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Un Simple Pasado De Try

6898 palabras

Un Simple Pasado De Try

Tú estás en esa fiesta en Polanco, con el aire cargado de perfume caro y risas falsas de los chilangos bien. La música retumba bajito, un remix de cumbia que hace vibrar el piso bajo tus pies. Llevas una camisa ajustada que marca tus músculos del gym, y sientes el sudor fresco perlando tu cuello por el calor de la noche. De repente, la ves: ella, morena como el chocolate de Oaxaca, con curvas que parecen esculpidas por los dioses aztecas. Su vestido rojo ceñido deja ver el vaivén de sus chichis generosas y el culazo que te hace tragar saliva.

Órale, wey, esta mamacita está para chuparse los dedos, piensas mientras te acercas al bar. Pides un tequila reposado, el aroma fuerte y terroso sube por tu nariz, quemándote la garganta al primer trago. Ella está ahí, riendo con unas amigas, su piel brilla bajo las luces neón. Te miras en el espejo del fondo: ojos cafés intensos, barba recortada, listo para la caza.

¿Qué onda, guapo? ¿Vienes a conquistar o nomás a ver?
te suelta con voz ronca, ojos juguetones clavados en los tuyos. Su aliento huele a margarita con sal, dulce y cítrico.

Te ríes, sientes el pulso acelerarse en tus venas. —

Neta, vengo por ti. Soy Alex, y tú pareces el premio gordo de la lotería.

Se llama Sofia, 28 años, diseñadora gráfica freelance, vive en la Roma. Charlan media hora, coqueteos que suben la temperatura: toques casuales en el brazo, su risa como campanas que te erizan la piel. Sientes su calor corporal acercándose, el roce de su muslo contra el tuyo. El deseo crece como una ola en el Pacífico, lento pero imparable. Al final, te invita a su depa. —

Vámonos, pendejo, que aquí ya no hay nada chido.

En el Uber, sus manos ya exploran: dedos suaves trazando tu muslo interno, tu erección creciendo dura contra los jeans. El tráfico de la CDMX es un caos, cláxones y luces rojas que dan tiempo para besos robados. Sus labios carnosos saben a tequila y menta, lengua juguetona enredándose con la tuya. Gemís bajito, el chofer disimulando en el retrovisor.

Llegan a su loft en la Roma, minimalista con plantas colgantes y velas aromáticas a vainilla que impregnan el aire. Cierra la puerta y te empuja contra la pared, sus uñas arañando tu pecho. —

Quítate eso, cabrón, quiero verte todo.
Obedeces, corazón latiendo como tambor de mariachi. Ella se desabrocha el vestido, revelando lencería negra que abraza sus pechos firmes y la tanga que apenas cubre su monte de Venus depilado.

Chin, esta chava es puro fuego, piensas mientras la cargas al sillón de cuero. El tacto fresco del cuero contra tu espalda desnuda contrasta con su piel ardiente presionada contra ti. Besas su cuello, saboreando el salado sudor mezclado con su perfume floral. Ella arquea la espalda, gimiendo suave: —

Sí, así, wey... bájale más.

Tus manos recorren sus curvas: aprietas sus nalgas redondas, elásticas bajo tus palmas, mientras chupas un pezón rosado, duro como cereza. Su aroma a mujer excitada sube, almizclado y dulce, haciendo que tu verga palpite dolorida. Baja la mano, la metes en su tanga húmeda; sus labios vaginales resbalosos, el clítoris hinchado pidiendo atención. La frotas lento, círculos precisos, escuchando sus jadeos entrecortados que llenan la habitación como música prohibida.

Pero hay una pausa, un momento de duda en su mirada. —

Sabes, esto me recuerda mi simple past de try con un ex. Fue tan simple, tan torpe... un try fallido en la playa de Puerto Vallarta. Pero contigo siento que va a ser diferente, neta.
Sonríes, besándola profundo. —
Olvídate del pasado, Sofia. Hoy es nuestro try perfecto.

La tensión sube como el volcán Popo a punto de estallar. La recuestas en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como nubes. Le quitas la tanga, admirando su concha rosada, jugosa, brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Bajas la cabeza, inhalas su esencia íntima, embriagadora. Tu lengua lame despacio, desde el perineo hasta el clítoris, saboreando su néctar salado-dulce. Ella agarra tu pelo, caderas moviéndose al ritmo: —

¡Ay, cabrón! ¡No pares, métela toda!
Chupas más fuerte, dedos curvados dentro de ella tocando ese punto G que la hace temblar, jugos empapando tu barbilla.

Ahora ella toma control, te voltea boca arriba. —

Mi turno, machote.
Se arrodilla entre tus piernas, ojos fijos en tu verga erecta, venosa, goteando pre-semen. La acaricia suave, piel aterciopelada sobre acero, luego la engulle. Su boca caliente, succionando con maestría, lengua girando en la cabeza sensible. Sientes el vacío en el estómago, bolas apretándose, gemidos guturales saliendo de tu garganta. El sonido húmedo de su felación, slurp slurp, mezclado con su ronroneo de placer.

No aguantas más. —

Vente, Sofia, súbete.
Ella obedece, montándote a lo cowgirl. Su concha se traga tu verga centímetro a centímetro, apretada, caliente como tamal recién hecho. Empieza a cabalgar, pechos rebotando hipnóticos, uñas clavadas en tu pecho. Tú agarras sus caderas anchas, embistiendo arriba, piel contra piel en palmadas rítmicas. Sudor perla vuestros cuerpos, el olor a sexo crudo llena el aire: almizcle, sal, pasión desatada.

Esto es puro éxtasis, wey. Cada thrust me lleva al cielo, piensas mientras ella acelera, gritando: —

¡Más duro, pendejo! ¡Cógeme como animal!
Cambian a misionero, piernas de ella sobre tus hombros, penetrando profundo. Sientes sus paredes contraerse, ordeñándote. El clímax se acerca: pulsos acelerados sincronizados, respiraciones jadeantes. Ella explota primero, cuerpo convulsionando, concha chorreando, grito ahogado: —
¡Me vengo, Alex! ¡Síiii!

Tú la sigues, verga hinchándose, chorros calientes llenándola hasta rebosar. El orgasmo te sacude como terremoto, visión borrosa, músculos tensos liberándose en olas de placer infinito. Colapsan juntos, cuerpos entrelazados, pegajosos de sudor y fluidos. El silencio roto solo por respiraciones pesadas y el tictac lejano de un reloj.

Después, en el afterglow, ella acurrucada en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. Su aroma post-sexo te envuelve, reconfortante. —

Chin, eso fue épico. Mi simple past de try se quedó chiquito al lado de esto.
Ríes bajito, besando su frente. —
Fue mutuo, amor. Y hay más tries por venir.

Duermes con ella, el amanecer filtrándose por las cortinas, sabiendo que este encuentro cambió algo profundo. No fue solo un polvo; fue conexión, deseo puro, un nuevo capítulo en tu vida mexicana llena de pasión.

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