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Posturas Sexuales Trío Ardiente

6973 palabras

Posturas Sexuales Trío Ardiente

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva, como si el aire mismo te estuviera acariciando. Tú, Ana, habías llegado a la fiesta de tu carnala Lupe con un vestido negro ceñido que marcaba tus curvas justito, sintiendo ya el cosquilleo de la anticipación. El sonido de la música reggaetón retumbaba en el penthouse, mezclándose con risas y el tintineo de copas. Olía a perfume caro y a tequila reposado, ese aroma que te hace agua la boca.

Ahí los viste por primera vez: Luis y Carla, una pareja de weyes guapísimos que bailaban pegaditos, sus cuerpos moviéndose en sincronía como si ya supieran todos los secretos del otro. Él alto, moreno, con brazos fuertes que te imaginaste rodeándote; ella rubia con raíces morenas, tetas firmes y una sonrisa pícara que prometía travesuras. Te pillaron mirándolos y te invitaron a su círculo con un "¡Órale, ven pa'cá, preciosa!" de Luis. Empezaron las pláticas, los shots de Patrón, y pronto sentiste esa electricidad, ese roce casual de manos que no era casual para nada.

¿Qué chingados estoy haciendo? –pensaste mientras Carla te pasaba el brazo por la cintura–. Pero se siente tan chido, tan mojado ya entre las piernas.

La tensión crecía con cada mirada, cada roce. Luis te susurró al oído: "Neta que traes un cuerpo que mata, Ana", y su aliento caliente te erizó la piel. Carla, no se quedaba atrás, te mordisqueó el lóbulo de la oreja mientras bailaban los tres apretujados. "¿Has probado posturas sexuales en trío?" te preguntó ella con voz ronca, y tú solo pudiste negar con la cabeza, el corazón latiéndote a mil. Pero el deseo ya te tenía atrapada, el pulso acelerado, el olor de sus cuerpos mezclándose con el tuyo en un perfume embriagador de sudor y excitación.

Terminaron en el depa de ellos, a dos cuadras, un lugar chulo con vista a los skyscrapers y luces tenues que pintaban todo de rojo pasión. La puerta se cerró con un clic que sonó como una promesa. Se besaron primero entre ellos, devorándose la boca con lenguas que chasqueaban húmedas, y tú mirabas hipnotizada, tocándote el cuello, sintiendo el calor subir desde el estómago hasta el coño palpitante. "Ven, mi reina", te llamó Carla, y te jalaron al sofá de piel suave que crujió bajo el peso de los tres.

Empezó lento, como un ritual. Luis te desvistió con manos expertas, sus dedos callosos rozando tus pezones que se endurecieron al instante. Olía a su colonia masculina, a hombre que sabe lo que quiere. Carla se arrodilló y te besó el vientre, bajando hasta lamerte el ombligo con una lengua juguetona que te hizo gemir bajito. "Qué rica estás, Ana", murmuró ella, y tú sentiste el sabor salado de su boca cuando te besó los labios inferiores, separándolos con delicadeza.

Esto es una locura, pero la neta quiero más, quiero que me rompan en posturas sexuales trío que nunca imaginé.

La escalada fue gradual, un fuego que se avivaba paso a paso. Primero, la clásica del sofá: tú de rodillas, Luis detrás embistiéndote con su verga gruesa y venosa que te llenaba hasta el fondo, cada empujón un plaf húmedo que resonaba en la habitación. Carla enfrente, abriendo sus piernas depiladas para que la comieras, su concha rosada y chorreante saboreándose a miel dulce y salada. Tus lengüetazos la hacían arquearse, sus gemidos como música: "¡Ay, sí, así, cabrona deliciosa!" El tacto de la verga de Luis contra tu clítoris interno, el roce de los muslos de Carla en tu cara, el olor almizclado de sexo puro... todo te volvía loca.

Cambiaron, subiendo la intensidad. Ahora en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que se arrugaban bajo vuestros cuerpos sudados. Probaste la postura del trío en V: tú acostada de espaldas, Luis penetrándote misionero pero con las piernas en alto, su pecho peludo rozando tus tetas sensibles. Carla se sentó en tu cara, cabalgándote la lengua mientras se inclinaba para chupar la verga de Luis cada vez que salía de ti, lubricándola más. Sentías el peso de sus nalgas carnosas aplastándote la boca, el jugo de su excitación goteando por tu barbilla, el sabor ácido y adictivo. Luis gruñía: "¡Puta madre, qué posturas sexuales en trío tan cabronas!", y tú solo podías jadear entre lamidas, el orgasmo construyéndose como una ola en tu vientre.

El conflicto interno te azotaba: ¿Soy una zorra por disfrutar esto tanto? No, wey, esto es empoderador, es mío, lo quiero todo. Sudor perlando sus frentes, gotas cayendo sobre tu piel ardiente. El sonido de piel contra piel, chapoteos rítmicos, respiraciones entrecortadas. Cambiaron otra vez, a la de la rueda: tú de lado, Luis detrás follándote el culo con cuidado, lubricado con saliva y gel que olía a vainilla, mientras Carla se acurrucaba delante, frotando su clítoris contra el tuyo en un tribbing frenético. Sus pezones rozaban los tuyos, duros como piedritas, y el roce era eléctrico, enviando chispas por tu espina dorsal.

La tensión psicológica rompía barreras: miradas cargadas de lujuria, confesiones susurradas. "Te sientes increíble adentro, Luis", le dijiste, y él respondió acelerando, su verga hinchándose. Carla te pellizcaba las nalgas: "Vamos a corrernos juntos, mi amor". El climax se acercaba, tus músculos contrayéndose, el pulso martilleando en oídos y coño. Olía a semen preeyaculatorio, a conchas abiertas, a tres cuerpos en éxtasis compartido.

Finalmente, la liberación. En la postura del águila: tú encima de Luis, cabalgándolo con las piernas abiertas, su verga golpeando tu G directo. Carla detrás, lamiéndote el ano y frotándose contra tu espalda. El mundo se volvió blanco: gritaste primero, el orgasmo explotando en contracciones que ordeñaban la polla de Luis, jugos salpicando sus bolas. Él se corrió segundos después, chorros calientes inundándote, el calor viscoso goteando. Carla tembló encima, su squirt mojando todo, un chorro dulce que lamiste de sus dedos.

El afterglow fue puro terciopelo. Acostados enredados, pieles pegajosas reluciendo bajo la luz de la luna que entraba por el ventanal. Respiraciones calmándose, caricias suaves en cabellos y espaldas. Luis te besó la frente: "Eres increíble, Ana". Carla acurrucada: "Regresamos cuando quieras, para más posturas sexuales en trío". Tú sonreíste, el cuerpo laxo y satisfecho, un glow interno que te hacía sentir reina.

Esto no fue solo sexo, fue conexión, fue liberarme. Mañana, ¿quién sabe? Pero esta noche, soy invencible.

La ciudad brillaba afuera, testigo muda de tu transformación. Te vestiste con piernas temblorosas, pero el alma ligera, sabiendo que habías probado el paraíso en carne viva.

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