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Fuego Desatado en la Terminal del ADO El Tri

6474 palabras

Fuego Desatado en la Terminal del ADO El Tri

Tú llegas a la Terminal del ADO El Tri bajo un sol que quema como chile en nogada picante. El aire está cargado de ese olor mezclado a gasolina, tacos al pastor asándose en la calle y el sudor de la gente apurada. Sientes el peso de tu mochila en los hombros, el calor pegajoso en la nuca, y el pulso acelerado por el tráfico infernal de la ciudad. Estás aquí para tomar el camión a la costa, escaparte un rato de la rutina que te tiene hasta la madre.

Te sientas en una banca metálica que quema las nalgas a través del pantalón. Miras alrededor: familias con maletas, vendedores gritando "¡Elotes bien fríos!", y de repente, la ves. Ella está a unos metros, recargada en una columna, con el teléfono en la mano. Piel morena como chocolate, cabello negro largo que le cae en ondas salvajes sobre los hombros, jeans ajustados que marcan cada curva de sus caderas anchas y una blusa escotada que deja ver el valle tentador de sus pechos. Sus labios carnosos se curvan en una sonrisa distraída mientras teclea. Chin, qué mujerón, piensas, y sientes un cosquilleo en el estómago que baja directo al sur.

Levantas la vista y tus ojos se cruzan con los suyos, oscuros y profundos como pozos de obsidiana. Ella parpadea, sonríe leve, y tú no puedes evitarlo: le devuelves la mirada con esa chispa que dice todo sin palabras. Te levantas, caminas hacia ella con el corazón latiendo como tamborazo en fiesta. "¿Camino a la playa también?", le preguntas, señalando tu boleto. Ella ríe, una risa ronca que te eriza la piel. "Sí, güey, pero este pinche camión va con retraso eterno. Soy Laura, ¿y tú?"

Te presentas, charlan. Habla con ese acento chilango puro, soltando "neta" y "está cañón" como si nada. Te cuenta que viene de un breakup feo, necesita playa y sol para olvidar al pendejo de su ex. Tú le sigues la corriente, contando anécdotas de viajes locos. El roce accidental de su brazo contra el tuyo cuando se mueve envía una descarga eléctrica. Sientes el calor de su piel, suave como tamal de elote, y hueles su perfume mezclado con el aroma natural de su cuerpo, dulce y almizclado. La tensión crece con cada mirada, cada risa compartida. El anuncio del retraso del camión suena como bendición disfrazada.

¿Y si le digo que vayamos por un café? O mejor, directo al grano. No, carnal, ve despacio, no seas menso.

Le propones ir a un cafecito chiquito afuera de la terminal, "pa' no derretirnos aquí como queso Oaxaca". Acepta con un guiño. Salen juntos, el bullicio de la Terminal del ADO El Tri quedando atrás. En la mesita de plástico, con chelas frías en mano porque ¿quién pide café con este calor?, la plática se pone personal. "Neta, me traes loco con esa sonrisa", le sueltas al fin, y ella se muerde el labio, ojos brillando. "Tú tampoco estás tan pendejo, ¿eh? Me gustas, alto y con esa mirada de travieso."

Sus rodillas se tocan bajo la mesa, y no las apartan. Sientes la presión firme, el calor subiendo por tus muslos. Ella estira la mano, roza tus dedos, y es como si el mundo se detuviera. "Oye, ¿y si nos saltamos el camión? Hay un hotelito aquí cerquita, limpio y discreto", murmura ella, voz baja y ronca. Tú asientes, el pulso retumbando en tus oídos como cumbia rebajada. Pagan rápido, caminan de la mano por la calle empedrada, el sol poniente tiñendo todo de naranja ardiente.

En la habitación, puerta cerrada con clic suave, el aire se carga de electricidad. Ella te empuja contra la pared, labios chocando en un beso hambriento. Sabe a chela y a menta, lengua juguetona explorando tu boca. Tus manos bajan por su espalda, apretando sus nalgas firmes bajo los jeans. Qué rica, Dios mío, gimes en tu mente mientras ella gime bajito, "Sí, así, cabrón". La blusa vuela, sostén negro cayendo. Sus pechos liberados, pezones oscuros endurecidos, los chupas con hambre, sintiendo su sabor salado en la lengua, el latido de su corazón contra tu mejilla.

La llevas a la cama, colchón hundiéndose bajo su peso. Jeans abajo, revelando bragas de encaje húmedas. Hueles su excitación, ese aroma terroso y dulce que te vuelve loco. Dedos suaves en tu pecho, bajando al cinturón. "Quiero sentirte todo", susurra, liberando tu verga dura como fierro. La acaricia lento, pulgar en la punta, y tú arqueas la espalda, jadeando. "Qué chingona mano tienes, nena". Ella ríe, se pone encima, frotándose contra ti, humedad cálida empapando.

No aguanto más, esta morra me va a matar de placer.

La volteas, besas su cuello, mordisqueando suave mientras entras un dedo, luego dos, en su calor resbaloso. Ella se retuerce, uñas en tu espalda, "¡Más, pendejo, dame más!". El sonido de piel mojada, gemidos ahogados, el ventilador zumbando arriba. La pones boca abajo, lengua en su clítoris, lamiendo como si fuera el mejor pozole de tu vida. Sabe a miel y sal, caderas moviéndose contra tu cara. "¡Ay, wey, me vengo!", grita, temblando, jugos inundando tu boca.

Ahora ella te monta, guiándote adentro con un suspiro largo. Estrecha, caliente, envolviéndote como guante de terciopelo. Empieza a moverse, lento al principio, pechos rebotando hipnóticos. Tú agarras sus caderas, empujando arriba, sintiendo cada centímetro rozar. Sudor perlando su piel, goteando en tu pecho. "¡Qué rico te sientes, Laura!", gruñes. Acelera, cama crujiendo, respiraciones jadeantes mezclándose con el tráfico lejano. Sus ojos en los tuyos, conexión pura, deseo mutuo explotando.

El clímax se acerca como tormenta. Ella aprieta, gritando "¡Córrete conmigo!", y tú explotas dentro, oleadas de placer cegador, músculos convulsionando. Ella tiembla encima, uñas clavadas, un gemido largo que reverbera en la habitación. Colapsan juntos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor, corazones galopando al unísono. El olor a sexo impregna el aire, mezclado con su perfume desvanecido.

Después, yacen en silencio, ella recargada en tu pecho, dedo trazando círculos en tu abdomen. "Neta, eso fue chido, carnal. Gracias por hacerme olvidar todo". Tú besas su frente, sintiendo paz profunda. "Cuando quieras, mi reina. La Terminal del ADO El Tri nos juntó por algo". Se ríen bajito, planeando quizás continuar el viaje juntos, o solo disfrutar este rato eterno. El sol se ha ido, pero el fuego dentro arde quieto, satisfecho.

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