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Tríos As Ejemplos de Pasión

6205 palabras

Tríos As Ejemplos de Pasión

Estaba en mi depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas de lino, pintando rayas doradas en el piso de madera. Yo, Ana, acababa de llegar de un día eterno en la oficina, con el cuerpo pidiendo a gritos un descanso. Pero no cualquier descanso. Llamé a mis carnales, Marco y Sofía, porque neta, necesitaba su vibra. Ellos dos eran como mi familia extendida, siempre listos para una chela y unas risas. Llegaron con bolsas de tacos de suadero y unas Indias frías, el olor a cebolla caramelizada y cilantro fresco invadiendo el aire.

Nos sentamos en el sofá de terciopelo verde, con las piernas enredadas como siempre. Marco, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que te desnudan sin esfuerzo, me pasó una cerveza. Sofía, mi consentida, con su pelo negro suelto y esa blusa escotada que dejaba ver justo lo suficiente, se recargó en mi hombro. Hablábamos de todo y nada, hasta que salió el tema de las aventuras locas.

Wey, ¿se acuerdan de cuando platicamos de los tríos as ejemplos de cómo romper la rutina? —dijo Sofía, con la voz ronca de quien ya traía unas copas encima.

Me reí, sintiendo un cosquilleo en la panza.

¿Por qué no? Neta, siempre he fantaseado con eso. Sentir dos cuerpos contra el mío, dos bocas explorando, dos pares de manos que me hagan volar.
Marco levantó la ceja, su mirada fija en mis labios.

—Pues hagámoslo realidad, mamacita. Tú eres el ejemplo perfecto para un trío así de chido —murmuró él, su aliento cálido rozando mi oreja.

El corazón me latía fuerte, como tamborazo en una fiesta. El aire se cargó de electricidad, el olor a su colonia amaderada mezclándose con el perfume floral de Sofía y el mío, vainilla dulce. Asentí, y todo empezó con un beso. Sofía primero, sus labios suaves como pétalos, probando mi boca con timidez que se volvió hambre. Sus manos subieron por mis muslos, bajo la falda, el roce de sus uñas enviando chispas por mi piel.

Marco nos miró, su verga ya marcada en el pantalón. Se acercó, besándome el cuello mientras Sofía lamía mi labio inferior. Puta madre, qué delicia. Sentí sus lenguas en tándem, una en mi boca, la otra trazando mi clavícula. Me recargué en el sofá, abriendo las piernas instintivamente.

Acto uno: la chispa. Nos quitamos la ropa despacio, saboreando cada revelación. Mi blusa voló, dejando mis tetas al aire, pezones duros como piedras. Sofía los chupó, succionando con fuerza, mientras Marco bajaba mis panties, oliendo mi excitación, ese aroma almizclado que nos volvía locos a todos. ¡Ay, cabrón! Su lengua en mi panocha, lamiendo lento, saboreando mis jugos como si fuera el mejor mole del mundo.

El sonido de nuestras respiraciones jadeantes llenaba la habitación, mezclado con el tráfico lejano de la avenida. Sofía se quitó el brasier, sus chichis perfectas balanceándose, y me sentó en su regazo. Nuestras pieles se pegaron, sudorosas ya, calientes. Marco se paró frente a nosotras, sacando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo su calor, el pulso acelerado bajo mi palma. Sofía y yo la lamimos juntas, lenguas enredándose alrededor de la cabeza, probando su sal pre-semen.

Subimos al cuarto, el colchón king size nos esperando. Acto dos: la escalada. Me tumbaron de espaldas, Sofía montándome la cara, su coño mojado rozando mis labios. Olía a deseo puro, dulce y salado. La lamí con ganas, metiendo la lengua profundo, mientras ella gemía ¡sí, Ana, así! Marco entró en mí despacio, su verga abriéndome centímetro a centímetro. Sentí cada vena, el estiramiento delicioso, el roce contra mis paredes internas.

El ritmo creció.

Esto es el paraíso, wey. Dos cuerpos moviéndose conmigo, sincronizados como en una danza zacateca.
Sofía se mecía en mi boca, sus jugos corriéndome por la barbilla, mientras Marco me embestía más fuerte, sus huevos chocando contra mi culo con un plaf plaf húmedo. Cambiamos: yo de rodillas, Marco en mi panocha por atrás, Sofía debajo lamiendo mi clítoris y sus bolas. El placer era una ola, subiendo, tensionando cada músculo. Sudor goteaba, mezclando nuestros olores en una nube embriagadora.

¡Más duro, pendejo! —le grité a Marco, y él obedeció, agarrándome las caderas, clavándome hasta el fondo. Sofía metió dos dedos en mi culo, lubricados con saliva, y ¡madre santa!, el doble llenado me hizo ver estrellas. Gemidos, gritos, el crujir de la cama. Sus pezones rozaban mi piel, duros, sensibles. Probé sus tetas, mordisqueando, mientras Marco jadeaba en mi oído.

La tensión psicológica era brutal.

¿Y si esto cambia todo? ¿Y si no? Pero qué chingados, esto se siente tan bien, tan nuestro.
Pequeñas pausas para besos profundos, miradas que decían te quiero aquí, siempre. Sofía se corrió primero, temblando sobre mi lengua, su coño contrayéndose, inundándome. Yo la seguí, el orgasmo rompiéndome en mil pedazos, piernas temblando, visión borrosa. Marco resistió, pero al final se sacó, chorros calientes en mi espalda, su gruñido animalesco resonando.

Acto tres: el afterglow. Nos derrumbamos en un enredo de brazos y piernas, pieles pegajosas, corazones latiendo al unísono. El aire olía a sexo crudo, semen, sudor y nuestros perfumes revueltos. Sofía me acarició el pelo, Marco besó mi frente. Nos reímos bajito, compartiendo agua fría de la mesita.

—Eso fue un trío as ejemplo, carnales —dije, voz ronca.

—El mejor —asintió Marco, su mano trazando círculos en mi vientre.

Nos quedamos así, hablando susurros sobre nada, sintiendo la conexión profunda. No hubo arrepentimientos, solo una calidez que llenaba el alma. Afuera, la noche caía sobre la ciudad, luces de neón parpadeando, pero adentro, éramos un mundo propio. Neta, los tríos as ejemplos de cómo el placer une, fortalece, libera.

Me dormí entre ellos, su calor envolviéndome como una cobija viva, soñando con más noches así. Porque en el fondo, sabíamos que esto era solo el principio.

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