Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Mi Try Haul Caliente Mi Try Haul Caliente

Mi Try Haul Caliente

6988 palabras

Mi Try Haul Caliente

Era un sábado chido en mi depa de la Condesa, con el sol colándose por las cortinas y ese olor a café recién molido flotando en el aire. Acababa de llegar el paquete que tanto esperaba: un try haul de lencería que pedí en línea, de esas tiendas gringas que traen cosas bien pinches sexys. Mi corazón latía fuerte mientras lo abría, imaginando cómo me vería con cada prenda. Llamé a Alex, mi morro, el wey que me traía loca con sus ojos cafés y esas manos grandes que me volvían gelatina.

Órale, carnal, ven para acá. Tengo una sorpresa que te va a volar la cabeza.
Le mandé un mensajito con foto de la caja, y en menos de media hora ya estaba tocando la puerta, con esa sonrisa pícara que me hacía mojarme al instante.

Entró oliendo a colonia fresca y sudor ligero del camino, su camiseta pegada al pecho marcado por el gym. ¡Neta, qué rico! Lo jalé al cuarto, donde ya tenía el espejo de cuerpo entero listo y la cámara del cel en trípode, porque ¿por qué no grabar mi try haul para nosotros solitos después? "Mira, amor, esto es para ti", le dije, sacando el primer set: un bra de encaje negro con tanguita a juego, bien diminuta.

Me metí al baño a cambiarme rápido, sintiendo la tela suave rozando mi piel, erizándome los vellos. Salí posando como en TikTok, girando despacio. El espejo reflejaba mis curvas, mis chichis firmes asomando por el encaje, y mis nalgas redondas que Alex tanto amaba morder. Él se recargó en la cama, con los ojos clavados en mí, su respiración ya un poco agitada. Puta madre, qué mirada tan hambrienta.

"¿Qué tal, guapo? ¿Te late?", pregunté, pasando las manos por mis caderas, el roce del encaje contra mis pezones endureciéndolos al toque. Él tragó saliva, su voz ronca: "Estás cañón, mi reina. Ven pa'cá". Pero lo detuve con un dedo en los labios. "Aún no, esto es el try haul. Tienes que esperar al siguiente".

Acto uno del show: caminé hacia él contoneándome, el sonido de mis tacones en el piso de madera resonando como un tambor en mi pecho acelerado. Me senté en su regazo un ratito, sintiendo su verga ya dura presionando contra mi culo a través del pantalón. Su calor me quemaba, y el olor de su excitación, ese almizcle masculino mezclado con su sudor, me invadió las fosas nasales. Le di un beso ligero en la boca, saboreando su lengua juguetona, pero me levanté antes de que me tumbara.

Segundo outfit: un babydoll rojo transparente, con ligueros y medias de red. Me lo puse pensando en él, en cómo me había dicho una vez que el rojo lo ponía como toro. Salí y el aire fresco del cuarto me erizó la piel bajo la tela casi invisible. Alex se mordió el labio, sus manos apretando las sábanas.

Si no me calmo, este wey me va a comer viva aquí mismo
, pensé, mientras giraba y el babydoll se levantaba mostrando mi coñito depilado, ya húmedo y palpitante.

"Chin**gadamadre, Lu, estás para comerte entera", gruñó, levantándose. Lo empujé juguetona contra la pared, mis tetas rozando su pecho. "Paciencia, pendejo. Mira cómo se siente". Le tomé la mano y la puse en mi muslo, guiándola arriba por la media hasta el liguero. Su palma áspera contra mi piel suave era electricidad pura, y cuando rozó mi entrepierna, gemí bajito, sintiendo el calor de sus dedos cerca de mi clítoris hinchado.

La tensión crecía como olla exprés. Cada prenda que me probaba era un paso más cerca del borde. Tercero: un corsé morado con perforaciones, que me apretaba la cintura haciendo mis chichis explotar hacia arriba. El cuero sintético crujía al moverme, y olía a nuevo, mezclado con mi aroma de excitación que ya empapaba el aire. Alex ya no aguantaba sentado; se paró detrás de mí frente al espejo, sus manos en mis hombros, bajando despacio por mis brazos.

Su aliento caliente en mi cuello, ese cosquilleo... "Déjame ayudarte con el siguiente", murmuró, su voz vibrando contra mi oreja. Yo asentí, jadeando, mientras sacaba el último: un conjunto blanco de novia pervertida, con velo corto y portaligas. Pero ya no era solo un try haul; era nuestro foreplay privado. Me ayudó a quitármelo todo, sus dedos temblando de deseo, besando cada centímetro de piel que liberaba.

En el espejo, nos veíamos como animales en celo: yo desnuda, mi piel bronceada reluciente de sudor ligero, pezones duros como piedras; él quitándose la ropa con prisa, su verga erecta saltando libre, venosa y gruesa, goteando ya de precum. El olor a sexo nos envolvía, ese almizcle dulce y salado que me hacía salivar. "Te necesito, Lu", dijo, volteándome para besarme con hambre, su lengua invadiendo mi boca como si quisiera devorarme.

Lo empujé a la cama, montándome encima. Sus manos amasaron mis nalgas, separándolas, un dedo rozando mi ano juguetón mientras yo frotaba mi coñito mojado contra su pija dura. ¡Qué rico su calor, su grosor! Gemí fuerte cuando lo acomodé en mi entrada, bajando despacio, sintiéndolo estirarme centímetro a centímetro. El sonido húmedo de mi jugo chorreando sobre él, el slap de piel contra piel al empezar a cabalgar.

La intensidad subía: mis caderas girando, sus embestidas desde abajo golpeando mi punto G con precisión. Sudor perlando nuestros cuerpos, el slap-slap rítmico mezclándose con nuestros gemidos. "¡Más duro, cabrón! ¡Dame todo!", le grité, clavando uñas en su pecho. Él me volteó, poniéndome a cuatro, su verga entrando de nuevo de un jalón profundo. Sentí sus bolas peludas golpeando mi clítoris, su mano en mi pelo jalando suave, dominante pero cariñoso.

Esto es puro fuego, neta me voy a venir como nunca
. El clímax se acercaba, mi vientre contrayéndose, piernas temblando. Él aceleró, gruñendo mi nombre: "¡Lu, mi amor, apriétame!". Exploté primero, un orgasmo que me sacudió entera, mi coño chorreando jugos calientes sobre su verga, gritando su nombre mientras olas de placer me nublaban la vista. Él se vino segundos después, llenándome con chorros calientes y espesos, su cuerpo colapsando sobre el mío, palpitando dentro.

Nos quedamos así, jadeando, envueltos en el olor a sexo crudo y piel sudada. Su peso sobre mí era reconfortante, sus labios besando mi espalda. "Ese try haul fue lo mejor que has hecho, mi vida", susurró, riendo bajito. Yo sonreí, girándome para besarlo lento, saboreando el salado de su piel.

Después, envueltos en las sábanas revueltas, con el sol ya bajando y el cuarto oliendo a nosotros, reflexioné: Quién diría que un simple paquete de lencería nos uniría más. Pedimos tacos por app, comiendo desnudos en la cama, riéndonos de lo caliente que había sido. Ese try haul no fue solo ropa; fue el inicio de noches eternas de pasión, de explorarnos sin límites, siempre con ese fuego mexicano que nos quema por dentro.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.