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Bone Thugs n Harmony I Tried Olvidarte

6514 palabras

Bone Thugs n Harmony I Tried Olvidarte

La noche en mi depa de la Roma estaba chida pero solitaria. Afuera, el bullicio de la calle Chapultepec se colaba por la ventana entreabierta, con ese olor a taquería que siempre me abre el apetito. Me serví un tequila reposado, el cristal frío en la mano, y puse play a mi playlist vieja. De repente, sonó Bone Thugs n Harmony con "I Tried". Esa rola me pegó duro, como un puñetazo en el pecho. Las voces suaves, armónicas, cantando sobre intentos fallidos, luchas internas.

Neta, wey, lo intenté. I tried olvidarte, pero tu imagen se me mete en la cabeza como un tatuaje que no borra.
Hacía meses que no veía a Karla, mi ex, esa morra que me volvía loco con sus curvas prietas y su risa que sonaba a campanas en fiesta. Su piel morena, suave como el mango maduro, y esos ojos cafés que te chupaban el alma. La había dejado ir porque éramos demasiado intensos, pero esa noche, el tequila y la rola me traicionaron. Saqué el cel y le mandé un mensajito: "Órale, carnala, ¿qué onda? ¿Te late caer?"

Minutos después, el timbre. Ahí estaba ella, con un vestido negro ajustado que marcaba sus chichis firmes y su culo redondo, ese que tantas veces apreté hasta que gemía. Olía a vainilla y jazmín, un perfume que me ponía la verga dura al instante. "Qué pasa, pendejo", dijo con esa sonrisa pícara, entrando como si el depa fuera suyo. La abracé, sintiendo su calor contra mi pecho, el roce de sus tetas contra mi playera. "Nada, güey, solo que sonó tu rola favorita y me acordé de ti". Puse la música más bajito, pero "I Tried" seguía de fondo, sus beats lentos marcando el pulso de mi corazón acelerado.

Nos sentamos en el sofá de piel, cojines suaves hundiéndose bajo nuestro peso. Hablamos de pendejadas: el pinche tráfico, los nuevos antros en Condesa, pero la tensión crecía como el calor en el ambiente. Sus piernas rozaban las mías, su mano en mi muslo, subiendo despacito.

Lo intenté, Karla. I tried no tocarte, pero tu piel me llama como un imán.
La miré a los ojos, vi el deseo brillando ahí, y me lancé. Nuestros labios se juntaron, su boca tibia, sabrosa a menta y deseo. La lengua suya danzando con la mía, un beso húmedo, profundo, que me erizó la piel. Sus manos en mi nuca, jalándome más cerca, mientras yo bajaba la mía por su espalda, sintiendo la curva de su espinazo hasta llegar a ese culo que tanto extrañaba. Lo apreté, fuerte, y ella gimió bajito contra mi boca: "Sí, así, cabrón".

La cargué como pluma hasta la recámara, la cama king size esperándonos con sábanas de algodón egipcio frescas. La tiré suave, su vestido subiéndose, revelando unas tangas de encaje negro que apenas cubrían su panocha depilada. Me quité la playera, ella lamió mis pectorales, su lengua caliente trazando círculos en mis pezones. "Te ves riquísimo, wey", murmuró, mientras sus uñas arañaban mi espalda, enviando chispas de placer por mi espina. Bajé su vestido, liberando esas chichis perfectas, pezones oscuros endurecidos como chocolate. Los chupé, succionando fuerte, mordisqueando suave, oyendo sus jadeos que se mezclaban con la rola de Bone Thugs n Harmony que seguía sonando en loop. Su olor a mujer excitada subía, almizclado, adictivo, haciendo que mi verga palpitara en los bóxers.

Pero no quería apurarme. La tensión era deliciosa, como un buen pozolito hirviendo lento. Le quité las tangas despacio, besando su vientre plano, bajando hasta su entrepierna. Su panocha brillaba húmeda, labios hinchados invitándome. Lamí suave, saboreando su jugo dulce y salado, como miel de maguey. "¡Ay, pendejo, qué rico! No pares", suplicó, sus caderas moviéndose contra mi cara, manos enredadas en mi pelo. Metí la lengua profundo, lamiendo su clítoris hinchado, chupándolo hasta que temblaba. Sus gemidos subían de volumen, "¡Órale, sí, cabrón, me vengo!", y explotó, su cuerpo arqueándose, jugos inundando mi boca. La probé toda, embriagado por su esencia.

Ahora ella me volteó, agresiva, pendeja cachonda. Me bajó los bóxers, mi verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen. "Mira qué chulada", dijo, lamiéndola desde la base hasta la punta, su boca caliente envolviéndome. Sentí su lengua girando en la cabeza, succionando como si fuera un elote en la feria.

I tried controlarme, pero esta mamada me va a matar de placer.
Gemí fuerte, mis caderas empujando, follando su boca suave. "Trágatela toda, Karla", y lo hizo, garganta profunda, saliva chorreando, ojos mirándome con picardía. Estuve a punto de correrme, pero la paré. "No aún, güey. Quiero cogerte ya".

La puse a cuatro patas, su culo alzado como ofrenda. Escupí en mi mano, lubricando mi verga, y la penetré despacio. ¡Qué delicia! Su panocha apretada, caliente, envolviéndome como guante de terciopelo mojado. Entré hasta el fondo, sintiendo su cervix besando mi punta. "¡Más duro, wey! ¡Cógeme como hombre!", gritó. Empecé a bombear, fuerte, el slap-slap de piel contra piel resonando en la habitación, mezclado con nuestros jadeos y la música. Sudor perlando su espalda, yo lamiéndolo, salado. Agarré sus chichis desde atrás, pellizcando pezones, mientras la taladraba. Ella se retorcía, panocha contrayéndose, ordeñándome. Cambiamos: la puse encima, cabalgándome como jinete en palenque. Sus caderas girando, verga entrando y saliendo, vista de sus tetas botando hipnótica. "¡Te amo, pendejo! ¡No pares!", su voz ronca.

La tensión subió al máximo, mis bolas apretadas, su clítoris frotándose contra mi pubis. "Me vengo, Karla, ¡juntos!", rugí. Ella aceleró, gritando "¡Sí, lléname!", y explotamos. Mi semen caliente brotando chorros dentro de ella, su panocha convulsionando, ordeñándome hasta la última gota. Colapsamos, jadeantes, cuerpos pegajosos de sudor, olores mezclados de sexo y perfume. La rola seguía: I Tried, pero ya no importaba. Lo intenté olvidarla, pero valió la pena fallar.

Nos quedamos abrazados, su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón latir calmándose. "Neta, esto fue chingón", susurró, besando mi piel. Afuera, la ciudad seguía viva, pero adentro, todo era paz.

Quizá no lo intente más. Quizá esto sea el principio de algo nuevo.
Su mano acariciando mi verga floja, prometiendo más rondas. El tequila olvidado, la noche apenas empezando. Karla era mi vicio, y qué chido adicción.

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