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I Try Alan Jackson

6992 palabras

I Try Alan Jackson

La noche en el bar de Polanco estaba chida, con luces neón parpadeando sobre mesas llenas de chelas heladas y risas que se mezclaban con el sonido grave de la guitarra country. Yo, Mariana, acababa de terminar una semana de puro estrés en la oficina, y necesitaba soltarme. El aire olía a tabaco dulce, sudor fresco y limones machacados en las micheladas. Me senté en la barra, pidiendo un tequila reposado, cuando lo vi entrar. Alto, con sombrero vaquero ladeado, jeans ajustados que marcaban sus piernas fuertes y una camisa a cuadros que dejaba ver unos brazos bronceados. Se llamaba Alan Jackson, o eso decía su placa en la banda que tocaba esa noche. Neta, como el cantante gringo, pero este era mexicano, de algún rancho en el norte.

Mi corazón dio un brinco. Siempre había fantaseado con cowboys así, rudos pero tiernos, oliendo a tierra y cuero. Lo miré fijamente mientras afinaba su guitarra, sus dedos callosos moviéndose con precisión. ¿Qué pedo, Mari? No seas pendeja, me dije, pero el calor ya subía por mi pecho, haciendo que mis pezones se endurecieran bajo la blusa escotada. Pedí otra chela y me acerqué al escenario cuando empezaron a tocar. "Chattahoochee", la rola de su tocayo. Él cantaba con voz grave, ronca, que me erizaba la piel.

I try Alan Jackson, pensé en inglés, recordando esa frase que se me había pegado de un meme tonto. Intento resistirme a Alan Jackson, pero neta que no puedo.

Acto 1: La chispa. Después de la primera rola, bajé al piso de baile. El ritmo era contagioso, botas pisando fuerte el suelo de madera. Me moví cerca de él cuando bajó del escenario para un break. Nuestros ojos se cruzaron. Sus verdes, intensos, me clavaron en el sitio. "Órale, güerita, ¿bailas?" dijo con sonrisa pícara, extendiendo la mano. Su palma era cálida, áspera, como arena del desierto. Acepté, y su cuerpo se pegó al mío al ritmo de la música. Sentí su pecho firme contra mis tetas, el calor de su aliento en mi cuello, oliendo a menta y cerveza. Mi coño empezó a palpitar, húmedo ya, imaginando esas manos explorándome.

Charlamos entre canciones. Era Alan de verdad, Jackson por su abuelo gringo. Hablaba con acento norteño, contando anécdotas de rodeos y noches bajo las estrellas. Yo reía, tocándole el brazo casualmente, sintiendo los músculos tensarse. "Eres como el cantante, pero mejor", le solté, coqueta. Él se rio, bajo, vibrando en mi piel. "¿Mejor pa' qué, preciosa?" La tensión crecía, eléctrica, como antes de una tormenta en el desierto.

Acto 2: La escalada. La banda terminó su set, y Alan me invitó una chela en una mesa apartada. El bar se vaciaba un poco, pero el aire estaba cargado, espeso con promesas. Nuestras rodillas se rozaban bajo la mesa, y cada roce mandaba chispas directo a mi entrepierna. Hablábamos de deseos ocultos. "¿Qué es lo que más te prende, Mari?", preguntó, su voz un ronroneo. Le confesé mis fantasías con cowboys, de ser tomada fuerte pero con cariño. Él asintió, ojos oscureciéndose. "Yo quiero hacerte sentir como en una de esas rolas, pura pasión".

Su mano subió por mi muslo, despacio, bajo la falda corta. Temblé, el tacto rugoso de sus dedos enviando ondas de placer. Olía su colonia amaderada mezclada con sudor masculino, delicioso. Me incliné, besándolo. Sus labios eran firmes, su lengua invadiendo mi boca con sabor a sal y tequila. Gemí bajito, mis manos en su nuca, jalando mechones rubios. "Vámonos de aquí", murmuró contra mi boca. Asentí, empapada ya, el tanga chorreando.

Salimos al estacionamiento, el aire fresco de la noche mexicana calmando un poco el fuego, pero no mucho. Subimos a su troca, una Ford grande con olor a cuero nuevo. En el camino a su depa en Lomas, su mano en mi pierna subía más, rozando mi panocha por encima de la tela. "I try Alan Jackson", susurré riendo, nerviosa. "¿Qué?" preguntó confundido. "Intento no entregarme tan rápido, pero tú eres demasiado". Él aceleró, riendo.

En su depa, minimalista pero acogedor, con posters de country y una cama king size. Me desnudó despacio, besando cada centímetro. Sus labios en mi cuello, chupando suave, dejando marcas rojas. Bajó a mis tetas, mamando los pezones duros como piedras, mordisqueando lo justo para doler rico. Gemí fuerte, arqueándome. "¡Alan, cabrón, no pares!" Olía mi propia excitación, almizclada, mezclada con su aroma terroso.

Me tumbó en la cama, las sábanas frescas contra mi espalda caliente. Sus dedos exploraron mi coño, resbaloso, metiendo dos adentro, curvándolos contra mi punto G. El sonido húmedo de mis jugos llenaba la habitación, junto con mis jadeos y su respiración agitada. Lamí su pecho, saboreando sal, bajando a su verga dura como roble, venosa, gruesa. La chupé con ganas, lengua girando en la cabeza, tragando hasta la garganta. Él gruñó, jalándome el pelo suave. "¡Qué rica boca, Mari!"

La intensidad subía. Me puso a cuatro patas, su verga rozando mi entrada. "Dime si quieres", jadeó. "Sí, métemela toda, Alan". Empujó despacio, llenándome centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El dolor placer inicial dio paso a éxtasis puro. Empezó a bombear, lento al principio, luego rápido, sus bolas golpeando mi clítoris. Sudábamos, piel resbalosa chocando, el olor a sexo crudo impregnando todo. Mis paredes lo apretaban, ordeñándolo. Grité su nombre, orgasmos construyéndose como olas.

Acto 3: La liberación. Cambiamos posiciones, yo encima, cabalgándolo como en un rodeo. Sus manos en mis caderas, guiándome, pellizcando mi culo firme. Rebotaba fuerte, tetas saltando, sintiendo su verga golpear profundo. Él se incorporó, mamando mis pezones mientras yo giraba las caderas. "¡Me vengo, Alan!" chillé, el clímax explotando, coño convulsionando, jugos chorreando por sus bolas. Él rugió, volteándome, cogiéndome misionero, ojos en ojos. "Mírame mientras te lleno". Empujó unas veces más, duro, y se vino adentro, chorros calientes bañando mis paredes, su cuerpo temblando sobre el mío.

Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa. Su peso reconfortante, corazón latiendo contra el mío. Besos suaves post-sexo, lenguas perezosas. Olía nuestro sudor mezclado, semen goteando de mi coño. "Fue increíble, preciosa", murmuró, acariciando mi pelo. Yo sonreí, satisfecha, el cuerpo flojo de placer.

I try Alan Jackson, pero ya no quiero resistir. Esta noche lo logré todo.

Nos quedamos abrazados, escuchando el tráfico lejano de la ciudad, planeando más noches. El deseo inicial se había transformado en conexión profunda, prometiendo aventuras. Me dormí con su brazo alrededor, soñando con más cowboys como él.

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