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Pasión en el Trio Hombre Mujer Hombre XXX

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Pasión en el Trio Hombre Mujer Hombre XXX

Yo era Carla, una chilanga de veintiocho años que había decidido escaparse a la Riviera Maya para desconectarme del pinche estrés de la Ciudad de México. La villa que renté con unas amigas estaba frente a una playa de ensueño, con arena blanca que se pegaba a la piel como una caricia caliente y el mar susurrando promesas de placer. Esa noche, la fiesta en la terraza estaba en su apogeo: luces de colores bailando sobre cuerpos sudorosos, reggaetón retumbando en el pecho, olor a coco y tequila flotando en el aire húmedo. Ahí los vi: Luis y Alex, dos morros guapísimos, altos, con piel bronceada por el sol y músculos que se marcaban bajo camisetas ajustadas. Luis, el más alto, con ojos verdes que te desnudaban con una mirada; Alex, de sonrisa pícara y barba de tres días que invitaba a rozarse.

Me acerqué al bar improvisado, pidiendo un paloma con limón fresco que me refrescaba la garganta seca. Qué chido estar aquí sola, sin compromisos, pensé, mientras sentía sus ojos clavados en mí. Luis se acercó primero, con una cerveza en la mano, oliendo a sal marina y colonia masculina.

¿Y tú qué, mamacita? ¿Vienes a conquistar la playa o nomás a verte buena?

Su voz grave me erizó la piel. Reí, coqueteando con la mirada. Alex se unió rápido, como si fueran un equipo perfecto. Platicamos de todo: de cómo odiaban el tráfico de Cancún, de lo neta padre que era la fiesta, de deseos que se escapaban entre risas. El alcohol calentaba mi vientre, y sus toques casuales —una mano en la cintura, un roce en el brazo— encendían chispas. Sentía mi panocha humedeciéndose bajo el vestido ligero, el corazón latiendo como tambor de banda sinaloense.

La tensión crecía con cada trago. Luis me susurró al oído, su aliento cálido rozando mi lóbulo:

Neta, Carla, desde que te vimos pensamos en un trio hombre mujer hombre xxx contigo. ¿Te late la idea?

Me quedé helada un segundo, pero el calor entre mis piernas gritaba . ¿Por qué no? Éramos adultos, solteros, con ganas mutuas. Asentí, mordiéndome el labio, y Alex soltó una carcajada ronca que vibró en mi pecho.

Acto uno completo: la chispa encendida.

Nos escabullimos de la fiesta hacia la playa privada de la villa. La luna llena pintaba el agua de plata, las olas rompiendo suaves como susurros eróticos. El aire salado se mezclaba con el aroma de sus cuerpos: sudor fresco, testosterona pura. Caminamos descalzos, la arena tibia masajeando mis pies, hasta un rincón apartado con palmeras curvadas como testigos mudos.

Luis me jaló hacia él primero, sus labios capturando los míos en un beso hambriento. Sabía a tequila y deseo, su lengua explorando mi boca con urgencia. Alex se pegó por detrás, sus manos grandes subiendo por mis muslos, rozando el borde de mis tangas. Qué rico se siente esto, pensé, mientras gemía en la boca de Luis. Sus erecciones presionaban contra mí: la de Luis dura contra mi vientre, la de Alex palpitante en mis nalgas. El roce me volvía loca, mi piel ardiendo bajo sus palmas ásperas.

Me quitaron el vestido despacio, reverenciando cada centímetro de mi cuerpo desnudo. La brisa nocturna endurecía mis pezones, y ellos jadearon al verlos. Alex chupó uno, su boca caliente y húmeda succionando con maestría, mientras Luis lamía el otro, mordisqueando suave. El placer era eléctrico, corrientes bajando directo a mi clítoris hinchado. Caí de rodillas en la arena, el grano fino adhiriéndose a mis rodillas como un amante juguetón. Desabroché sus pantalones: vergas gruesas saltaron libres, venosas y calientes, oliendo a macho excitado.

Primera mamada compartida. Tomé la de Luis en mi mano, lamiendo la punta salada, mientras Alex se la pajeaba viéndome. Intercambié, chupando a Alex profundo, garganta relajada por la práctica solitaria en la ducha. Sus gemidos roncos —"¡Qué chingona boca, Carla!"— me empapaban más. La saliva corría por sus tallos, mis labios hinchados por el roce. Luis me levantó, acostándome en una toalla que Alex extendió. Sus lenguas atacaron mi panocha: Luis lamiendo mi clítoris en círculos perfectos, Alex metiendo dos dedos gruesos, curvándolos en mi punto G. El sonido chapoteante de mi jugo era obsceno, mezclado con mis alaridos ahogados por la ola cercana.

La tensión subía como marea alta. Quiero más, los quiero adentro. Luis se posicionó primero, su verga empujando lento, estirándome delicioso. ¡Ay, cabrón, qué grande! Gemí, uñas clavándose en su espalda tatuada. Alex besaba mi cuello, mordiendo suave, mientras yo montaba a Luis, caderas girando en ritmo ancestral. El sudor nos unía, piel resbalosa chocando con palmadas húmedas. Cambiamos: Alex entró por detrás en perrito, su verga golpeando profundo, bolas azotando mi clítoris. Luis debajo, chupando mis tetas rebotantes. Sentía sus pulsos acelerados contra mi piel, olores mezclados —mío dulce y almizclado, suyos salados y potentes.

El medio acto ardía: luchas internas disipadas por puro instinto.

No pares, weyes, fóllenme hasta el alma
, rogaba en mi mente, mientras el orgasmo se acercaba como tormenta maya.

El clímax explotó cuando nos sincronizamos en un trio hombre mujer hombre xxx perfecto. Yo encima de Alex, su verga enterrada en mi panocha, Luis lubricado con mi saliva entrando en mi culo virgen para esta noche. El doble llenado era abrumador: estiramiento ardiente, placer punzante rayando en dolor exquisito. Se movían alternos, uno entrando mientras el otro salía, fricción infernal. Mis paredes contraídas ordeñaban sus vergas, jugos chorreando por muslos. Oí mis gritos roncos —"¡Sí, pendejos, así, qué rico!"—, sus gruñidos animales —"Te vas a venir con nosotros, reina"—. El mundo se redujo a sensaciones: arena picando espaldas, sal en labios, venas palpitando dentro, olor a sexo crudo impregnando la noche.

Explotamos juntos. Mi orgasmo fue un tsunami: espasmos violentos sacudiéndome, panocha convulsionando, chorro caliente salpicando sus pelvis. Luis se corrió primero en mi culo, chorros calientes inundándome, gemido gutural vibrando en mi piel. Alex siguió, llenando mi coño con leche espesa, su cuerpo temblando bajo el mío. Colapsamos en un enredo sudoroso, respiraciones entrecortadas mezclándose con el romper de olas. Sus manos me acariciaban perezosas, besos suaves en hombros y cuello.

En el afterglow, yacimos mirando estrellas, arena enfriándose bajo nosotros. Luis trazaba círculos en mi vientre, Alex besaba mi sien. Esto fue más que sexo: conexión pura, empoderamiento en carne viva. Reímos bajito, planeando el amanecer. La playa nos arrullaba, testigo de nuestra pasión mayúscula. México me había dado el regalo perfecto: un trio hombre mujer hombre xxx que grabaría en mi piel para siempre.

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