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Christy Mack Lets Try Anal

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Christy Mack Lets Try Anal

Estás en una playa de Cancún, el sol del mediodía quema como chile piquín sobre tu piel morena. El aire huele a sal marina mezclada con el aroma dulce de cocos frescos que venden los vendedores ambulantes. Tú, un wey de veintiocho años, ingeniero de la CDMX que vino a desconectarse del pinche tráfico y el estrés, caminas por la arena blanca con una cerveza fría en la mano. El sonido de las olas rompiendo contra la orilla te relaja, pero tu pulso se acelera cuando la ves: Christy Mack, la reina del porno que has visto en tantas noches solitarias, recostada en una tumbona, con un bikini rojo diminuto que apenas contiene sus curvas explosivas.

¿Qué chingados hace aquí esta diosa? piensas, mientras tu verga da un brinco involuntario en los shorts. Ella se incorpora, sus tetas enormes se mueven hipnóticas, y te clava la mirada con esos ojos verdes que parecen prometer pecados inolvidables. Tienes el corazón latiendo como tamborazo en una fiesta de pueblo. Te acercas, casual, como si no supieras quién es, pero ella sonríe pícara, reconociendo esa mirada de fan cachondo.

"¿Qué onda, guapo? ¿Vienes a mojarme con esa cerveza o qué?", dice con acento gringo juguetón, pero su español es chido, aprendido en viajes por México.

Le contestas con una sonrisa de lado, el sudor perlando tu frente no solo por el calor. Hablan de la playa, de tacos al pastor y de cómo odia el frío de Los Ángeles. Su risa es ronca, sexy, como un ronroneo que te eriza la piel. El olor de su loción bronceadora, vainilla y coco, te envuelve como una niebla caliente. Sientes el roce accidental de su muslo contra el tuyo cuando se sienta más cerca, y órale, ya estás perdido. La tensión crece con cada mirada, cada roce; tu mente vuela a videos suyos que has pajeadote, imaginando su culo perfecto.

Al atardecer, con el cielo pintado de naranjas y rosas, la invitas a tu hotel. Ella acepta con un guiño: "Vamos, cabrón, a ver qué traes". En el elevador, solos, sus labios carnosos se pegan a los tuyos. Su boca sabe a margarita salada, lengua juguetona explorando la tuya con hambre. Tus manos recorren su espalda suave, bajan a apretar esas nalgas firmes que parecen esculpidas por dioses cachondos. Ella gime bajito, un sonido que vibra en tu pecho, y sientes su calor húmedo presionando contra tu pierna.

En la habitación, con vista al mar, la luz tenue de las lámparas ilumina su piel tatuada. Te quitas la ropa rápido, tu verga parada como bandera en el viento, venosa y lista. Christy se arrodilla, sus ojos fijos en ti mientras lame la punta, saboreando el precum salado. Su boca es un horno húmedo, chupando con maestría, la lengua girando alrededor del tronco mientras sus tetas rebotan con cada movimiento. Escuchas el pop húmedo cuando se la saca de la boca, y jadeas: "Pinche rica".

La subes a la cama, king size con sábanas crujientes de algodón egipcio. Besas su cuello, inhalando su aroma almizclado de mujer excitada, bajando a mamar esas chichotas perfectas. Sus pezones rosados se endurecen bajo tu lengua, y ella arquea la espalda, clavándote las uñas en los hombros. "Yes, baby, así", murmura, su voz ronca enviando ondas de placer directo a tu pija. Tus dedos bajan por su vientre plano, tatuado con rosas y calaveras, hasta su panocha depilada, ya inundada de jugos calientes. La metes un dedo, luego dos, curvándolos para rozar ese punto que la hace gritar: "¡Ay, wey, no pares!". El sonido de tus dedos chapoteando en su humedad es obsceno, delicioso.

No puedo creer que esté pasando esto. Christy Mack, la mera mera, aquí en mi cama, gimiendo por mí. ¿Y si la cago? No, carnal, dale con todo, hazla volar.

La tensión sube como volcán en erupción. Ella te empuja boca arriba, montándote como amazona salvaje. Su coño apretado se traga tu verga centímetro a centímetro, caliente y resbaloso, contrayéndose alrededor de ti. Cabalgas el ritmo con ella, sus caderas girando en círculos hipnóticos, tetas botando al compás. El slap-slap de carne contra carne llena la habitación, mezclado con sus gemidos en spanglish: "Fuck me harder, papi". Sudas, el olor a sexo crudo impregna el aire, salado y dulce. Sientes sus paredes internas masajeándote, llevándote al borde, pero te aguantas, queriendo más.

Entonces, en el clímax de la intensidad, ella se detiene, jadeante, su pelo negro pegado a la frente sudorosa. Se gira, poniéndose a cuatro patas, ese culo legendario alzado como ofrenda. Mira por encima del hombro, ojos llameantes: "Christy Mack lets try anal, baby. Vamos a probarlo, ¿dale?

"

Tu corazón truena. La madre, sí. Tomas lubricante de la mesita –siempre preparado, wey previsor–, untuosas gotas frías que calientan al contacto con su piel. Masajeas su ano rosado, apretado, introduciendo un dedo lento. Ella gime profundo, empujando hacia atrás, abriéndose para ti. El aroma almizclado de su excitación es más intenso aquí, terroso y adictivo. Otro dedo, estirándola, mientras con la otra mano acaricias su clítoris hinchado. "Sí, así, prepárame ese culito", suspira, temblando.

Te posicionas, la punta de tu verga presionando esa entrada virgen para ti. Empujas suave, constante, sintiendo la resistencia ceder en un anillo ardiente de placer. Ella grita ahogado, mezcla de dolor y éxtasis: "¡Lento, cabrón, pero no pares!". Centímetro a centímetro, te hundes en su culo apretado, como terciopelo fundido apretándote sin piedad. El calor es infernal, cada vena de tu pija pulsando contra sus paredes. Cuando estás todo adentro, pausas, besando su espalda salada, dejando que se acostumbre. Sus músculos se relajan, y empieza a moverse, cabalgándote en reversa.

El ritmo acelera, tus bolas chocando contra su panocha mojada. El sonido es primitivo: gruñidos, slap de piel, su aliento entrecortado. Sientes cada contracción, el roce exquisito llevándote a la locura. Tus manos aprietan sus caderas anchas, dejando marcas rojas. Ella se toca el clítoris, gritando: "¡Me vengo, fuck, me vengo en el culo!". Su cuerpo convulsiona, apretándote como tenaza, y tú no aguantas más. Explotas dentro de ella, chorros calientes llenándola, el placer cegador como rayo. Gemidos se funden, cuerpos temblando en éxtasis compartido.

Colapsan juntos, enredados en sábanas empapadas. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón galopando al unísono con el tuyo. El aire huele a sexo satisfecho, sudor y lubricante. Besas su frente, ella ríe suave: "Estuvo chingón, wey. Primera vez en México así de buena".

Esto no es un sueño. Christy Mack en mis brazos, su culo marcado por mí. Mañana quién sabe, pero esta noche fue legendaria. Pinche vida chida.

Duermen abrazados al rumor del mar, con la promesa de más aventuras al amanecer. El deseo inicial se transformó en conexión profunda, un recuerdo que te arderá en la piel para siempre.

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