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El Tri Grandes Éxitos en Nuestra Piel Ardiente

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El Tri Grandes Éxitos en Nuestra Piel Ardiente

La noche en el departamento de Lupe olía a tequila reposado y a las tortillas recién calientes que habían devorado hace rato. La música retumbaba desde los bocinas antiguas, ese rock rasposo y cabrón que tanto les gustaba a los dos. Javier, con su camiseta ajustada que marcaba los músculos de sus brazos tatuados, se recargaba en la pared de la sala, una cerveza en la mano, mirándola con ojos que prometían travesuras. Lupe sentía el calor subiendo por su pecho, el short jean que se le pegaba a los muslos por el sudor del día caluroso en la Ciudad de México.

Órale, wey, esta rola siempre me pone de buenas, pensó ella mientras El Tri Grandes Éxitos empezaba a sonar, la voz grave de Alex Lora llenando el aire con "Triste canción de amor". Lupe se movió al ritmo, las caderas ondulando suaves, invitándolo sin palabras. Habían platicado toda la tarde en el bar de la esquina, riéndose de pendejadas, compartiendo anécdotas de conciertos pasados donde El Tri los había hecho gritar hasta quedar roncos. Javier era ese tipo que te hace sentir viva, con su risa ronca y esa forma de mirarte como si ya te estuviera desnudando.

Él dejó la cerveza en la mesa y se acercó, sus botas pisando el piso de loseta con un eco que se mezclaba con la guitarra eléctrica. Qué chingón se ve, se dijo Lupe, oliendo su colonia mezclada con el humo de cigarro que traía del exterior. Sus manos grandes se posaron en su cintura, tirando de ella para pegarla a su cuerpo. El roce de sus pechos contra el pecho duro de él la hizo jadear bajito. Bailaban pegados, el sudor de sus pieles uniéndose, el ritmo de "Abuso de autoridad" acelerando sus pulsos.

—Neta, Lupe, desde que te vi en el bar supe que esta noche iba a ser la buena —murmuró él al oído, su aliento caliente rozándole el lóbulo, enviando chispas por su espina.

—Pues démole, cabrón, no seas menso —respondió ella juguetona, mordiéndose el labio, girando para restregar su culo contra la entrepierna de él. Sintió la dureza crecer ahí, presionando contra ella, y un calor líquido se extendió entre sus piernas. Me tiene bien mojada ya este pendejo.

La canción cambió a "Piedras contra el vidrio", y Javier la volteó de frente, besándola con hambre. Sus labios eran firmes, la lengua invadiendo su boca con sabor a cerveza y deseo puro. Lupe enredó los dedos en su pelo negro revuelto, tirando suave para profundizar el beso. Sus manos bajaron por la espalda de él, arañando la tela de la camiseta hasta meterse debajo, tocando la piel caliente, los músculos contraídos. Él gruñó contra su boca, bajando las manos a sus nalgas, amasándolas con fuerza, levantándola un poco para que sintiera todo su bulto.

Se separaron jadeantes, mirándose con ojos nublados. El departamento parecía más pequeño, el aire espeso de tensión sexual. Lupe lo jaló hacia el sofá, empujándolo para que se sentara. Se subió a horcajadas sobre él, moviéndose al ritmo de la música que seguía sonando, El Tri Grandes Éxitos como banda sonora perfecta para su calentura. Sus caderas giraban, frotándose contra la protuberancia en sus jeans, el roce enviando descargas de placer directo a su clítoris hinchado.

Quiero que me coja hasta que no pueda caminar, que me haga suya con esa verga que se siente tan choncha
, pensó ella, mientras le quitaba la camiseta por la cabeza. Su torso desnudo brillaba bajo la luz tenue de la lámpara, vello oscuro bajando hacia el ombligo. Lupe lamió su cuello, saboreando la sal del sudor, bajando por el pecho hasta un pezón que mordió suave. Javier jadeó, sus manos desabotonando su blusa con urgencia, liberando sus tetas llenas que rebotaron libres.

