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Videos Caseros Trios HMH que Encienden el Alma

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Videos Caseros Trios HMH que Encienden el Alma

Todo empezó una noche calurosa en nuestro depa en la Roma, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba recostada en el sillón con Marco, mi carnal del alma, viendo Netflix pero sin ponerle mucha atención. Neta, la química entre nosotros siempre ha sido explosiva, pero últimamente sentíamos que nos faltaba algo, un chispa extra para que el fuego no se apagara.

Wey, ¿y si probamos algo nuevo? —le dije, mordiéndome el labio mientras le pasaba la mano por el pecho—. He visto unos videos caseros trios HMH que me han dejado mojadita. Hombre mujer hombre, ¿te late?

Marco me miró con esos ojos cafés que me derriten, y una sonrisa pícara se le dibujó en la cara. —Órale, mami, si tú quieres, yo lo armo. Pero hay que hacerlo chido, como en esos videos, con cámara y todo.

El corazón me latía a mil. La idea de grabar nuestros propios videos caseros trios HMH me ponía la piel de gallina. No era solo el sexo, era la confianza, la entrega total. Llamamos a Luis, un cuate de Marco del gym, alto, moreno, con un cuerpo que parecía esculpido y una verga que, según los chismes, era de campeonato. Le dijimos que viniera, sin rodeos, y el pendejo aceptó de una, emocionado como niño con nuevo juguete.

Cuando llegó, el aire se cargó de electricidad. Luis traía una botella de tequila reposado, olor a madera y agave que invadió la sala. Nos sentamos en el sofá grande, yo en medio, con mis shorts cortitos y una blusita escotada que dejaba ver mis chichis firmes. El sonido de la ciudad allá afuera, cláxones y risas, contrastaba con el silencio cargado aquí adentro.

¿Y si me arrepiento? No, neta, esto es lo que quiero. Sentir dos hombres adorándome, dos vergas listas para mí. Me muero de ganas.

Empezamos con tragos, riéndonos nerviosos. Marco prendió la cámara del celular en un trípode improvisado, enfocando el sofá. —Listos para nuestro primer video casero trio HMH —dijo, y todos brindamos. Mis pezones se endurecieron bajo la tela, el roce me erizaba la piel.

La tensión subía como la marea. Marco me besó primero, su lengua caliente explorando mi boca, sabor a tequila y deseo. Luis nos miraba, su respiración pesada, y yo extendí la mano para tocarle el paquete por encima del pantalón. Carajo, estaba duro como piedra, latiendo bajo mis dedos. El olor a hombre, sudor fresco y colonia, me mareaba.

Me quitaron la blusa despacio, sus manos ásperas y suaves a la vez rozando mi piel. Marco chupaba mis tetas, mordisqueando los pezones hasta que gemí bajito, un sonido gutural que vibró en mi garganta. Luis bajaba mis shorts, sus dedos rozando mi panocha ya empapada. —Estás chingona, Ana —murmuró, y metió un dedo, luego dos, moviéndolos con ritmo que me hacía arquear la espalda.

El calor de sus cuerpos me envolvía, piel contra piel, el sonido de besos húmedos y jadeos llenando la habitación. Me puse de rodillas en la alfombra suave, el corazón retumbándome en los oídos. Saqué las vergas de ambos: la de Marco, gruesa y venosa, familiar y deliciosa; la de Luis, más larga, curvada, con un glande brillante de precum. Las lamí alternando, sabor salado y almizclado en mi lengua, sus gemidos roncos como música prohibida.

Sí, así, dos vergas para mí, mamándolas como reina. El poder que siento, el calor en mi boca, el pulso acelerado. No pares, cabrones.

Marco grababa de cerca, el lente capturando cada lamida, cada gota de saliva que chorreaba. Me sentía expuesta, vulnerable, pero empoderada. Luis me levantó, me sentó en el sofá con las piernas abiertas, y Marco se unió. Uno chupaba mi clítoris, succionando con fuerza que me hacía gritar, el otro metía la lengua en mi boca. El olor a sexo, mi jugo mezclado con su sudor, impregnaba todo. Mis uñas se clavaban en sus hombros, dejando marcas rojas.

La intensidad crecía. Me puse a cabalgar a Marco primero, su verga llenándome hasta el fondo, el roce interno enviando chispas por mi espina. Luis se paró frente a mí, ofreciéndome su pija para mamarla mientras rebotaba. El slap slap de mi culo contra las nalgas de Marco, el glug glug de mi garganta con Luis, todo sincronizado. Sudor goteaba por mi espalda, pegajoso y caliente.

Cámbiense —jadeé, y lo hicimos. Luis debajo de mí ahora, su verga más profunda, tocando spots que me volvían loca. Marco detrás, untando lubricante —el olor dulce y resbaloso— y metiendo su dedo en mi ano, preparándome. Neta, el doble placer me nublaba la vista. Gemí fuerte cuando Marco empujó su verga en mi culo, lento, centímetro a centímetro, el estiramiento ardiente pero exquisito.

Estábamos en el clímax del acto, el video casero trio HMH grabando cada embestida. Dos vergas me follaban al unísono, uno en la panocha, otro en el culo, el roce entre ellas a través de la delgada pared me hacía ver estrellas. Sus manos everywhere: apretando tetas, pellizcando pezones, azotando nalgas con palmadas que resonaban. Mis gritos llenaban la sala —¡Sí, chínguenme más, cabrones! ¡No paren!—, voz ronca, sudorosa, el pelo pegado a la frente.

El olor era intenso: sexo crudo, lubricante, piel caliente. Sentía sus pulsos acelerados contra mí, mis paredes contrayéndose alrededor de ellos. Marco gruñía en mi oído —Te sientes tan rica, amor—, Luis jadeaba —Estás apretada, Ana, me vas a sacar todo. La tensión se acumulaba, como una ola gigante a punto de romper.

Llegó el release. Primero yo, explotando en un orgasmo que me sacudió entera, jugos chorreando por las piernas de Luis, el cuerpo temblando incontrolable. Ellos siguieron bombeando, prolongando mi placer hasta que no aguantaron. Luis se corrió dentro de mi panocha con un rugido, caliente y espeso, llenándome. Marco salió y eyaculó en mi espalda, chorros calientes salpicando piel, el olor a semen fresco invadiendo mis sentidos.

Esto es éxtasis puro. Me siento completa, adorada, dueña de mi placer. Los videos caseros trios HMH no mienten, pero vivirlo es otro nivel.

Caímos exhaustos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El ventilador secaba el sudor, enviando escalofríos deliciosos. Marco apagó la cámara, y nos reímos, besándonos perezosos. Luis se quedó un rato, compartiendo chelas frías del refri, el sonido de burbujas crepitando.

Mientras nos vestíamos, vi el video en preview: yo en el centro, radiante, empoderada. —Este video casero trio HMH va a ser nuestro tesoro —dijo Marco, abrazándome. Luis guiñó el ojo —Repetimos cuando quieran, weyes.

Después, solos, lo vimos completo en la cama, el cuarto oscuro salvo la pantalla. Cada gemido revivía sensaciones: el calor, los sabores, los olores. Me excité de nuevo, y follamos lento, recordando. Aquella noche cambió todo; la confianza se profundizó, el deseo se volvió voraz. Ahora, cada vez que veo videos caseros trios HMH en la red, sonrío pensando en el nuestro, el que enciende mi alma para siempre.

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