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Timmy T Un Intento Más

7185 palabras

Timmy T Un Intento Más

Estás en un bar chido de la Condesa, con luces neón parpadeando sobre la barra y el olor a tequila reposado mezclándose con el humo dulce de los cigarros electrónicos. La música retumba, un remix de cumbia rebajada que hace vibrar el piso bajo tus tacones. Llevas un vestido negro ajustado que abraza tus curvas como una promesa, y sientes el calor de la noche pegándose a tu piel morena. De repente, lo ves: Timmy T, o sea Timoteo, tu ex, con esa sonrisa pícara que siempre te desarmaba. Alto, moreno, con tatuajes asomando por las mangas de su camisa blanca desabotonada, y ese pelo revuelto que pide a gritos que lo agarres.

Él te mira desde el otro lado del bar, sus ojos cafés intensos clavándose en los tuyos como si el tiempo no hubiera pasado. Hace seis meses que terminaron, pero neta, cada vez que piensas en él, sientes un cosquilleo entre las piernas. Se acerca, con un vaso de mezcal en la mano, oliendo a colonia cara y a hombre que sabe lo que quiere.

—Órale, nena, ¿qué onda? —dice con esa voz ronca que te eriza la piel—. Timmy T one more try, ¿no? Como la rola que tanto nos gustaba.

Te ríes, porque sí, esa canción de Timmy T era su himno cuando estaban juntos, la que ponía para convencerte de una noche más loca. Sientes el pulso acelerarse, el ruido de la gente a tu alrededor desvaneciéndose mientras su mano roza tu brazo, cálida y firme.

¿Por qué carajos no puedo resistirme? Este pendejo siempre sabe cómo hacerme suya con una mirada.

—No seas mamón, Timmy —le contestas, pero tu cuerpo ya se inclina hacia él, traicionándote—. Ya valió, terminamos por algo.

Pero él no se rinde. Te invita a bailar, y cuando su cadera choca con la tuya en la pista, sientes la dureza de su verga presionando contra tu trasero a través de la tela. El sudor comienza a perlar su cuello, y tú inhalas su aroma, mezcla de sal y deseo puro. Sus manos bajan por tu cintura, apretando lo justo para recordarte cómo te tocaba antes, con esa mezcla de ternura y hambre que te volvía loca.

La noche avanza, shots de tequila van y vienen, y cada roce enciende una chispa. Terminan en una mesita apartada, sus labios rozando tu oreja mientras susurra:

—Dame una oportunidad más, mi reina. Timmy T one more try, y te juro que esta vez no te suelto.

Sientes el calor subir por tu pecho, tus pezones endureciéndose bajo el vestido. Neta, ¿por qué no? Piensas. Lo tomas de la mano y salen del bar, el aire fresco de la noche golpeándolos como una caricia inesperada. Caminan unas cuadras hasta su depa en una colonia fancy, con vistas a los edificios iluminados de la ciudad.

Adentro, la puerta se cierra con un clic que suena a rendición. La luz tenue de una lámpara baña la habitación, oliendo a sábanas limpias y a su loción. Él te empuja suave contra la pared, sus labios capturando los tuyos en un beso que sabe a mezcal y urgencia. Su lengua invade tu boca, explorando con maestría, mientras sus manos suben por tus muslos, arrugando el vestido hasta dejar tus piernas al aire.

Qué chingón besas, cabrón. Siento mi concha humedeciéndose solo con tu aliento.

Te desabrocha el vestido con dedos temblorosos de excitación, dejándolo caer al piso. Quedas en tanga y bra, tu piel erizándose bajo su mirada hambrienta. Él se quita la camisa, revelando ese pecho marcado por horas en el gym, y los abdominales que tanto te gustaba lamer. Lo empujas al sofá, montándote a horcajadas sobre él, sintiendo su erección dura como piedra contra tu centro.

—Te extrañé tanto, wey —gimes mientras muerdes su labio inferior, saboreando el leve sabor metálico de su sangre.

Sus manos amasan tus nalgas, apretando con fuerza juguetona, y un dedo se cuela bajo la tanga, rozando tu clítoris hinchado. Un jadeo escapa de tu garganta, el sonido ahogado por la música suave que él pone de fondo —claro, Timmy T sonando bajito—. El roce es eléctrico, círculos lentos que te hacen arquear la espalda, tus jugos empapando su dedo.

Lo bajas al piso, arrodillándote para desabrocharle el pantalón. Su verga salta libre, gruesa y venosa, con la cabeza brillante de precum. La tomas en la mano, sintiendo su calor pulsante, y la lames desde la base hasta la punta, saboreando el salado almizcle que es puro Timmy. Él gime, —Sí, nena, chúpamela así, enredando los dedos en tu pelo mientras te la mete hasta la garganta. El sonido húmedo de tu boca llenando la habitación, mezclado con sus gruñidos guturales, te pone más caliente.

Pero no lo dejas acabar. Te levantas, quitándote la tanga, y te sientas en su cara, tu concha chorreando sobre sus labios. Su lengua ataca de inmediato, lamiendo tus labios mayores, succionando el clítoris con avidez. Sientes cada pasada como fuego líquido, tus caderas moliendo contra su boca, el olor de tu arousal llenando el aire. ¡Qué rico, pendejo! No pares...

Es como si supiera exactamente dónde tocar para volverme loca, cada lamida manda ondas de placer hasta mi cerebro.

El orgasmo te golpea fuerte, tus muslos temblando alrededor de su cabeza, gritando su nombre mientras chorreas en su boca. Él te lame todo, bebiendo tus jugos como si fueran néctar.

Ahora es tu turno de montarlo. Lo guías dentro de ti, su verga estirándote deliciosamente, llenándote hasta el fondo. Gritas de placer al sentirlo palpitar adentro, y comienzas a cabalgar, tus tetas rebotando con cada embestida. Él te agarra las caderas, clavando los dedos en tu carne suave, empujando hacia arriba para golpear ese punto que te hace ver estrellas. El slap-slap de piel contra piel, sudada y resbalosa, resuena como un tambor primitivo.

—Más duro, Timmy, cógeme más duro —suplicas, arañando su pecho.

Cambia de posición, poniéndote a cuatro patas en el sofá. Entra de nuevo, profundo y salvaje, su pelvis chocando contra tu culo con fuerza. Sientes sus bolas golpeando tu clítoris, el sudor goteando de su frente a tu espalda. Cada embestida manda ondas de éxtasis por tu espina, tu concha contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo.

—Me vengo, nena... juntos... gruñe, y acelera, sus manos en tus tetas, pellizcando los pezones.

El clímax los arrasa como una ola, tú gritando mientras tu coño se aprieta en espasmos, ordeñando su leche caliente que inunda tu interior, goteando por tus muslos. Colapsan juntos, jadeantes, su cuerpo pesado sobre el tuyo, el corazón latiéndole contra tu espalda como un tambor.

Después, en la cama, envueltos en sábanas revueltas que huelen a sexo y a ellos, él te acaricia el pelo, besando tu frente.

—Esta vez va en serio, mi amor. Timmy T one more try, pero para siempre.

Neta, creo que sí. Siento su calor adentro de mí, no solo en el cuerpo, sino en el alma. Quizás este pendejo sea el bueno.

Te acurrucas contra él, el sueño llegando suave, con el eco de sus latidos y el sabor de su piel en tus labios. La ciudad murmura afuera, pero aquí dentro, todo es paz y promesa.

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