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La Hakim Adams Triada

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La Hakim Adams Triada

El atardecer en Cancún pintaba el mar de dorado, con esa brisa salada que te erizaba la piel. Tú, Hakim Adams, bajabas del yate con el corazón latiendo fuerte, oliendo a sal y a libertad. Habías pasado el día navegando con ellas, tus dos amores, Valeria y Triana. La Hakim Adams triada, como les decían en los chismes de la high society mexicana, esa combinación perfecta de pasión que todos envidiaban pero nadie entendía del todo. Neta, era chingón ser el centro de ese huracán de curvas y susurros.

Valeria, la morena de ojos verdes y tetas firmes que te volvían loco, te esperaba en la terraza de la villa con un bikini rojo que apenas contenía su culo redondo. Triana, la güerita de piel canela y labios carnosos, servía margaritas heladas, su risa como campanitas en el viento. Órale, Hakim, gritó Valeria, ven pa'cá, pendejo, que te extrañamos todo el día. Te acercaste, sintiendo la arena crujir bajo tus pies descalzos, y las abrazaste a las dos, sus cuerpos calientes pegándose al tuyo como miel derretida.

La cena fue un juego de miradas y roces. El aroma del ceviche fresco, con limón y cilantro picante, llenaba el aire, mezclado con el perfume dulce de sus pieles sudadas por el sol. Bajo la mesa, el pie de Triana subía por tu muslo, rozando tu verga que ya se ponía dura como piedra.

Chingado, estas nenas me van a matar de placer esta noche
, pensaste, mientras Valeria te pasaba un trozo de mango jugoso, sus dedos rozando tus labios. Sabrosa, ¿verdad?, dijo ella con voz ronca, lamiendo el jugo de sus propios dedos. El deseo crecía lento, como la marea, tensando cada músculo de tu cuerpo.

Después de la comida, se fueron a la piscina infinita, donde el agua tibia lamía la piel como lenguas ansiosas. Triana se quitó el top, dejando ver sus chichis perfectas, pezones oscuros endurecidos por la brisa. ¿Qué esperas, Hakim Adams?, te provocó, sumergiéndose con un chapuzón que salpicó gotas frías en tu pecho. Valeria te jaló del short, bajándolo de un tirón juguetón. No seas menso, carnal, únete a la Hakim Adams triada. Tu verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando al aire salobre. Las viste nadar hacia ti, sus cuerpos brillando bajo la luna naciente, y sentiste el primer escalofrío de lo que vendría.

En el agua, los besos empezaron suaves, bocas húmedas chocando con sabor a tequila y sal. Valeria te mordió el labio inferior, su lengua explorando la tuya mientras Triana se pegaba por detrás, sus tetas aplastándose contra tu espalda, manos bajando a acariciar tus huevos pesados. Qué rico hueles a mar, mi amor, murmuró Triana en tu oído, su aliento caliente haciendo que tu piel se erizara. Tocaste sus cuerpos, dedos hundidos en carne suave, sintiendo el calor de sus panquecas ya mojadas rozando tus muslos. El agua chapoteaba rítmicamente con sus movimientos, sonidos ahogados por gemidos bajos que subían como espuma.

Salieron empapados, riendo, hacia la cama king size en la suite principal. La habitación olía a sándalo y jazmín de las velas encendidas, sábanas de algodón egipcio frías contra su piel ardiente. Valeria te empujó sobre el colchón, montándose a horcajadas en tu pecho, su panocha depilada rozando tu boca. Chúpame, Hakim, neta que lo haces como dios. Bajaste la lengua, probando su néctar dulce y salado, labios hinchados abriéndose como una flor húmeda. Ella se arqueó, gimiendo fuerte, ¡Ay, cabrón, sí!, mientras sus jugos te empapaban la barbilla. El sabor era adictivo, mezcla de sudor y excitación pura.

Triana no se quedó atrás. Se arrodilló entre tus piernas, su boca envolviendo tu verga en un calor resbaloso. Sentiste su lengua girando alrededor del glande, chupando con hambre, saliva goteando por tu tronco. Mmm, qué pinga tan rica, Hakim Adams, dijo entre lamidas, sus ojos clavados en los tuyos con picardía mexicana. Tus caderas se alzaron solas, follando su garganta suave, el sonido de succión húmeda llenando la habitación como música obscena. Valeria se movía sobre tu cara, sus muslos temblando, oliendo a sexo y a ella misma, ese aroma almizclado que te ponía más duro.

Esto es el paraíso, la Hakim Adams triada en su máxima expresión. No hay nada mejor que estas dos diosas adorándome
, pensaste, mientras el placer subía por tu espina como corriente eléctrica. Cambiaron posiciones, Valeria ahora lamiendo la panocha de Triana, que gemía contra tu verga. La viste a ella, lengua hundida en los pliegues rosados, chupando el clítoris hinchado con maestría. Triana se retorcía, ¡No mames, Val, me vas a hacer venir ya!, sus jugos brillando en la cara de su amiga.

La intensidad creció. Te pusiste de rodillas, verga lista para entrar. Primero Valeria, de perrito, su culo alzado como ofrenda. La penetraste despacio, sintiendo sus paredes calientes apretándote, resbalosas de excitación. ¡Más fuerte, pendejo, fóllame como hombre!, exigió ella, empujando hacia atrás. El choque de carne contra carne resonaba, slap-slap húmedo, mezclado con sus gritos y el tuyo. Olías su sudor, ese olor animal que te volvía feral. Triana se masturbaba viéndolos, dedos hundidos en su chocha, gemidos agudos como sirenas.

Cambiaron otra vez. Triana encima, cabalgándote con furia, sus tetas rebotando hipnóticas. Sentiste cada centímetro de ella tragándote, músculos internos ordeñándote la verga. Valeria se sentó en tu cara de nuevo, pero ahora frotando su ano contra tu lengua, sabor terroso y prohibido que la hacía jadear. ¡Sí, límemela toda, Hakim!. El ritmo era frenético, pieles resbalosas de sudor, pulsos acelerados latiendo al unísono. El aire cargado de gemidos, ¡Me vengo, chingado!, gritó Triana primero, su coño convulsionando alrededor de ti, jugos calientes chorreando por tus huevos.

No aguantaste más. Con un rugido gutural, te corriste dentro de ella, chorros espesos llenándola, el placer explotando como fuegos artificiales en tu cerebro. Valeria se vino segundos después en tu boca, temblando violentamente, su néctar inundándote. Colapsaron los tres, un enredo de miembros sudorosos, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. El olor a sexo impregnaba todo, semen y jugos mezclados en las sábanas arrugadas.

Después, en el afterglow, se acurrucaron bajo las sábanas frescas. Triana trazaba círculos en tu pecho con su uña, Eres el mejor, Hakim Adams, nuestra triada es eterna. Valeria besó tu cuello, suave ahora, Neta, no imagino la vida sin esto. Sentiste su calor envolviéndote, corazones latiendo en sincronía, el mar rugiendo afuera como aplauso lejano.

La Hakim Adams triada no es solo sexo, es conexión pura, amor multiplicado por tres. Mañana será otro día de éxtasis, pero esta noche... esta noche fue perfecta
.

Durmieron así, entrelazados, con la luna testigo de su paraíso privado.

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