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Mix del Tri en Sudor y Fuego

6489 palabras

Mix del Tri en Sudor y Fuego

La noche en el antro de Polanco hervía como tamal en comal. Tú entras, el aire cargado de humo de cigarro y perfume barato mezclado con ese olor dulzón a sudor fresco. Las luces estroboscópicas te golpean los ojos, rojas y azules, mientras el DJ grita por los bocinas: ¡Órale, carnales! Ahora les cae el mix del Tri, puro rock chingón pa' que se prendan! El riff de guitarra de "Abuso de Autoridad" retumba en tu pecho, vibrando hasta los huesos, y sientes cómo el piso tiembla bajo tus tenis.

Te abres paso entre la bola de gente sudada, cuerpos rozándose sin querer, pechugonas en escotes profundos y vatos con camisas abiertas mostrando tatuajes. Pides un chela en la barra, el vidrio helado quema tus dedos calientes, y das un trago largo, el amargor bajando por tu garganta como un río fresco. Ahí la ves: ella, parada sola contra la pared, caderas anchas envueltas en un vestido negro ceñido que brilla bajo las luces. Cabello negro suelto hasta la cintura, labios rojos como chile piquín, y unos ojos cafés que te clavan cuando voltea. ¡Qué chingona!, piensas. Esa morra está pidiendo que la inviten a bailar.

El mix del Tri sube de volumen con "Triste Canción de Amor", la voz rasposa de Alex Lora llenando el antro. Te acercas, corazón latiendo al ritmo del bajo, y le dices: "¿Qué onda, reina? ¿Bailamos con este pedazo de rola?" Ella sonríe, dientes blancos reluciendo, y asiente: "¡Súbele, guapo! Me late el Tri, carnal." Sus manos se encuentran al bajar a la pista, piel suave y cálida contra la tuya, un toque eléctrico que te eriza los vellos de la nuca. Bailan pegados, su culo redondo presionando tu entrepierna, el sudor de su cuello oliendo a vainilla y deseo puro. Sientes su aliento caliente en tu oreja cuando se gira: "¿Cómo te llamas, pendejo?" "Luis", respondes, "y tú, preciosa?" "Ana", dice, lamiéndose los labios. "Me estás poniendo caliente con este mix del Tri."

La tensión crece como la espuma de la chela. Cada roce es fuego: su mano bajando por tu espalda, tus dedos rozando el borde de su vestido, subiendo apenas lo suficiente para sentir la curva de su nalga firme. El antro apesta a hormonas, risas y cigarro, pero solo olemos nosotros, ese aroma almizclado de cuerpos listos.

Quiero comérmela aquí mismo, pero hay que ir lento, que valga la pena.
Ella se pega más, sus tetas suaves aplastándose contra tu pecho, pezones duros como piedritas bajo la tela delgada. Bailan "Piedras Rodantes", el ritmo salvaje imitando el pulso acelerado entre tus piernas. Tu verga ya está dura como fierro, presionando contra ella, y Ana gime bajito: "Órale, Luis, se nota que te prendo."

Después de tres rolas, sudados y jadeantes, ella te jala de la mano: "Vámonos de aquí, carnal. Quiero más de este fuego." Salen al estacionamiento, el aire fresco de la noche mexicana golpeándolos como bendición, olor a asfalto mojado y tacos de la taquería de al lado. Suben a tu vocho viejo pero chido, ella en el asiento del copiloto, piernas abiertas dejando ver el encaje negro de su tanga. Manejas rápido hacia tu depa en la Roma, el mix del Tri todavía sonando en tu cabeza, mientras su mano se cuela por tu chamarra, pellizcando tus tetillas. "Acaríciame", susurra, guiando tu mano entre sus muslos. Tocas su panocha húmeda a través de la tela, caliente y resbalosa, ella arquea la espalda gimiendo: "¡Sí, así, pendejo chingón!"

Llegan al depa, puerta azotada, luces bajas. La besas contra la pared del pasillo, lenguas enredadas con sabor a tequila y menta, sus uñas clavándose en tu cuello. La cargas a la recámara, su vestido volando por los aires, revelando cuerpo perfecto: tetas grandes con aureolas oscuras, cintura estrecha, culo que rebota al dejarla en la cama. Tú te quitas la ropa a tirones, verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando ya de anticipación. "Mírala, reina", dices. Ella se arrodilla, ojos brillantes: "Qué rica verga, Luis. Te la voy a mamar hasta que grites."

El cuarto huele a sábanas limpias y sexo inminente. Su boca envuelve tu pija, labios suaves succionando, lengua girando en la cabeza sensible, saliva chorreando por tus huevos. Gimes fuerte, manos enredadas en su pelo, el sabor salado de tu piel en su garganta. ¡Qué chido chuparla así!, piensas mientras la miras tragar hasta la base, garganta apretando. La jalas arriba, la tumbas en la cama, besas su cuello salado, bajando a chupar tetas, mordisqueando pezones que se endurecen más. Sus manos te arañan la espalda, piernas abriéndose: "Métemela ya, carnal. No aguanto."

Te posicionas, la punta rozando su entrada empapada, resbaladiza de jugos que huelen a mar y miel. Empujas lento, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndote como guante caliente, paredes palpitando. "¡Ay, qué rico! Más profundo", ruega ella, caderas subiendo a encontrarte. Empiezas a bombear, piel contra piel chapoteando, sudor goteando de tu frente a sus tetas. El colchón cruje, gemidos mezclándose con el eco lejano del tráfico de la ciudad. Aceleras, bolas golpeando su culo, ella gritando: "¡Chíngame duro, Luis! ¡Sí, así, cabrón!" Sientes su interior contraerse, orgasmos suyos explotando uno tras otro, uñas en tu carne, piernas temblando.

No aguanto más, esta morra me va a hacer venir como nunca.
Cambian de posición, ella encima, cabalgando salvaje, tetas rebotando hipnóticas, pelo azotando tu cara. Sus jugos corren por tus muslos, olor a sexo puro llenando el cuarto. Tú la agarras de las caderas, embistiéndola desde abajo, verga hundiéndose hasta el fondo. "¡Me vengo, reina!", avisas. Ella acelera: "¡Dámelo todo adentro, amor!" Explotas, chorros calientes llenándola, espasmos sacudiéndote mientras ella colapsa sobre ti, besos húmedos y risas jadeantes.

Quedan tirados, piel pegajosa, corazones galopando al unísono. El aire fresco entra por la ventana, trayendo olor a jazmines del vecino. Ana acaricia tu pecho: "Qué chingonería de noche, carnal. Ese mix del Tri nos prendió cañón." Tú sonríes, besando su frente sudada: "Y ni te cuento lo que sigue, preciosa." Duermen enredados, el recuerdo del fuego latiendo aún en sus venas, prometiendo más noches así de intensas.

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