Mi Pink Try Español
Estaba en mi depa en Polanco, con el sol de la tarde colándose por las cortinas blancas, cuando llegó el mensajero con el paquete que tanto esperaba. Pink Try Español, decía la caja en letras rosadas y brillantes. Lo había pedido en línea, un juguetito importado de España, con instrucciones en español bien sexi, voz de mujer ronca que te guía paso a paso. Neta, me picó la curiosidad desde que lo vi en el sitio web. Siempre he sido de probar cosas nuevas, y con Marco, mi carnal del alma, todo salía de pelos.
Me tiré en la cama king size, con las sábanas de algodón egipcio rozándome las piernas desnudas. Abrí la caja con el corazón latiéndome fuerte. Ahí estaba: un vibrador rosado intenso, suave como terciopelo, con botones que brillaban. Olía a nuevo, a plástico limpio mezclado con un toque de vainilla del empaque. Encendí el modo demo y la voz salió: "Prueba el Pink Try Español, relájate y déjate llevar". Güey, se me erizó la piel. Imaginé la noche que nos esperaba.
Le mandé un whatsapp a Marco: "Ven ya, tengo sorpresa pa' ti, carnal". Él respondió al tiro: "Ya voy, nena, ¿qué traes?". Sonreí, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Me puse mi conjunto de lencería negro, pero saqué del clóset unas panties rosadas que compré hace poco, a juego con el pink try. Me miré en el espejo de cuerpo entero: curvas en su punto, pechos firmes, culo redondito. Qué chula estoy, pensé, pasando las manos por mis muslos.
Media hora después, la puerta sonó. Marco entró como huracán, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me deshace. Olía a su colonia favorita, madera y cítricos, y traía una botella de tequila reposado. Me jaló contra él, sus labios calientes en mi cuello. "¿Qué onda, mi reina? ¿Qué traes de sorpresa?" murmuró, su aliento cálido contra mi oreja.
Lo llevé de la mano a la recámara, el piso de madera crujiendo bajito bajo nuestros pies. La luz tenue de las velas que prendí hacía que todo pareciera un sueño. Saqué la caja de debajo de la almohada. "Pink Try Español", leí en voz alta, imitando la voz del demo. Sus ojos se abrieron grandes, una risa ronca saliendo de su pecho. "¿En serio, Ana? ¿Y eso qué pedo?" Me senté en la cama, piernas cruzadas, y lo encendí. El zumbido suave llenó el aire, vibrando en mis manos.
Va a flipar con esto, pero ¿y si se pone celoso? No, Marco es bien abierto, nos gusta experimentar juntos. Me encanta cómo me mira cuando estoy juguetona.
Él se quitó la playera, mostrando ese torso marcado de gym, pecs duros y abdomen plano. Se acercó, arrodillándose frente a mí. "Enséñame cómo se usa, mi amor". Su voz grave me mojó al instante. Le pasé el pink try, pero él lo puso en mi mano y me recargó contra las almohadas. Sus dedos bajaron mi brasier, libélame los pezones con la lengua. Sabían a sal y deseo, gemí bajito. El cuarto olía a nuestra piel calentándose, a vela derretida.
Empecé el juego. La voz del juguete: "Colócalo despacio, siente el pulso". Marco lo guió por mi panza, bajando hasta mis panties rosadas. Sentí el vibrador contra la tela, un ronroneo que me hizo arquear la espalda. "Ay, cabrón, qué rico", susurré. Él reía, besándome el ombligo, lamiendo el sudor que empezaba a perlar. Sus manos fuertes masajeaban mis muslos, abriéndolos más. El sonido de mi respiración agitada se mezclaba con el zumbido.
Me quité las panties, exponiéndome. Mi concha ya brillaba, húmeda y rosada como el pink try. Marco lo presionó directo, y ¡madre mía! El placer subió como ola. Gemí fuerte, agarrando sus hombros. Él se desnudó rápido, su verga parada, gruesa, venosa, goteando pre-semen. "Prueba tú ahora", le dije, pero él negó con la cabeza. "No, nena, esto es tuyo primero. Disfrútalo".
La tensión crecía. Yo controlaba el vibrador ahora, círculos lentos en mi clítoris, mientras Marco me chupaba los pechos. Su boca caliente, dientes rozando suave. Olía a mi excitación, almizcle dulce. "Sube la intensidad, déjate ir", ordenó la voz española. Lo hice, y el cuarto se llenó de mis jadeos. Marco se masturbaba viéndome, su mano subiendo y bajando, piel contra piel resbalosa.
No aguanto más, lo quiero dentro. Pero espera, hazlo durar, Ana, que el placer sea eterno.
De repente, lo aparté y lo jalé hacia mí. "Ya, Marco, fóllame". Él se posicionó, su punta rozando mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Qué llena me siento. Empezamos a movernos, ritmo lento al principio, camas crujiendo, piel chocando con palmadas suaves. Sudor goteando de su frente a mi pecho. Lo besé, probando su lengua salada, mezclada con tequila de antes.
Agarré el pink try de nuevo, lo puse entre nosotros, vibrando contra su verga dentro de mí. "¡Puta madre, Ana!" gruñó él, acelerando. El doble estímulo era brutal: su grosor pulsando, el vibrador zumbando. Mis uñas en su espalda, dejando marcas rojas. Gemidos en español puro: "Más duro, papi, no pares". Él obedecía, embistiéndome profundo, bolas golpeando mi culo.
El clímax se acercaba. Sentía mi interior contrayéndose, olas de calor subiendo. Marco jadeaba en mi oído: "Vente conmigo, mi reina". La voz del juguete aún sonaba lejana: "Libérate ahora". Y exploté. Grité, cuerpo temblando, concha ordeñando su verga. Él se vino segundos después, chorros calientes llenándome, gimiendo mi nombre. Colapsamos, pegajosos, respirando entrecortado.
Después, en el afterglow, nos quedamos abrazados. El pink try español apagado en la mesita, testigo mudo. Marco me besó la frente, su mano acariciando mi pelo revuelto. "Eso estuvo de poca madre, nena. ¿Otra ronda mañana?" Reí bajito, sintiendo su semen escurrir lento. El cuarto olía a sexo puro, a nosotros.
Esto fue más que un juguete. Fue conectar más hondo, probar juntos lo prohibido y salir volando. Marco y yo, imparables.
Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando el sudor, risas y besos suaves. Salimos a la terraza, tequila en mano, luces de la Ciudad de México titilando abajo. Mi pink try español había abierto una puerta nueva, y neta, no podía esperar por más aventuras.