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Chicas Para Hacer Trios Que Encienden La Noche

6872 palabras

Chicas Para Hacer Trios Que Encienden La Noche

Estás en un bar chido de Polanco, con el reggaetón retumbando en tus oídos y el olor a mezcal fresco flotando en el aire. La noche huele a aventura, a sudor mezclado con perfume caro. Tus ojos recorren la pista de baile, buscando algo que acelere tu pulso. Ahí las ves: dos morras despampanantes, bailando pegaditas, con curvas que se mueven como olas en la playa de Cancún. Una es rubia con piel morena, tetas firmes asomando por un top escotado; la otra, morocha con labios carnosos y un culo que pide a gritos ser tocado. Se ríen, se rozan, y de pronto te miran directo a ti.

Te acercas con una cerveza en la mano, el corazón latiéndote como tambor. ¿Qué pedo, carnal? ¿Bailamos? dices, y ellas sueltan una carcajada que suena como música. Se presentan: Ana, la rubia, con ojos verdes que te desnudan, y Lupe, la morocha, con una sonrisa pícara que promete pecados. Charlan de todo, de la vida loca en la CDMX, de fiestas eternas. De repente, Lupe se inclina y te susurra al oído, su aliento cálido oliendo a tequila: "Oye, wey, andamos buscando chicas para hacer tríos, pero hoy nos picó el bicho de algo más... ¿tú te apuntas?"

El pulso se te sube a la garganta.

¿Esto es real? Dos chavas así de calientes, proponiendo un trío. Neta, esto solo pasa en las películas pornos mexicanas.
Asientes, y en minutos están en tu coche, camino a tu depa en la Roma. Ana va de copiloto, su mano en tu muslo, apretando suave, enviando chispas por tu verga que ya se despierta. Lupe atrás, riendo y mandando fotos hot en su cel. El tráfico nocturno huele a asfalto caliente y tacos al pastor de la esquina.

Llegan al depa, luces tenues, velas de vainilla encendidas que llenan el aire de dulzor. Pones música suave, un poco de ranchero moderno para ambientar. Se sientan en el sofá, tú en medio, flanqueado por sus cuerpos calientes. Ana te besa primero, sus labios suaves como mango maduro, lengua juguetona explorando tu boca con sabor a chicle de fresa. Lupe no se queda atrás, mordisquea tu oreja, su mano bajando por tu pecho, desabotonando tu camisa. Sientes sus tetas presionando tus brazos, pezones duros como piedritas bajo la tela fina.

Esto va en serio, piensas, mientras tus manos recorren sus espaldas sudorosas. Lupe gime bajito cuando le aprietas el culo, carne firme y redonda que rebota bajo tus dedos. Ana se quita el top, revelando pechos perfectos, oscuros pezones invitándote. Los chupas, saboreando su piel salada, el aroma de su excitación subiendo como niebla. "Sí, así, cabrón, chúpame rico", murmura Ana, arqueando la espalda. Lupe se une, quitándose el short, quedando en tanga negra que apenas cubre su coñito depilado, ya húmedo y brillando.

La tensión crece como tormenta. Te paras, te quitas la ropa, tu verga saltando libre, dura como fierro, venosa y palpitante. Ellas jadean al verla.

Estas chavas para hacer tríos saben lo que quieren, y yo soy el afortunado.
Lupe se arrodilla primero, lamiendo la punta con lengua experta, sabor pre-semen salado en su boca. Ana besa tu cuello, sus uñas arañando tu espalda, dejando rastros rojos de placer. El sonido de succiones húmedas llena la habitación, mezclado con sus gemidos ahogados y tu respiración agitada.

Las llevas a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel ardiente. Ana se tumba, abriendo las piernas, su coño rosado y jugoso reluciendo bajo la luz ámbar. "Ven, fóllame primero", pide con voz ronca. Te hundes en ella despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes calientes apretándote, como terciopelo mojado. Gime fuerte, "¡Ay, wey, qué verga tan rica! Más adentro". Lupe observa, masturbándose, dedos hundiéndose en su propio calor, olor a mujer en celo impregnando el aire.

Empujas rítmico, el slap-slap de carne contra carne resonando, sudor goteando de tu frente a sus tetas. Ana clava uñas en tus hombros, su cuerpo temblando, orgasmos acercándose. Lupe se une, montándose en la cara de Ana, coño frotándose en su boca. Ves cómo Ana lame ansiosa, lengua danzando en el clítoris hinchado de Lupe, jugos chorreando por su barbilla. Tú aceleras, follando más duro, el cuarto oliendo a sexo puro, mezcal y esencia floral de sus perfumes.

Cambian posiciones como en un ballet erótico. Lupe ahora debajo de ti, sus piernas envolviéndote, talones presionando tu culo para meterte más profundo.

Siento su calor envolviéndome, su coño succionándome como no quiero salir nunca.
Ana detrás, lamiendo tus bolas mientras follas, lengua caliente y húmeda mandando descargas eléctricas. Gimes como loco, "Putas ricas, me van a matar". Lupe ríe entre jadeos, "Somos tus chicas para hacer tríos, ¿no? Disfrútalo, pendejo".

La intensidad sube. Te pones de rodillas, ellas frente a ti, mamándote a dúo. Bocas alternando, una chupando la cabeza, la otra lamiendo el tronco, manos masajeando. Saliva goteando, ojos mirándote con lujuria animal. No aguantas más. "Me vengo, cabronas", avisas, y ellas aceleran, gargantas profundas hasta que explotas. Chorros calientes llenan la boca de Ana primero, luego Lupe, tragando con deleite, labios brillando de semen y baba. Gimen de placer compartido, besándose para intercambiar el resto, lenguas danzando en un beso pecaminoso.

Pero no paran. Ana se monta en ti, cabalgándote salvaje, tetas botando hipnóticas. Su coño aprieta rítmico, ordeñándote de nuevo. Lupe besa tus pezones, mordiendo suave, mientras frota su clítoris contra tu muslo, dejando estela resbalosa. El clímax las golpea a las dos casi al tiempo: Ana convulsionando encima, gritando "¡Me corro, sí, carajo!", jugos inundando tu verga. Lupe tiembla contra ti, olor a orgasmo femenino fuerte y embriagador.

Tú las sigues, segundo round explotando dentro de Ana, semen caliente mezclándose con sus fluidos, goteando por sus muslos. Colapsan los tres, enredados en sábanas empapadas, respiraciones jadeantes sincronizándose. El aire huele a sexo consumado, pieles pegajosas, corazones latiendo al unísono. Ana acaricia tu pecho, Lupe tu cabello, besos suaves post-coito.

Después, tumbados, charlan bajito. "Neta, wey, esto fue chingón. ¿Repetimos?" dice Lupe, riendo. Tú sonríes, exhausto pero pleno.

Chicas para hacer tríos como estas no se encuentran todos los días. Esta noche cambió todo.
Se duermen pegaditos, el amanecer filtrándose por las cortinas, prometiendo más noches locas en esta ciudad que nunca duerme. El sabor de sus cuerpos aún en tu lengua, el eco de gemidos en tus oídos, un recuerdo que te acelera el pulso cada vez que lo evoques.

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