lleva al sillón, te acuesta de espaldas, piernas abiertas. Baja la cabeza, lengua plana lamiendo tu clítoris hinchado, chupando jugos que sabe a miel salada. Sientes cada lamida como fuego, olor a sexo impregnando el aire, tus muslos temblando alrededor de su cara. "¡Marco, neta vas a matarme de gusto!", gritas, jalándole el pelo. Él mete la lengua profundo, follándote con ella, mientras un dedo roza tu ano, prometiendo más. El orgasmo se acerca, olas creciendo, pero lo frenas. "No, fóllame ya, con todo".
Se pone de pie, te voltea boca abajo en el sillón, culo en pompa. Sientes la punta de su verga rozando tu entrada, resbalosa. "Dime que sí, reina", pide, y tú: "¡Sí, chíngame duro!". Empuja despacio al inicio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso, llenándote hasta el fondo. Gimes fuerte, el placer doliendo rico. Empieza a bombear, lento primero, piel chocando piel con palmadas húmedas, luego más rápido, verga saliendo y entrando como pistón.
El cuarto gira en oscuridad, solo flashes de la tele mostrando a la bailarina de Lars von Trier, como si ella aprobara tu danza erótica. Sudor gotea de su frente a tu espalda, caliente. Cambian posición: tú encima, cabalgándolo, chichis rebotando, manos en su pecho. Controlas el ritmo, moliendo tu clítoris contra su pubis, sintiendo bolas apretadas contra tu culo. "Estás apretadísima, me vas a ordeñar", gruñe él, pellizcándote los pezones.
Esto es mi Dancer in the Dark, mi película privada, donde bailo al borde del abismo del placer.
La intensidad sube, respiraciones jadeantes, olor a sexo y lluvia fusionados. Tú aceleras, coño contrayéndose, y explotas primero: orgasmo brutal, gritando "¡Me vengo, cabrón!", jugos chorreados por su verga. Él te sigue, embistiendo profundo, semen caliente llenándote, pulsos interminables. Colapsan juntos, cuerpos pegajosos, corazones galopando al unísono.
Después, en la calma, lluvia amainando a un susurro. Él te abraza por detrás, verga suavizándose adentro tuyo aún. "Eres mi bailarina en la oscuridad, la mejor", murmura en tu oído, besándote el hombro. Tú sonríes, satisfecha, piernas flojas. La tele sigue, créditos rodando, pero ya no importa. Sientes su calor envolviéndote, olor a nosotros permaneciéndonos en la piel.
Se levantan despacio, van a la regadera. Agua caliente cascando sobre cuerpos exhaustos, jabón resbalando por curvas y músculos. Se enjabonan mutuo, risas juguetones, besos suaves. "Otra vez Dancer in the Dark Lars von Trier, ¿pa'l fin de semana?", bromea él. Tú ríes, "Sí, pero con más baile real". Salen envueltos en toallas, se acuestan en la cama, lluvia de fondo como nana. Duermes pegada a él, soñando danzas eternas en tinieblas placenteras, sabiendo que esto apenas empieza.