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Que Es Un Try Out En Beisbol Caliente

7258 palabras

Que Es Un Try Out En Beisbol Caliente

Yo nunca había estado tan nervioso en mi vida, wey. El sol de mediodía en el estadio de beisbol de la colonia pegaba como plomo derretido, y el aire olía a tierra seca y zacate recién cortado. Sudaba a chorros bajo la camiseta ajustada que me había puesto para impresionar, con el corazón latiéndome como tambor de banda sinaloense. Tenía veinticinco años, cuerpo atlético de tanto jugar en la liga amateur, pero esto era otra cosa. ¿Que es un try out en beisbol? me había preguntado mi carnal antes de venir, y yo le dije que eran las pruebas pa' ver si valías la pena pa'l equipo pro. Neta, era mi chance de subir de nivel, de dejar la liga de pendejos y entrar a los Sultanes o algo chingón.

Llegué temprano al diamante, el eco de los bates golpeando pelotas resonaba como truenos lejanos. Ahí estaba ella, la entrenadora asistente, una morra de unos veintiocho que me dejó con la boca abierta. Se llamaba Karla, piel morena bronceada por el sol, curvas que se marcaban bajo el short deportivo y el top que dejaba ver el ombligo. Pelo negro recogido en cola de caballo, ojos cafés que brillaban con picardía. Órale, carnal, esta sí está perra, pensé mientras me acercaba, sintiendo ya el calor subiéndome no solo por el clima.

—Ey, nuevo, ¿listo pa'l try out? —me dijo con voz ronca, sonrisa juguetona, mientras me medía de arriba abajo. Su perfume ligero, mezcla de vainilla y sudor fresco, me llegó directo al cerebro.

—Neta, jefa, ¿que es un try out en beisbol pa'ti? ¿Nomás batear y correr? —le contesté, coqueteando sin pensarlo, el pulso acelerándose al notar cómo se le erizaba la piel del brazo cuando el viento sopló.

Rió, un sonido gutural que me vibró en el pecho. —Es pa' ver si tienes huevos, wey. Correr bases, batear jonrones, y aguantar la presión. Si la armas bien, te llevas el contrato... y quién sabe qué más. —Sus ojos se clavaron en los míos, y juro que sentí su mirada como una caricia en la entrepierna.

El try out empezó con los calentamientos. El sonido de los spikes crujiendo en la tierra, el chasquido de las guantes atrapando bolas rápidas, el jadeo colectivo de los veinte aspirantes. Yo corría las bases, sintiendo el aire caliente azotándome la cara, el sudor resbalando por mi espalda y pegándome la ropa al cuerpo. Karla gritaba instrucciones, su voz cortando el bullicio: "¡Más rápido, pendejo! ¡Muévete como hombre!" Cada vez que pasaba cerca, su mano rozaba mi hombro "accidentalmente", enviando chispas por mi espina.

En el medio del bateo, la vi observándome desde el dugout, mordiéndose el labio inferior. Bateé un jonrón que voló sobre la barda, el público improvisado aplaudiendo. El impacto del bate en la pelota fue como un orgasmo seco, vibrando hasta mis huevos. Corrí las bases triunfante, y al llegar a home, ella estaba ahí, chocándome la mano con fuerza, sus dedos entrelazándose un segundo de más. Su piel tibia, callosa por el deporte, contra la mía áspera.

Esta morra me quiere comer vivo
, pensé, el corazón martilleándome.

Después de dos horas de puro infierno glorioso, el coach principal dio por terminado el try out. Todos sudados, oliendo a hombre y esfuerzo, nos juntamos en el dugout. Karla se me acercó, botella de agua en mano.

Chingón el jonrón, wey. Tienes madera pa'l equipo. Ven, te enseño el vestidor de los seleccionados. —Su aliento fresco de menta me rozó la oreja, y asentí como idiota, siguiendo su culo perfecto que se meneaba al caminar.

