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El Tri Laser Diodo que Enciende la Piel

6439 palabras

El Tri Laser Diodo que Enciende la Piel

Entré al consultorio de la clínica en Polanco con el corazón latiéndome como tambor de banda. El aire olía a limpio, a ese desinfectante suave mezclado con esencia de lavanda que te hace sentir chida y relajada de entrada. Yo, Ana, de treinta y tantos, había decidido dar el paso con el tri laser diodo para dejar mi zona bikini impecable, lista para lo que viniera. No era solo por vanidad, neta, era por esa sensación de libertad, de piel suave que invita al toque sin barreras.

La recepcionista me sonrió con esa calidez mexicana que te hace sentir en casa. —Pasa, Ana, el lic Marco ya te espera, me dijo. Lic Marco. Sonaba profesional, pero cuando lo vi, ¡órale! Alto, moreno, con ojos cafés que brillaban como café de olla recién hecho y una sonrisa que prometía más que depilación. Llevaba bata blanca ajustada que marcaba sus hombros anchos, y un tatuaje asomando en el antebrazo. Me saludó con un ¡Qué onda, Ana! ¿Lista para el tri laser diodo? Su voz grave me erizó la piel.

Me acomodó en la camilla, una cosa moderna con luces LED suaves y gel frío que ya estaba preparado. —Quítate la ropa de abajo y ponte bocabajo primero, instruyó con naturalidad. Me sonrojé, pero obedecí. El cuarto estaba tibio, con música lounge de fondo, bajita, como susurro. Sentí el aire acondicionado rozándome las nalgas desnudas mientras él preparaba la máquina. El zumbido del tri laser diodo empezó, un pitido agudo seguido de pulsos cálidos que me hicieron jadear. Cada disparo era como un beso ardiente, preciso, quemando el vello sin dolor, solo calor que se extendía hasta mi entrepierna.

¿Por qué carajos me excita esto tanto? Es solo un tratamiento, Ana, no seas pendeja
, pensé mientras apretaba las sábanas. Su mano enguantada rozaba mi piel para aplicar gel, y aunque era pro, sentía electricidad. —Relájate, carnala, el tri laser diodo es lo máximo para piel suave como terciopelo, murmuró cerca de mi oído. Su aliento olía a menta fresca. Volteé la cara y lo pillé mirándome el culo con disimulo. Nuestras miradas chocaron, y ahí empezó la tensión.

Me pidió voltearme para la parte frontal. Ahora sí, expuesta total. Cubrí mis pechos con los brazos por pudor, pero él rio bajito. —Tranquila, aquí todo es natural. El tri laser diodo va perfecto en labios y todo. Sus dedos separaron mis pliegues con gentileza profesional, aplicando gel frío que contrastaba con el calor del láser. Cada pulso era una punzada placentera, vibrando hasta mi clítoris. Gemí sin querer, y él pausó. —¿Todo bien? Asentí, mordiéndome el labio. —Sí, está... intenso.

El tratamiento duró veinte minutos que parecieron horas de tortura deliciosa. Mi piel ardía suave, sensible al mínimo roce. Cuando terminó, me pasó una crema calmante, sus manos ahora sin guantes, masajeando mis muslos internos. —Esto ayuda con la inflamación, déjame darte un masajito extra, ¿sale? Su toque era firme, subiendo despacio, rozando el borde de mis labios hinchados por el calor. Olía a su colonia, madera y cítricos, mezclada con mi propia humedad que traicionaba todo.

—Neta, Marco, tus manos son mágicas, solté, voz ronca. Él sonrió pícaro. —Y tu piel después del tri laser diodo está para comértela. Suave como durazno. Sus dedos se aventuraron más, rozando mi entrada. Me arqueé, invitándolo sin palabras.

Esto es consensual, ¿verdad? Sí, lo quiero. Me muero por sentirlo
. Lo jalé de la bata, besándolo con hambre. Sus labios sabían salados, urgentes, lengua danzando con la mía mientras sus manos exploraban mi nueva piel lampiña.

Me bajó de la camilla y me sentó en el borde, arrodillándose entre mis piernas. El espejo del fondo reflejaba todo: mi coño rosado, reluciente por el láser y mis jugos. —Mírate, Ana, el tri laser diodo te dejó perfecta, dijo antes de lamer despacio. Su lengua plana recorrió mis labios, saboreando el gel mentolado mezclado con mi esencia salada. Gemí fuerte, manos en su pelo negro revuelto. Chupaba mi clítoris hinchado con succión suave, dedos curvándose dentro de mí, tocando ese punto que me hacía ver estrellas. El sonido era obsceno: lamidas húmedas, mis jadeos, su gruñido de placer.

Lo empujé hacia arriba, desabrochando su pantalón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, goteando precum. —Cabrón, estás listo, reí, acariciándola. Piel caliente, pulso latiendo contra mi palma. Me la metí a la boca, saboreando su sabor almizclado, lengua girando en la cabeza mientras él jadeaba ¡Pinche chava, qué rica!. Lo mamé profundo, garganta relajada, saliva chorreando por mi barbilla. Él se movía, follando mi boca con cuidado, ojos fijos en los míos.

No aguantamos más. Me recargó contra la pared, levantando una pierna. Entró de un empujón lento, estirándome delicioso. —Ay, wey, qué grande, suspiré. Su piel contra mi piel recién lasereada era éxtasis puro: suave, sensible, cada roce multiplicado. Embestía rítmico, bolas golpeando mi culo, sudor perlando su pecho. Olía a sexo crudo, a nosotros. Besos mordidas en el cuello, uñas clavándose en su espalda.

Siento cada vena, cada pulso. El tri laser diodo hizo esto posible, piel en piel sin nada
.

Cambié de posición, montándolo en la camilla. Rebotaba fuerte, pechos saltando, sus manos amasándolos, pellizcando pezones duros. —Fóllame más duro, Marco. Aumentó el paso, caderas chocando con palmadas húmedas. Mi clítoris rozaba su pubis, building that fuego. Gemidos en coro, su ¡Ya casi, Ana! me llevó al borde. Exploté primero, paredes contrayéndose alrededor de él, jugos chorreando, grito ahogado. Él siguió dos embestidas más, gruñendo al correrse dentro, calor llenándome.

Colapsamos jadeantes, cuerpos pegajosos. Me besó la frente, suave. —Fue chingón, ¿verdad? El tri laser diodo como preámbulo perfecto. Reí, acurrucándome en su pecho. Mi piel palpitaba feliz, suave eterna. Nos limpiamos mutuo, risas cómplices, promesas de sesión dos.

Salí de la clínica con paso ligero, el sol de la tarde calentándome la cara. Adentro, un calor distinto ardía. El tri laser diodo no solo quitó vello, despertó algo salvaje. Y neta, valió cada pulso.

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