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Descubriendo el Try Out Que Es

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Descubriendo el Try Out Que Es

Tú caminas por las calles empedradas de la Roma, con el sol de la tarde calentando tu piel morena y el aroma a tacos al pastor flotando en el aire. Llevas un vestido ligero que se pega a tus curvas, sintiendo cómo el viento juguetón roza tus muslos. Has quedado con Alex, ese wey que conociste en una app la semana pasada. Neta, desde el primer mensaje, sentiste esa chispa, esa calentura que te hace apretar las piernas al imaginarlo. Llegas al café chido que eligió, un lugar con mesas de madera y olor a café de chiapas recién molido.

¡Órale, qué guapa sales! —te dice al verte, con esa sonrisa pícara que le ilumina los ojos cafés. Se para y te da un beso en la mejilla, su aliento fresco con toque de menta rozando tu oreja. Se sientan, platican de todo: tu jale en la agencia de publicidad, su rollo como trainer personal en Polanco. La conversación fluye como tequila suave, y de repente suelta:

—Oye, ¿has oído del try out? —pregunta, inclinándose hacia ti, su rodilla tocando la tuya bajo la mesa.

Te quedas pensativa, el pulso acelerándose un poquito. —¿Try out qué es? —le respondes riendo, con ese acento chilango que sale natural—. ¿Como audición pa' algo?

En tu mente: Neta, ¿qué pedo? Suena intrigante, y la forma en que lo dice me pone la piel de gallina. Quiero saber más, sentir sus manos explicándomelo.

—Exacto, carnalita —ríe él, su voz grave vibrando en tu pecho—. Pero no cualquier audición. Es como probar algo nuevo, intenso, sin compromisos. Mañana tengo uno en mi gym privado, ¿vienes? Te enseño movimientos que te van a volar la cabeza.

El deseo se enciende como fogata en tu vientre. Aceptas, imaginando ya sus músculos tensos bajo la ropa de gym.

Al día siguiente, llegas al gym en Polanco, un lugar fancy con pisos de madera pulida y espejos que reflejan tu figura atlética en leggings negros ajustados y top deportivo. El olor a limpio mezclado con sudor fresco te envuelve. Alex te espera en la sala privada, sin camisa, solo shorts grises que marcan todo. Su piel bronceada brilla bajo las luces suaves, y sientes el calor subir por tu cuello.

—Bienvenida al try out que es —dice guiñándote, acercándose tanto que hueles su colonia amaderada con notas de vainilla—. Aquí probamos límites, pero todo en confianza, ¿va?

Asientes, el corazón latiéndote como tamborazo. Empieza la clase: estiramientos que te hacen arquear la espalda, sus manos grandes guiando tus caderas. Tocan tu cintura, firme pero suave, enviando chispas eléctricas por tu espina. Qué chido se siente su piel contra la mía, piensas, mientras tu respiración se acelera. Él te enseña un movimiento nuevo, una pose sensual de baile erótico inspirada en salsa prohibida.

—Ponte así, con las piernas abiertas, siente el ritmo —susurra, su aliento caliente en tu nuca. Sus dedos rozan el interior de tus muslos, y un gemido escapa de tus labios. El aire se carga de tensión, el sonido de vuestras respiraciones entrecortadas llenando la habitación. Sudas, el salado goteando entre tus pechos, y él lame una gota de tu hombro, sabor salado y dulce a la vez.

La química explota. Te giras, tus labios chocan con los suyos en un beso hambriento. Sabe a deseo puro, lengua explorando tu boca como si fuera territorio nuevo. Sus manos bajan a tu culo, apretando con fuerza juguetona.

Eres una mamacita cabrona —murmura contra tu piel, mordisqueando tu lóbulo—. ¿Quieres seguir con el try out?

Sí, pendejo, chíngame ya —le contestas, voz ronca, tirando de su short. Caes sobre las colchonetas suaves, el olor a goma nueva mezclándose con el almizcle de vuestros cuerpos excitados.

El medio tiempo se estira en una danza de caricias. Le quitas el short, su verga dura saltando libre, venosa y palpitante. La tocas, piel aterciopelada caliente en tu palma, el pre-semen salado en tu lengua cuando la lames despacio. Él gime, un sonido gutural que vibra en tu concha húmeda.

No mames, qué rico sabe, como mar y hombre puro. Quiero que me llene, que me haga suya en este try out loco.

Tus leggings vuelan, él besa tu monte de Venus, lengua hurgando tu clítoris hinchado. Sientes cada lamida como fuego líquido, el chasquido húmedo de su boca en tu carne rosada. Tus jugos corren por sus labios, olor almizclado a sexo maduro llenando el aire. Te arqueas, uñas clavándose en su espalda musculosa, dejando marcas rojas que él adora.

Te sientes como terciopelo mojado, nena —gruñe, metiendo dos dedos gruesos, curvándolos para tocar ese punto que te hace ver estrellas. Gritas, el placer construyéndose en olas, tu pulso retumbando en oídos como cumbia en antro. Él se posiciona, la punta rozando tu entrada resbaladiza. Miras sus ojos, llenos de lujuria consensuada, y asientes.

Entra despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Qué wey tan dotado, me parte en dos pero qué chingón. Empieza a moverse, embestidas lentas que se aceleran, piel chocando con piel en palmadas rítmicas. Sudor gotea de su pecho al tuyo, salado en tu lengua cuando lo besas. El gym se llena de vuestros gemidos: tus ahogos agudos, sus gruñidos profundos como truenos lejanos.

Cambian posiciones en el clímax del try out. Te pone a cuatro, manos en el espejo para verte reflejada: tetas rebotando, culo alzado, su verga entrando y saliendo brillante de tus jugos. El vapor empaña el vidrio, tus alientos dibujando formas. Sientes cada vena pulsando dentro, rozando paredes sensibles. La tensión crece, espiral apretada en tu bajo vientre.

Vente conmigo, Alex, no pares —suplicas, voz quebrada.

Él acelera, bolas golpeando tu clítoris, una mano en tu pelo tirando suave, dominante pero tierno. El orgasmo te arrasa como tsunami: músculos contrayéndose, chorros calientes saliendo de ti, empapando sus muslos. Él ruge, llenándote con chorros espesos y calientes, olor a semen fresco mezclándose con tu esencia.

Colapsan juntos, cuerpos entrelazados en las colchonetas, respiraciones jadeantes calmándose. Su piel pegajosa contra la tuya, corazón latiendo al unísono. Te besa la frente, suave, mientras el afterglow te envuelve como manta tibia.

Este try out que es... neta, cambió todo. No solo placer, sino conexión, como si hubiéramos bailado almas desnudas.

Se levantan despacio, duchas compartidas con jabón espumoso deslizándose por curvas y músculos, risas compartidas bajo el agua caliente. Salen del gym tomados de la mano, la noche mexicana envolviéndolos con luces neón y promesa de más pruebas. Sabes que este try out fue el inicio de algo ardiente, empoderador, tuyo.

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