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Amy Winehouse They Tried To Make Me Go To Rehab No No No

6931 palabras

Amy Winehouse They Tried To Make Me Go To Rehab No No No

Estaba en mi depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas de lino, cuando mis cuates llegaron con esa cara de preocupación fingida. Neta, güeyes, siempre lo mismo. "Ana, ya déjate de pendejadas, tienes que ir a terapia, a rehab o lo que sea. Te estás saliendo de control con tanto pedo y tantito hombre". Yo solo reí, sirviéndome un mezcal puro, el aroma ahumado subiendo por mi nariz como una promesa de libertad. No mames, ¿rehab? ¿Para qué? Mi vida era un desmadre chido, llena de noches calientes y pieles que olían a deseo fresco.

Me puse mis audífonos y le di play a Back to Black. La voz rasposa de Amy Winehouse llenó mi cabeza:

"They tried to make me go to rehab, I said no no no"
. Exacto, pinche Amy, mi alma gemela. No iba a dejar que me domaran, que me metieran en un cuarto blanco a platicar de mis "demonios". Mis demonios eran puros, carnales, con aliento a tequila y manos que sabían dónde tocar. Justo entonces, sonó el timbre. Era Marco, el tipo que conocí anoche en el bar de la Roma. Alto, moreno, con esa sonrisa que te hace mojar las panties sin esfuerzo.

"Órale, güey, pasa", le dije abriendo la puerta. Él entró oliendo a colonia cara y algo más, como a mar y sudor limpio. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis shorts cortitos y la blusa escotada que dejaba ver el nacimiento de mis chichis. Sentí un cosquilleo en el estómago, ese que sube despacito hasta el clítoris. Nos sentamos en el sofá de terciopelo gris, el aire acondicionado zumbando bajito, y platicamos de la nada. Pero la tensión ya estaba ahí, como electricidad estática en el ambiente.

¿Y si lo mando a la verga y me lo como aquí mismo?
pensé, cruzando las piernas para que no notara lo mojada que ya estaba. Marco se acercó, su rodilla rozando la mía, piel contra piel, cálida y firme. "Anoche no parabas de cantar esa rola de Amy Winehouse", me dijo con voz grave. "They tried to make me go to rehab... ¿por qué?" Yo sonreí, mordiéndome el labio. "Porque no quiero que me arreglen, wey. Quiero esto". Y le puse la mano en el muslo, sintiendo el músculo tenso bajo el pantalón.

Acto uno del desmadre: el beso. Sus labios cayeron sobre los míos como lluvia caliente en el desierto. Sabían a menta y a algo dulce, quizás el chicle que masticaba. Su lengua entró juguetona, explorando mi boca con hambre contenida. Gemí bajito, el sonido vibrando en mi pecho. Sus manos subieron por mi espalda, desabrochando el bra de un jalón experto. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras, rozando su camisa. Chingao, qué rico. El olor de su cuello me invadió, mezcla de jabón y hombre puro, haciendo que mi panocha palpitara.

Nos paramos, tropezando un poco, riendo como pendejos. Lo llevé al cuarto, la cama king size esperándonos con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Afuera, el ruido de la ciudad: cláxones lejanos, un perro ladrando, el viento moviendo las palmeras. Pero adentro, solo nosotros. Me quité la blusa, quedando en panties de encaje negro. Él se desvistió despacio, provocándome. Su verga saltó erecta, gruesa, venosa, con la cabeza brillando de precum.

Quiero esa madre adentro ya
, pensé, lamiéndome los labios.

Lo empujé a la cama y me subí encima, mis muslos abriéndole las piernas. Rozaba mi concha contra su pija, sintiendo el calor irradiar, la humedad mía empapándolo. "Cántame esa rola mientras me chupas", me pidió con voz ronca. Reí y empecé: "They tried to make me go to rehab, I said no no no", mi voz entrecortada mientras bajaba la boca a su pecho. Lamí sus pezones, mordisqueando suave, bajando por el abdomen marcado. El sabor salado de su piel me enloqueció, como mariscos frescos en la costa.

La tensión subía como el calor de un comal. Sus manos en mi culo, amasándolo fuerte, dedos hundiéndose en la carne blanda. Me volteó, poniéndome de rodillas, cara contra la almohada que olía a lavanda. Sentí su aliento en mi nuca, caliente, mientras separaba mis nalgas. "Estás chingona mojada, Ana", murmuró, y metió dos dedos en mi coño, curvándolos justo en el punto G. ¡Ay, wey! Grité, arqueando la espalda. El sonido chapoteante de mis jugos llenó la habitación, obsceno y delicioso. Lamí el aire, imaginando su verga.

Pero no me la dio aún. Jugaba conmigo, lamiendo mi clítoris desde atrás, lengua plana y rápida como vibra. El placer era un nudo apretándose en mi vientre, pulsos en mi cabeza.

No aguanto más, métemela ya, pendejo
. Le rogué, moviendo el culo contra su cara. Él rio, el vibrar de su risa mandándome ondas al cerebro. Finalmente, se puso de pie, alineando su pija con mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Llenándome hasta el fondo, su pubis chocando contra mis nalgas con un plaf húmedo.

El ritmo empezó lento, sus caderas embistiendo con control, cada empujón mandando chispas por mi espina. Sudábamos, el olor almizclado del sexo impregnando todo. Mis uñas clavadas en las sábanas, tirando, mientras canturreaba entre gemidos: "They tried to make me go to rehab... but your cock is my rehab". Él aceleró, follándome duro, bolas golpeando mi clítoris. El sonido era hipnótico: carne contra carne, jadeos, mi panocha chorreando por sus muslos.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, mientras yo rebotaba, sintiendo su verga golpear mi cervix. El orgasmo se acercaba, un tren de placer rugiendo. "¡Ven conmigo, Marco!", grité. Él se tensó, gruñendo como animal, y explotamos juntos. Mi coño se contrajo alrededor de él, ordeñándolo, chorros de semen caliente llenándome. El mundo se volvió blanco, pulsos en oídos, sabor a sal en la boca de tanto morder mis labios.

Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. Su corazón latía contra mi oreja, rápido al principio, calmándose despacio. El aire olía a sexo crudo, a nosotros. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Neta, eso fue mejor que cualquier rehab", susurré, trazando círculos en su pecho. Él rio bajito, apretándome más. Afuera, la noche caía sobre la Condesa, luces de neón parpadeando, pero aquí adentro, paz total.

Al día siguiente, mis cuates me mandaron mensajito: "¿Ya fuiste a terapia?". Contesté con un emoji de guiño y la rola de Amy de fondo.

They tried to make me go to rehab, I said no no no... porque encontré mi propia cura
. Marco se despertó, besándome el hombro, y supe que esto apenas empezaba. Mi vida no necesitaba arreglo; solo más noches como esta, piel con piel, deseo sin frenos.

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