El vestidor estaba vacío, el eco de nuestras pisadas en el piso de cemento húmedo. Olía a jabón industrial y cloro, con vapor saliendo de las regaderas. Ella cerró la puerta con llave, el clic metálico rompiendo el silencio. Se giró, ojos ardiendo.

—Aquí es donde se decide de verdad si entras, ¿sabes? Un try out extra... pa' mí. —Se quitó el top despacio, revelando tetas firmes, pezones oscuros endureciéndose al aire fresco. Mi verga se paró al instante, presionando el bóxer.

¿Estás segura, jefa? —murmuré, voz ronca, pero ya me estaba acercando, inhalando su aroma almizclado de excitación mezclada con sudor.

—Ponte trucha, wey. Esto es consensual, puro fuego mutuo. Si no quieres... —Pero yo ya la besaba, labios carnosos saboreando a sal y deseo, lenguas enredándose como serpientes. Sus manos bajaron mi short, liberando mi verga tiesa, palpitante. La tocó suave, luego apretó, arrancándome un gemido.

Nos metimos a la regadera juntos, el agua tibia cayendo en cascada sobre nosotros, lavando el polvo pero avivando el calor. Sus pechos resbalaban contra mi pecho, jabonosos y suaves. La empujé contra la pared azulejada, fría contrastando con su piel caliente. Bajé la boca a su cuello, mordisqueando, lamiendo gotas de agua que sabían a ella. Neta, su concha ya chorreaba cuando metí la mano, dedos deslizándose en pliegues húmedos, calientes, su clítoris hinchado respondiendo a cada roce.

—¡Ay, cabrón, no pares! —gimió, uñas clavándose en mi espalda, dejando surcos ardientes. La giré de espaldas, agua golpeando nuestras nucas. Mi verga rozó sus nalgas redondas, resbalosas. Ella arqueó la cintura, invitándome. Entré despacio, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndome como guante caliente. El sonido de carne chocando contra carne, chapoteando con el agua, era música obscena.

Embestí más fuerte, manos en sus caderas, oliendo su cabello mojado. Sus jadeos rebotaban en las paredes: "¡Más duro, pendejo! ¡Cógeme como en el diamante!" Sentía su interior contrayéndose, ordeñándome, mis bolas golpeando su clítoris. El vapor nos envolvía, sudor y agua indistinguibles. Me vine primero, explosión brutal dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras gritaba su nombre.

Pero no paró. Se giró, rodillas en el piso húmedo, y me chupó la verga semi-dura, lengua experta lamiendo restos de nosotros, sabor salado y dulce. Se puso de pie, piernas temblando, y me jaló al banco. Se sentó en mi cara, concha goteando en mi boca. La devoré, lengua hundida, succionando jugos que sabían a mar y miel. Sus muslos me apretaban la cabeza, gemidos convirtiéndose en gritos: "¡Sí, wey, así! ¡Me vengo!"

Explotó temblando, fluidos inundándome, cuerpo convulsionando. Luego me montó, cabalgándome salvaje, tetas rebotando, uñas en mi pecho. El clímax nos golpeó juntos otra vez, su coño apretándome mientras eyaculaba profundo, estrellas estallando en mi visión.

Caímos exhaustos bajo el agua menguante, cuerpos enredados, respiraciones entrecortadas. Ella apoyó la cabeza en mi hombro, dedo trazando mi tatuaje de beisbol en el brazo.

—Estás dentro del equipo, carnal. Y de mi try out personal cuando quieras. —Rió suave, besándome la sien.

Salimos del vestidor al atardecer, piernas flojas, sonrisas cómplices. El estadio vacío olía a victoria y sexo. Que es un try out en beisbol, pensé sonriendo, es esto: sudor, pasión y un home run inolvidable. Caminamos juntos hacia la salida, prometiendo más rondas, el pulso aún latiendo con el eco de nuestros cuerpos.

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