Mi Solidworks Com Prueba Solidworks en Carne Propia
Estaba en mi depa en la Condesa, con el calor de la tarde pegándome en la cara como una cachetada de esas que te dejan pensando. Yo, Juan, ingeniero mecánico de veintiocho pirulos, neta que andaba hasta la madre con mi chamba vieja. Los diseños en AutoCAD ya me tenían harto, todo cuadrado y tieso como vara de escoba. Un día, wey, me clavé en internet buscando algo nuevo y caí en my solidworks com try solidworks. "Órale, esto se ve chido", pensé. Un trial gratis para modelar en 3D lo que se me antojara. Lo descargué rapidito, el corazón latiéndome fuerte de la emoción, como si estuviera por tirarme un clavado en piscina vacía.
Instalé el pinche programa y empecé a jalar curvas suaves, formas redondas que se me antojaban cabronas. El mouse se sentía resbaloso en mi mano sudada, el ventilador zumbando como mosca en la oreja. Olía a café quemado de la taza olvidada y a mi propia piel, ese olor a hombre que sale cuando sudas pensando en cosas que no deberías. De repente, un modelo emergió en la pantalla: una pieza cilíndrica, gruesa, con curvas que palpitaban bajo la luz virtual. Me puse duro nomás de verla, la verga tensándose en los chones como resorte. "Qué chingón", murmuré, imaginando cómo se sentiría eso en la vida real.
¿Y si invito a Carla? Esa morra vecina que siempre anda con shorts ajustados, ingeniera como yo, con tetas que parecen hechos en SolidWorks. Neta, wey, cada vez que la veo subir las escaleras, su culo se mueve como modelo perfecto.
Le mandé un Whats: "Wey, ven a mi depa, estoy probando my solidworks com try solidworks. Te late ver?". Contestó al toque: "Ya voy, carnal, traigo chelas". Minutos después, toquido en la puerta. Abrí y ahí estaba ella, Carla, con blusa escotada que dejaba ver el valle entre sus chichis, piel morena brillando bajo el sol poniente, olor a vainilla y sudor fresco invadiéndome las fosas nasales.
"¡Órale, Juan! ¿Qué onda con eso de Solidworks?", dijo riendo, su voz ronca como tequila con limón. Se acercó a la mesa, su cadera rozando la mía accidentalmente –o no–. El aire se cargó de electricidad, como antes de tormenta en el DF. Nos sentamos pegaditos frente a la laptop, sus muslos calientes contra los míos, el roce de su piel suave haciendo que mi pulso se acelerara. "Muéstrame cómo le haces", pidió, inclinándose tanto que sentí su aliento caliente en mi cuello, oliendo a chicle de menta y deseo reprimido.
Empecé a enseñarle, mis dedos volando sobre el teclado, creando una forma ergonómica, curvas que se acoplaban perfecto. Ella ponía su mano sobre la mía, guiándome: "Así, wey, hazla más gruesa aquí". Su tacto era fuego, uñas pintadas rozando mi piel, enviando chispas directo a mi entrepierna. El cuarto se llenó de nuestro jadeo disimulado, el zumbido del compu como fondo a nuestros corazones tronando. Olía a su perfume mezclado con mi excitación, ese aroma almizclado que te pone la piel de gallina.
"Neta que está chido este my solidworks com try solidworks", dijo ella, mordiéndose el labio inferior, ojos brillantes fijos en mí. Nuestras miradas se cruzaron, y ahí explotó la tensión. Me giré, la tomé de la nuca –su pelo suave como seda entre mis dedos– y la besé. Sus labios carnosos, sabor a cereza y cerveza fría, se abrieron ansiosos. Gemidos suaves escaparon, vibrando en mi boca. Sus manos bajaron a mi pecho, arañando leve, mientras yo le subía la blusa, exponiendo sus tetas firmes, pezones duros como botones de metal.
La cargué a la cama, su risa juguetona resonando: "Pendejo, ¡ni me esperaste!". La tiré suave, el colchón crujiendo bajo nosotros. Me quité la playera, ella lamió mi pecho, lengua caliente trazando mis músculos, saboreando el salado de mi sudor. "Estás duro por todos lados, como tus diseños", murmuró, bajando la mano a mi pantalón. Desabroché su bra, chupé un pezón, succionando fuerte hasta que arqueó la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón!". Su piel olía a sol y loción, tacto aterciopelado bajo mis palmas ásperas.
Esto es mejor que cualquier simulación en Solidworks. Su cuerpo se acopla perfecto al mío, curvas que encajan sin fallas.
Le bajé los shorts, revelando su concha depilada, húmeda brillando. La besé ahí, lengua explorando pliegues suaves, sabor salado y dulce como mango maduro. Ella se retorcía, manos en mi pelo: "¡Sigue, wey, no pares!". Su clítoris hinchado pulsaba bajo mi boca, jugos corriendo por mi barbilla. La penetré con dos dedos, curvándolos como en el programa, tocando ese punto que la hizo gritar, caderas levantándose como olas.
No aguanté más. Me puse de pie, saqué la verga tiesa, venosa, palpitante. Ella la miró con hambre: "Qué solid works tienes, carnal". Se arrodilló, la tomó en boca, labios estirándose alrededor, lengua girando la cabeza sensible. El sonido chupante, húmedo, me volvía loco, bolas apretándose. La chupó profundo, garganta apretando, saliva goteando. Gemí ronco, "Rica".
La puse en cuatro, su culo redondo invitándome. Entré lento, centímetro a centímetro, su calor envolviéndome como guante mojado. "¡Sí, así!", jadeó, empujando contra mí. Embestí fuerte, piel golpeando piel con palmadas resonantes, sudor volando. Sus paredes apretaban rítmicas, ordeñándome. Le jalé el pelo, ella volteó: "Más duro, pendejo". Cambiamos a misionero, piernas en mis hombros, penetrando profundo, clítoris frotándose contra mi pubis. Sus uñas en mi espalda, marcas rojas de placer.
El clímax subió como fiebre. Ella primero, convulsionando, gritando "¡Me vengo, chingado!", jugos inundando. Yo la seguí, corriéndome dentro, chorros calientes llenándola, gruñendo como animal. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas. Besos suaves, lenguas perezosas.
Después, recostados, ella trazando mi pecho: "Neta que my solidworks com try solidworks nos unió, wey". Reí, oliendo su pelo. El cuarto olía a sexo crudo, sábanas revueltas testigos. Sentí paz, como diseño terminado perfecto. Mañana seguiríamos probando, en la compu y en la cama.