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Mono Duo Tri Tetra Penta Noche de Extasis Progresivo

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Mono Duo Tri Tetra Penta Noche de Extasis Progresivo

La noche en la villa de Playa del Carmen estaba chida de verdad. El aire salado del mar Caribe se mezclaba con el aroma dulce de las flores tropicales y el humo ligero de las fogatas en la playa. Yo, Ana, había llegado con mis cuates para una fiesta privada, solo adultos, todos en sintonía para pasarla bien sin complicaciones. La música reggaetón retumbaba suave, con beats que te hacían mover las caderas sin querer. Llevaba un vestido ligero de tirantes que se pegaba a mi piel por el calor húmedo, y sentía ya esa cosquilla en el estómago, esa anticipación de lo que podría pasar.

Me senté en una hamaca junto a la piscina infinita, con vista al océano negro salpicado de estrellas. Estaba sola por el momento, pero no me sentía vacía. Qué chingón empezar con lo mono, pensé, mientras mi mano bajaba despacio por mi muslo. El tejido del vestido era fresco contra mi piel caliente, y el sonido de las olas rompiendo a lo lejos me arrullaba. Cerré los ojos, imaginando. Mis dedos rozaron el encaje de mis panties, y un suspiro se me escapó. El olor a mi propia excitación empezó a subir, mezclado con el salitre. Me toqué suave, círculos lentos sobre el clítoris, sintiendo cómo mi concha se humedecía. Órale, qué rico. El pulso en mis venas latía fuerte, el corazón me golpeteaba en el pecho. Era solo yo, mono puro, construyendo la tensión como una ola que se arma antes de romper.

De repente, una voz ronca me sacó del trance.

"¿Ya estás en el mono wey? Te ves riquísima así"
Era Marco, un cuate alto, moreno, con ojos que te desnudan. Se acercó con una cerveza en la mano, sonriendo picoso. Le guiñé el ojo, sin parar del todo. Esto va para duo, me dije. Se sentó a mi lado en la hamaca, su peso la hizo balancearse. Su mano grande cubrió la mía, guiándola más adentro. Olía a colonia masculina y sudor fresco, delicioso. Nuestros labios se encontraron, besos húmedos y urgentes, lenguas danzando con sabor a tequila. Me quitó el vestido de un jalón, exponiendo mis tetas al aire nocturno. Sus dedos entraron en mí, dos, curvándose justo ahí, mientras yo le bajaba el short y agarraba su verga dura como piedra, palpitante en mi palma. Neta, qué grosa. Nos movimos en ritmo, él lamiendo mis pezones que se erizaban con el viento, yo jadeando contra su cuello. El duo era perfecto, piel contra piel resbalosa, gemidos ahogados por la música. Terminamos juntos, él corriéndose en mi mano con un gruñido animal, yo convulsionando alrededor de sus dedos, el orgasmo explotando como fuegos artificiales en mi vientre.

Pero la noche no paraba ahí. Mientras recuperábamos el aliento, sudados y pegajosos, se acercó Lupe, una morra espectacular con curvas que matan y pelo negro largo.

"¿Ya van en duo? ¿Me dejan entrar al tri?"
Su voz era juguetona, con ese acento yucateco que me ponía. Asentimos, riendo. El tri empezó con besos en cadena: yo a Marco, Marco a Lupe, Lupe a mí. Sus tetas rozaban las mías, suaves y firmes, olor a vainilla en su piel. Nos tumbamos en las almohadas de la piscina, el agua tibia lamiendo nuestros pies. Lupe se puso entre mis piernas, su lengua experta trazando líneas de fuego en mi concha aún sensible. Marco nos veía, masturbándose despacio, su verga reluciente. Tri es multiplicar el placer, pensé, mientras chupaba los labios de Lupe, saboreando su dulzor salado. Ella gemía vibrando contra mi clítoris, y Marco entró en ella por detrás, empujones rítmicos que nos mecían a todas. El sonido de carne chocando, chapoteos húmedos, respiraciones entrecortadas. Mis uñas en la espalda de Lupe, su pelo en mi cara, el olor a sexo puro invadiendo todo. El clímax nos golpeó en oleada: Lupe gritando "¡Ay cabrón!", Marco gruñendo, yo arqueándome con lágrimas de puro gozo.

La tensión subía como la marea. Dos cuates más se unieron, Juan y Carla, pareja de la CDMX que conocíamos de fiestas pasadas.

"¿Listos para tetra? No se rajen"
, dijo Juan, quitándose la camisa y mostrando un torso tatuado. Carla, rubia teñida con ojos verdes, ya estaba desnuda, sus caderas anchas invitando. El tetra fue un torbellino. Nos enredamos en la alfombra suave de la terraza, cuerpos por todos lados. Yo monté a Marco mientras Juan me penetraba por atrás, doble penetración que me estiraba delicioso, llena hasta reventar. Lupe y Carla se lamían mutuamente, tetas aplastadas, dedos en culos. El aire olía a sudor, semen y jugos, denso y embriagador. Sentía cada pulso: la verga de Marco golpeando mi punto G, la de Juan abriéndome el culo con lubricante fresco que picaba rico. Gemidos en coro, "¡Más wey!", "¡No pares pendeja!". Manos everywhere, pellizcando pezones, azotando nalgas con palmadas que resonaban. El orgasmo del tetra fue brutal, como un terremoto, todos temblando, líquidos chorreando, risas mezcladas con alaridos.

Pero el pico, el penta, llegó cuando Alex, el anfitrión, se unió. Alto, güero californiano radicado en México, con una verga que prometía.

"Penta completa, ¿quién dijo miedo?"
Nos reacomodamos en un círculo grande sobre las colchonetas, estrellas arriba testigos mudos. Yo en el centro, reinando. Marco en mi concha, Juan en mi culo, Lupe sentada en mi cara con su concha goteando en mi boca, Carla chupándome las tetas, Alex metiendo su verga en mi mano para que lo pajeara. De mono a penta, qué viaje cabrón, pensé en medio del caos sensorial. Sabores: salado de Lupe, dulce de Carla. Olores: almizcle, perfume, mar. Sonidos: slap slap de penetraciones, slurps de lenguas, "¡Órale sí!", jadeos sincronizados como una sinfonía pornográfica. Tacto: pieles calientes resbalosas, músculos contrayéndose, venas pulsantes en vergas y clítoris hinchados. La intensidad crecía, gradual, imparable. Mis paredes internas se apretaban, el placer acumulándose en espiral.

El build-up fue maestro: lentos al principio, luego acelerando, rotando posiciones. Yo grité primero, el orgasmo rompiendo en mil pedazos, chorros saliendo de mí empapando a Marco. Eso detonó la cadena: Juan se corrió en mi culo con un rugido, Lupe convulsionando en mi lengua, Carla frotándose contra mi muslo hasta explotar, Alex eyaculando en chorros calientes sobre mis tetas, Marco llenándome profundo. Nos quedamos ahí, un enredo de cuerpos exhaustos, pulsos latiendo al unísono, risas ahogadas.

En el afterglow, el mar susurraba paz. Me recargué en el pecho de Marco, Lupe acurrucada a mi lado, los demás dispersos pero cerca. El aire fresco secaba nuestros jugos, dejando un brillo pegajoso en la piel. De mono duo tri tetra penta, aprendí que el placer se multiplica cuando fluye libre, reflexioné. No hubo arrepentimientos, solo conexión profunda, empoderamiento en cada toque consensual. La noche se cerró con tequilas y pláticas suaves, el amanecer tiñendo el cielo de rosa. Qué chingonería de fiesta, weyes. Una para recordar siempre.

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