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La Discografia Prohibida de Alkaline Trio

6561 palabras

La Discografia Prohibida de Alkaline Trio

Entraste al departamento de Mateo esa noche de viernes, con el corazón latiéndote como tambor en un antro de la Condesa. El aire olía a café recién hecho y a algo más, un aroma terroso de vinilos viejos que te hacía cosquillas en la nariz. Mateo, con su playera negra ajustada que marcaba sus hombros anchos y esos jeans rotos que le quedaban como pintados, te sonrió con esa picardía que te derretía. Neta, wey, este carnal sabe cómo hacerme sudar, pensaste mientras él te jalaba de la mano hacia el sillón.

"Órale, mira esto", te dijo, señalando la repisa llena de discos. "Mi discografia completa de Alkaline Trio. ¿La conoces?" Su voz era ronca, como si ya estuviera imaginando cosas que te ponían la piel chinita. Negaste con la cabeza, mordiéndote el labio, porque la verdad era que solo habías oído un par de rolas en Spotify, pero su entusiasmo te prendía como cerillo. Se agachó, el culo marcado en los jeans, y sacó el primero: Goddammit. Lo puso en el tocadiscos, y el sonido crudo de guitarras y batería te envolvió, vibrando en tu pecho.

Te sentaste a su lado, las piernas rozándose apenas, y sentiste el calor de su muslo contra el tuyo. "Esta rola, 'Radio', es pura nostalgia cabrona", murmuró él, su aliento cálido en tu oreja. Sus dedos rozaron tu brazo al pasar, enviando chispas por tu espina. Empezaste a moverte al ritmo, cadera contra cadera, y él te miró con ojos que decían te quiero comer viva. La tensión crecía como el bajo en esa canción, lenta al principio, pero jodidamente intensa. Olías su colonia, mezclada con el humo de su último cigarro, y te lamiste los labios, imaginando su sabor salado.

El disco terminó, y él cambió al siguiente: Maybe I'll Catch Fire. "Esta es para cuando arde todo por dentro", dijo, y te jaló para bailar. Tus cuerpos pegados, sus manos en tu cintura, apretando justo lo suficiente para que sintieras sus uñas a través de la blusa.

Tú sientes su verga endureciéndose contra tu vientre, dura como piedra, y un jadeo se te escapa. "Qué chingón se siente", piensas, mientras tu clítoris palpita pidiendo más.
Bailaban lento ahora, la música punk rock convirtiéndose en banda sonora de su roce. Sus labios rozaron tu cuello, un beso fantasma que te mojó las panties al instante.

"¿Quieres seguir con la discografia de Alkaline Trio?", susurró, su mano bajando por tu espalda hasta tu nalga, amasándola suave. "Sí, pendejo, no pares", respondiste riendo, pero con la voz temblorosa de deseo. Te quitó la blusa con delicadeza, besando cada centímetro de piel que liberaba. Tus tetas saltaron libres, pezones duros como balas, y él los lamió con lengua caliente, succionando hasta que gemiste alto. El sabor de su boca era a menta y cerveza, adictivo, mientras el vinilo giraba con Private Eye, esa letra hablando de secretos que ahora compartían.

La habitación se llenó de su sudor, ese olor almizclado que te volvía loca, mezclado con el polvo de los discos. Lo empujaste al sillón, desabrochándole el cinturón con dedos ansiosos. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, la cabeza brillando de pre-semen. "Qué rica verga tienes, Mateo", le dijiste, agarrándola firme, sintiendo el pulso acelerado bajo tu palma. Él gruñó, "Chúpamela, mi reina", y obedeciste, metiéndotela hasta la garganta. El sabor salado te inundó la boca, su gemido ronco como la guitarra distorsionada de fondo. Lo mamaste despacio, lengua girando en la punta, mientras él te acariciaba el pelo, jadeando tu nombre.

Cambió el disco a From Here to Infirmary, y la intensidad subió. "Esta rola me pone cachondo de la chingada", confesó, jalándote arriba de él. Te quitó las panties de un tirón, sus dedos explorando tu coño empapado, resbaloso de jugos. Entró dos dedos, curvándolos justo en tu punto G, y viste estrellas, el placer eléctrico recorriéndote las piernas. "Estás chorreando, nena", dijo riendo, y tú solo pudiste gemir, montándolo como vaquera salvaje. Su verga te abrió entera cuando te hundiste, llenándote hasta el fondo, el estirón delicioso quemándote por dentro.

Cabalgaste al ritmo de Stupid Kid, tetas rebotando, sudor chorreando por tu espalda. Él te agarraba las caderas, clavándote más hondo con cada embestida. El sonido de piel contra piel, chapoteando en tu humedad, ahogaba la música. Olías tu propia excitación, dulce y agria, mezclada con su masculinidad. "Más rápido, cabrón", le exigiste, y él obedeció, follando hacia arriba como poseído. Tus paredes lo apretaban, ordeñándolo, el orgasmo construyéndose como tormenta en el horizonte.

Pero no soltó todavía. Paró, te volteó boca abajo en el sillón, y sacó Alkaline Trio, el disco homónimo. "Ahora te voy a dar duro, como esta rola". Entró de nuevo, de doggy, su vientre chocando contra tus nalgas con palmadas sonoras. Cada estocada era profunda, golpeando tu cervix con placer punzante. Sus bolas te azotaban el clítoris, y gritaste, "¡Sí, joder, así!". Sudor goteaba de su pecho a tu espalda, resbaloso y caliente. Te metió una mano entre las piernas, frotando tu botón hinchado en círculos rápidos.

La tensión era insoportable ahora, tu cuerpo temblando, músculos contraídos.

Piensas en toda la discografia de Alkaline Trio que han recorrido juntos esta noche, cada canción un paso más cerca del abismo. Su aliento en tu nuca, "Córrete conmigo, mi amor", y explotas.
El orgasmo te partió en dos, coño convulsionando alrededor de su verga, chorros de placer mojando sus muslos. Él rugió, llenándote de leche caliente, chorros espesos que sentiste pintando tus paredes. Colapsaron juntos, respiraciones entrecortadas, el vinilo terminando en silencio.

Después, recostados en el sillón, piel pegajosa y corazones calmándose, él te besó la frente. "La mejor noche con mi discografia de Alkaline Trio", murmuró, riendo bajito. Tú sonreíste, oliendo el sexo en el aire, sintiendo su semen goteando lento por tus muslos. Neta, esto no fue solo un polvo, fue conexión pura, pensaste, acurrucándote en su pecho. La ciudad zumbaba afuera, pero aquí dentro, solo quedaban ecos de música y placer compartido. Mañana pondrían el siguiente disco, Crimson, y quién sabe qué pasiones desataría. Por ahora, el afterglow te envolvía como manta suave, satisfecha y anhelando más.

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