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Que Significa Try Me En La Cama

7364 palabras

Que Significa Try Me En La Cama

La noche en Polanco estaba viva, con ese bullicio de luces neón y risas que se mezclaban con el eco de la música electrónica. Yo, Valeria, acababa de salir de una junta eterna en la Condesa y necesitaba un trago para soltar la tensión del día. El bar estaba chido, lleno de gente guapa, olor a tequila reposado y perfume caro flotando en el aire. Me senté en la barra, pedí un margarita con sal gruesa, y mientras el hielo crujía en el vaso, mis ojos se clavaron en él.

Estaba al fondo, recargado contra la pared, con una playera negra ajustada que marcaba sus hombros anchos y un tatuaje asomando por el cuello de la manga. Try me, decía en letras curvas y desafiantes. Me quedé mirándolo, intrigada. ¿Qué significa try me? Pensé, mientras lamía la sal del borde del vaso, el sabor salado picándome la lengua. Él lo notó, giró la cabeza y me sonrió con esa confianza de vato que sabe lo que provoca.

Órale, Valeria, no seas pendeja, acércate. ¿Qué pierdes? Esa mirada suya te está invitando a jugar.

Me levanté, sintiendo el roce de mi vestido corto contra mis muslos, y caminé hacia él con el corazón latiendo un poco más rápido. El aire olía a su colonia, algo amaderado y fresco, como pino mojado después de la lluvia.

¿Qué significa try me? —le pregunté directo, señalando el tatuaje con un dedo, mi voz ronca por el humo del lugar.

Él se rio bajito, un sonido grave que vibró en mi pecho. —Significa pruébame, mamacita. Desafío a quien se atreva. ¿Tú qué, te animas?

Su aliento cálido rozó mi oreja cuando se acercó, y el calor de su cuerpo me envolvió como una promesa. Neta, ese momento prendió algo en mí. Nos quedamos platicando, él se llamaba Alex, DJ en antros de la Roma, con esa vibra relajada pero intensa. Hablamos de la ciudad, de cómo la noche mexicana te chupa el alma si no la vives a full. Cada sorbo de mi trago hacía que mi piel se erizara, y sus ojos, oscuros y penetrantes, no me soltaban.

La música cambió a un ritmo más lento, cumbia rebajada con toques electrónicos. —Ven, baila conmigo —me dijo, tomando mi mano. Su palma era áspera, callosa de tanto manejar tornamesas, y el contacto envió chispas por mi brazo. En la pista, nuestros cuerpos se pegaron natural, como si ya se conocieran. Sentí sus caderas contra las mías, el roce firme de su entrepierna endureciéndose poco a poco. Mi aliento se aceleró, oliendo a lima y tequila en su cuello cuando me incliné.

Try me, entonces —susurré, mordiéndome el labio, y él gruñó bajito, sus manos bajando a mi cintura, apretando la carne suave bajo el vestido.

El beso llegó como un relámpago. Sus labios carnosos y calientes contra los míos, lengua invadiendo con sabor a mezcal ahumado. Gemí en su boca, mis uñas clavándose en su espalda, sintiendo los músculos tensarse bajo la tela. La pista giraba a nuestro alrededor, pero solo existíamos nosotros, el sudor empezando a perlar su piel, el mío mezclándose con el suyo.

Salimos del bar tambaleándonos un poco, riendo como pendejos, el aire fresco de la calle golpeándonos la cara. Tomamos un Uber a su depa en la Narvarte, un lugar chiquito pero con vista al skyline. Apenas cerramos la puerta, me empujó contra la pared, sus manos subiendo por mis muslos, levantando el vestido. —Qué significa try me para ti ahora? —preguntó con voz ronca, sus dedos rozando el encaje de mis panties húmedas.

Neta, Valeria, esto es lo que querías. Su toque quema, déjate llevar, siente cada caricia como si fuera la primera vez.

—Significa rómpeme —le contesté, jalando su playera por la cabeza. Su pecho desnudo era un mapa de músculos duros, el tatuaje brillando bajo la luz tenue. Lo besé ahí, lamiendo la piel salada, bajando hasta su abdomen donde los vellos oscuros me cosquilleaban la nariz. Él jadeaba, el sonido gutural y animal, mientras yo desabrochaba su jeans, liberando su verga dura, palpitante, con venas marcadas que olía a hombre puro, a deseo crudo.

Me arrodillé, el piso frío contra mis rodillas, y la tomé en la boca despacio, saboreando el precum salado y amargo en mi lengua. Él metió los dedos en mi pelo, guiándome sin forzar, gimiendo ¡órale, qué chido!. Chupé más profundo, sintiendo cómo se hinchaba, el pulso latiendo contra mi paladar. Sus caderas se movían suaves, follándome la boca con cuidado, pero la intensidad crecía, el aire cargado de nuestro jadeo y el olor almizclado de la excitación.

Me levantó como si no pesara, cargándome al cuarto. La cama era king size, sábanas revueltas oliendo a él. Me quitó el vestido de un tirón, exponiendo mis tetas firmes, pezones duros como piedras. Los lamió, succionó, mordisqueó suave, enviando descargas eléctricas directo a mi clítoris hinchado. —Eres una diosa, murmuró, mientras sus dedos bajaban, separando mis labios húmedos, frotando el botón sensible con el pulgar.

Arquée la espalda, gimiendo alto, el sonido rebotando en las paredes. ¡Sí, carnal, ahí! Mis jugos chorreaban por sus dedos, el squelch húmedo llenando el cuarto. Me penetró con dos dedos, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hacía ver estrellas. El orgasmo vino rápido, violento, mis muslos temblando, el placer explotando en oleadas calientes que me dejaron sin aliento.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, lamiendo el sudor salado de mi espinazo. Su verga rozó mi concha desde atrás, la cabeza gruesa presionando la entrada. —Dime si quieres —susurró, voz temblorosa de contención.

¡Chíngame ya, pendejo! —rogué, empujando contra él. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. El dolor placer mezclado me arrancó un grito, sus bolas peludas golpeando mi clítoris con cada embestida. El ritmo se aceleró, piel contra piel chapoteando, su sudor goteando en mi espalda, oliendo a sexo puro, a nosotros fundidos.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis caderas, guiándome mientras rebotaba, mis tetas saltando, pezones rozando su pecho. Lo miré a los ojos, viendo el fuego ahí, y apreté mis paredes alrededor de su verga, ordeñándolo. —Try me más fuerte, jadeé, y él obedeció, clavándose desde abajo con fuerza brutal pero consentida, sus gruñidos mezclándose con mis chillidos.

El clímax nos golpeó juntos. Sentí su verga palpitar, chorros calientes inundándome adentro, mientras mi concha se contraía en espasmos, jugos mezclándose, el placer tan intenso que mordí su hombro para no gritar demasiado. Colapsamos, jadeando, su peso sobre mí reconfortante, el corazón tronándole en el pecho contra el mío.

Después, en la penumbra, con su brazo alrededor de mi cintura, piel pegajosa y tibia, fumamos un cigarro en la ventana. La ciudad brillaba abajo, autos pitando lejanos. —Ahora ya sabes qué significa try me —dijo él, besándome la sien.

Sí, lo sé. Significa dejarse llevar, desafiar el miedo, y encontrar en el otro un fuego que te quema viva. Y neta, quiero más noches así.

Me dormí con su olor en mi piel, sabiendo que Polanco acababa de cambiar para siempre.

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