Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Caricias Ardientes al Son de El Tri Las Piedras Rodantes Lyrics Caricias Ardientes al Son de El Tri Las Piedras Rodantes Lyrics

Caricias Ardientes al Son de El Tri Las Piedras Rodantes Lyrics

6267 palabras

Caricias Ardientes al Son de El Tri Las Piedras Rodantes Lyrics

La noche en el bar de la Roma estaba cargada de ese humo dulce de cigarros y tequilas añejos. Tú estabas ahí, sentada en la barra, con una chela fría en la mano, cuando El Tri retumbó en los bocinas. "Las piedras rodantes", esa rola que siempre te ponía la piel chinita. Las letras de El Tri Las Piedras Rodantes lyrics flotaban en el aire, hablando de rockeros salvajes, de vida loca y deseo sin frenos. Sentiste un cosquilleo en el estómago cuando él se acercó, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba chulo.

"¿Te late El Tri?", te dijo, su voz ronca cortando el ruido. Olías su colonia fresca, mezclada con el sudor ligero de la noche calurosa. Asentiste, mordiéndote el labio, mientras las letras seguían: piedras que no paran de rodar, como tu pulso acelerado. Se llamaba Alex, un tipo de aquí de la ciudad, con tatuajes que asomaban por la camisa ajustada. Charlaron de rolas, de conciertos en el Palacio de los Deportes, y pronto sus rodillas se rozaban bajo la barra. Ese roce inocente te encendió, un calor subiendo por tus muslos. Órale, qué chido, pensaste, imaginando sus manos en tu cintura.

Salieron juntos, el aire de la calle húmedo y pegajoso. Caminaron hasta su depa en la Condesa, riendo de pendejadas, pero con esa tensión que vibra como guitarra eléctrica. En el elevador, sus ojos te devoraban, y tú sentiste tu conchita humedecerse solo con su mirada. "Quiero ponerte esa rola", murmuró, abriendo la puerta. El lugar era chido: luces tenues, posters de rock en las paredes, y un equipo de sonido que rugió al instante con El Tri Las Piedras Rodantes lyrics. La voz de Alex Lora llenó la sala, cruda, mexicana, hablando de rodar sin parar.

¿Y si rodamos juntos esta noche? Como esas piedras que no se detienen, pensaste, mientras él te jalaba hacia el sofá.

Sus labios encontraron los tuyos en un beso hambriento, saboreando a tequila y menta. Tus lenguas bailaron al ritmo de la rola, sus manos grandes explorando tu espalda, bajando hasta tu culo firme. Gemiste bajito, el sonido perdido en la guitarra rasposa. Te quitó la blusa despacio, besando tu cuello, inhalando tu perfume de vainilla. Qué rico hueles, mamacita, susurró, su aliento caliente en tu oreja. Tus pezones se endurecieron bajo el bra, y él los rozó con los pulgares, enviando chispas directas a tu entrepierna.

Te recostaste en el sofá de piel suave, él encima, su cuerpo pesado y delicioso. La música seguía, las letras de El Tri como un mantra: las piedras rodantes, rodando sin fin. Desabrochaste su camisa, lamiendo su pecho salado, sintiendo los músculos tensos bajo tu lengua. Él gruñó, un sonido animal que te mojó más. Bajó tus jeans, besando tu vientre, tu ombligo, hasta llegar a tus bragas empapadas. Estás chingona de mojada, dijo con esa voz juguetona, y tú reíste, arqueando la espalda.

Su boca en tu chucha fue fuego puro. Lamidas lentas, su lengua girando alrededor del clítoris, chupando suave al principio, luego con hambre. Olías tu propio aroma almizclado mezclándose con el suyo, el sofá crujiendo bajo tus movimientos. Tus manos en su pelo, jalándolo más cerca, no pares, cabrón, gemías en voz baja. La rola llegó al coro, y tú sentiste el primer espasmo, tus muslos temblando alrededor de su cabeza. Él no paró, lamiendo hasta que explotaste, un orgasmo que te dejó jadeante, el corazón latiendo como batería de rock.

Pero querías más. Lo jalaste arriba, desabrochando su cinturón con dedos ansiosos. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, palpitando. La tomaste en tu mano, sintiendo el calor, la dureza de terciopelo. La masturbaste despacio, viéndolo cerrar los ojos, su respiración entrecortada. Te voy a follar como se merece esta rola, murmuró, y tú asentiste, guiándolo a tu entrada húmeda.

Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. Ese estirón perfecto, el roce de su piel contra la tuya, sudor perlando vuestros cuerpos. Empezaron a moverse, lento al principio, siguiendo el ritmo de El Tri Las Piedras Rodantes lyrics. Sus caderas chocando contra las tuyas, clap clap húmedo, gemidos mezclándose con la música. Olías el sexo en el aire, ese olor primitivo y adictivo. Tus uñas en su espalda, dejando marcas rojas, él mordiendo tu hombro sin lastimarte, solo marcando territorio.

La tensión crecía, como un solo de guitarra subiendo. Aceleraron, él embistiéndote profundo, tú envolviéndolo con tus piernas, clavándolo más. ¡Más fuerte, pendejo! gritaste, y él obedeció, el sofá moviéndose. Sentías cada vena de su verga rozando tus paredes, tu clítoris frotándose contra su pubis. El clímax se acercaba, un nudo apretándose en tu vientre. Las letras resonaban: rodando, rodando, sin parar, y tú rodabas con él, perdida en el placer.

No quiero que acabe esta noche, que las piedras sigan rodando en mi piel.

Explotaron juntos. Tú primero, un grito ahogado, tu concha contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Él se vino segundos después, caliente dentro de ti, gruñendo tu nombre como una plegaria. Colapsaron, sudorosos, entrelazados, la rola terminando en fade out. El silencio solo roto por sus respiraciones pesadas.

Se quedaron así un rato, sus dedos trazando patrones perezosos en tu piel. "Eso fue chingón", dijo él, besando tu frente. Tú sonreíste, el cuerpo lánguido, satisfecho. Ponían otra rola de El Tri, bajito, mientras charlaban de tonterías. Sentías su semen goteando lento entre tus piernas, un recordatorio delicioso. No había prisas, solo esa conexión rockera, mexicana, pura.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, se despidieron con un beso largo. "Volveremos a rodar", prometiste, y él rio. Caminaste a casa con las piernas flojas, tarareando El Tri Las Piedras Rodantes lyrics, el cuerpo aún vibrando. Esa noche había sido más que sexo: había sido rock en las venas, deseo puro, dos piedras rodando juntas en la locura de la ciudad.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.