Chingao, qué ricas estás, Lupe —dijo él, tomando una en cada mano, chupando un pezón con succión que la hizo arquear la espalda. El placer era como electricidad, punzante y dulce, mientras ella desabrochaba sus jeans, metiendo la mano para acariciar la verga dura como piedra, palpitante bajo sus dedos. Era gruesa, venosa, la cabeza ya húmeda de precum que untó con la palma, masturbándolo lento.

La música seguía, "Las chicas son guerreras" ahora, empoderándola más. Lupe se levantó, quitándose el short y las tangas de un jalón, quedando desnuda frente a él. Javier se lamió los labios, bajándose los jeans y bóxers, su polla saltando libre, apuntando al techo. Ella se arrodilló entre sus piernas, oliendo el aroma almizclado de su excitación, mezclado con el cuero de los jeans. Tomó la base con la mano, lamiendo desde las bolas hasta la punta, saboreando el gusto salado y varonil. Él gimió fuerte, enredando los dedos en su pelo, guiándola sin forzar.

—Sí, así, mamacita, trágatela toda —suplicó él, voz ronca. Lupe lo hizo, succionando profundo, la garganta relajándose para tomarlo hasta el fondo, saliva chorreando por su barbilla. El sonido húmedo se mezclaba con los gritos de la rola, sus bolas apretándose contra su mentón. Ella aceleró, una mano masajeando las bolas, la otra en su propia panocha, metiendo dos dedos en el calor empapado, masturbándose al ritmo de su mamada.

Javier la levantó de golpe, besándola con furia, probando su propio sabor en su lengua. La llevó al cuarto, tirándola en la cama deshecha que olía a su perfume y sábanas limpias. Se puso encima, besando cada centímetro de su cuerpo: cuello, tetas, ombligo, hasta llegar a su entrepierna. Separó sus muslos, inhalando profundo el olor dulce y caliente de su excitación. Su lengua lamió el clítoris hinchado, chupando suave al principio, luego con voracidad, metiendo dos dedos gruesos en su coño apretado, curvándolos para tocar ese punto que la hacía gritar.

—¡Ahhh, Javier, no pares, cabrón! —chilló ella, caderas levantándose contra su boca, jugos corriendo por sus muslos. El orgasmo la golpeó como un rayo, el cuerpo convulsionando, pulsos latiendo en su clítoris mientras él lamía sin piedad, prolongando el placer hasta que ella lo empujó, sensible y temblorosa.

Ahora te toca a ti, wey, pensó Lupe, volteándolo para montarlo. Tomó su verga, frotándola contra su entrada húmeda, bajando despacio para empalarse. La sensación de plenitud la llenó, estirándola deliciosamente, las paredes de su panocha apretándolo como guante. Empezó a cabalgar, tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Javier la sujetaba las caderas, embistiéndola desde abajo, el sonido de piel contra piel retumbando más fuerte que la música.

La rola cambió a "ADIV", y ellos aceleraron, sudor goteando, cuerpos brillantes. Él se sentó, abrazándola, chupando sus tetas mientras ella rebotaba duro, su clítoris rozando el vello púbico de él. Me vengo otra vez, sintió Lupe, el calor acumulándose en su vientre. Gritó su nombre, coño contrayéndose alrededor de su verga, ordeñándolo. Javier gruñó, volteándola a cuatro patas, cogiéndola por detrás con embestidas profundas, bolas golpeando su clítoris.

—Me voy a venir, Lupe, chingado —avisó él, acelerando. Ella empujó contra él, queriendo todo.

—¡Dame todo, lléname! —exigió, y él explotó, chorros calientes inundándola, su verga palpitando dentro. Colapsaron juntos, jadeando, la música bajando a un volumen suave con "Todo me sale mal", irónico y perfecto.

En el afterglow, Javier la abrazó por detrás, besando su hombro sudoroso. Lupe sonrió, sintiendo su semen chorreando entre sus piernas, el cuerpo laxo y satisfecho. Qué noche tan chida, gracias a El Tri Grandes Éxitos, pensó, mientras se quedaban dormidos, pieles pegadas, el futuro prometiendo más rolas y más placer.

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