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Tri Luma Crema Similares en Mi Piel Encendida

6907 palabras

Tri Luma Crema Similares en Mi Piel Encendida

Me miré al espejo esa mañana, con el sol de la Ciudad de México colándose por las cortinas de mi departamento en Polanco. Mi piel morena, siempre tan chula pero marcada por esas manchas traicioneras del melasma que me tenían harta. Neta, quería sentirme sexy de nuevo, como antes de que el estrés del trabajo me apagara el fuego. Ahí fue cuando recordé lo de Tri Luma crema similares, esas cremitas que mis amigas del gym mencionaban para aclarar y unificar el tono. Busqué en línea, pedí unas cuantas opciones baratas y efectivas, y al día siguiente ya las tenía en mis manos.

Apliqué la primera capa esa noche, después de mi ducha. El aroma fresco, casi mentolado, me invadió las fosas nasales, mientras mis dedos resbalaban suaves sobre mi rostro, cuello y escote.

Órale, esto se siente como un masaje prohibido
, pensé, mientras el frescor se hundía en mi piel tibia. Me acosté imaginando cómo brillaría mi cara en unos días, lista para conquistar. Pero no sabía que esa crema no solo aclararía manchas, sino que despertaría algo más profundo en mí.

Los días pasaron y mi piel empezó a transformarse. Las manchas se difuminaron, dejando un glow uniforme que me hacía sentir chida total. Salí a la calle con más confianza, mi falda ajustada ondeando con la brisa, el sol besando mi rostro renovado. Fue en el café de la esquina donde lo vi: Marco, ese wey alto, moreno, con ojos que te desnudan sin decir ni madres. Nos cruzamos miradas, y él sonrió como si ya supiera mi secreto.

¡Qué buena pinta traes, morra! —me dijo, acercándose con esa voz grave que me erizó la piel.

Nos pusimos a platicar de todo y nada: el tráfico chingo de Reforma, los tacos al pastor más ricos de la Juárez. Sentí un cosquilleo en el estómago, como si la crema hubiera llegado hasta mis entrañas. ¿Será que ahora me veo tan sabrosa que lo atraigo así? Invité a Marco a mi depa esa misma noche, pretextando un café. Pero los dos sabíamos que era puro pretexto.

Entró y el aire se cargó de electricidad. Me acerqué, oliendo su colonia amaderada mezclada con el sudor ligero de la tarde calurosa. Sus manos grandes tomaron mi cintura, y yo subí las mías por su pecho firme bajo la camisa.

Tu piel huele a algo exótico, como a deseo fresco —murmuró, besándome el cuello.

Le conté rapidito de las Tri Luma crema similares que había probado, cómo me habían devuelto la confianza. Él rio bajito, pendejo sexy, y dijo:

Pos ya valió, ahora quiero probar todo ese glow en ti.

Nos besamos con hambre, lenguas danzando, saboreando el dulce de su boca con un toque salado. Lo jalé al sillón, quitándole la camisa mientras él desabrochaba mi blusa. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada ardiente. El roce de sus dedos ásperos en mi piel suavizada por la crema era puro fuego: tacto rugoso contra suavidad sedosa, enviando chispas directo a mi entrepierna.

Me recostó despacio, sus labios trazando caminos húmedos desde mi clavícula hasta mi ombligo. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, mezclado con mis gemidos suaves.

Chingado, qué bien se siente esto, como si mi cuerpo entero estuviera despierto por primera vez
. Bajó más, besando mis muslos internos, inhalando mi aroma almizclado de excitación. Sus dedos separaron mis labios húmedos, y sentí su lengua caliente lamiendo lento, saboreándome como si fuera el mejor pozole de mi vida.

Estás riquísima, wey... no pares —jadeé, arqueando la espalda.

Marco chupaba mi clítoris con maestría, círculos precisos que me hacían temblar. El calor subía en oleadas, mi pulso latiendo fuerte en las sienes, en el cuello, entre las piernas. Oí mis propios jugos chapoteando bajo su boca insaciable, el slap suave y obsceno que me volvía loca. Introdujo un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, en ese punto que me hace ver estrellas. Mi primer orgasmo llegó como tsunami: cuerpo convulsionando, grito ahogado, olor a sexo impregnando el aire.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda mientras sus manos amasaban mis nalgas firmes. Sentí su verga dura presionando contra mí, gruesa y pulsante. Neta, era perfecta: venosa, caliente, lista para mí. Me puse de rodillas, mirándolo a los ojos mientras la lamía de abajo arriba. Su sabor salado, masculino, me inundó la boca. La chupé profundo, garganta relajada, oyendo sus gruñidos roncos: Aaah, cabrona deliciosa.

Me levantó como pluma, llevándome a la cama. Nuestros cuerpos se enredaron, piel contra piel, sudor perlando nuestras frentes. Entró en mí despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. El roce interno era exquisito, su glande rozando mis paredes sensibles. Empezamos a movernos en ritmo, caderas chocando con palmadas húmedas, el colchón crujiendo bajo nosotros.

Más fuerte, Marco, dame todo —supliqué, uñas clavándose en su espalda.

Aceleró, embistiéndome profundo, bolas golpeando mi culo. Cada thrust mandaba ondas de placer por mi espina, pechos rebotando, pezones rozando su pecho velludo. Olía a nosotros: sudor, crema residual, esencia pura de follada intensa. Mis paredes lo apretaban, ordeñándolo, mientras él gemía mi nombre.

Esto es lo que necesitaba, esta conexión salvaje, mi piel nueva brillando bajo sus caricias
.

Cambié de posición, montándolo como reina. Sus manos en mis caderas guiaban, pero yo mandaba el paso: arriba abajo, girando, sintiendo cómo me llenaba hasta el fondo. Mis tetas bailaban frente a su cara, y él las succionaba, mordisqueando suave. El clímax se acercaba de nuevo, tensión enredándose en mi vientre como resorte apretado. Grité primero, orgasmos múltiples explotando, jugos chorreando por su verga.

Él se tensó debajo de mí, gruñendo como animal:

Me vengo, amor... ¡ahí!

Sentí su leche caliente inundándome, pulsos calientes uno tras otro. Colapsamos juntos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos y satisfechos. El afterglow fue puro éxtasis: su cabeza en mi pecho, mis dedos enredados en su pelo húmedo. La habitación olía a sexo consumado, a promesas de más noches así.

Al día siguiente, me miré al espejo de nuevo. No solo las manchas se habían ido gracias a esas Tri Luma crema similares, sino que mi piel entera brillaba con un nuevo fuego interior. Marco se quedó a desayunar, y mientras preparaba los chilaquiles, su mano se coló bajo mi bata, prometiendo otra ronda. Órale, pensé, esto apenas empieza. Mi confianza renovada no era solo cosmética; era el catalizador de un deseo que ardía sin control.

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