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Trio Lesbianas XXX en la Noche Prohibida

6347 palabras

Trio Lesbianas XXX en la Noche Prohibida

La noche en Puerto Vallarta olía a mar salado y a jazmín salvaje, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la arena. Ana caminaba por la playa privada de la villa que rentaban sus amigas, el bikini negro ajustado a su piel morena brillando bajo la luna llena. Tenía veintiocho años, curvas que volvían locos a los turistas, y esa noche sentía un cosquilleo en el estómago que no era solo por el tequila. ¿Por qué carajos me pongo nerviosa con ellas? pensó, mientras veía a Sofía y Carla riendo junto a la fogata.

Sofía, la güera de ojos verdes y tetas firmes que parecía salida de un sueño californiano pero con acento chilango puro, agitaba una botella de mezcal. Carla, la morocha chaparrita con labios carnosos y un culo que no mentía, bailaba al ritmo de cumbia rebajada que salía del Bluetooth. Eran sus mejores amigas desde la uni en la UNAM, pero últimamente las miradas se habían vuelto... intensas. Como si el aire entre ellas cargara electricidad.

¡Ven pa'cá, Ana! gritó Sofía, su voz ronca por el humo del porro que compartían. Qué chula se ve con el fuego reflejado en la piel, pensó Ana, acercándose. Carla la jaló por la cintura, sus dedos calientes dejando un rastro de fuego en la piel desnuda.

—Estás bien rica esta noche, carnala —susurró Carla, su aliento a menta y alcohol rozando el cuello de Ana. El corazón de Ana latió fuerte, el pulso acelerado como tambores en una fiesta de pueblo.

Se sentaron en las sillas de playa, pasando el mezcal. Hablaron de pendejadas: el ex de Sofía que era un idiota, el jefe de Carla que las quería todas. Pero las risas se volvieron toques casuales: una mano en el muslo, un roce de pezón endurecido contra el bikini. Ana sentía el calor subiendo por su entrepierna, la tela húmeda pegándose a su concha hinchada.

¿Esto va a pasar de verdad? Tres morras como nosotras... un trio lesbianas xxx de esos que ves en los videos pero en la vida real. Me late, pero ¿y si lo arruinamos?
pensó Ana, mordiéndose el labio.

La tensión creció cuando Sofía puso reggaetón lento. Carla se paró primero, moviendo las caderas como diosa azteca. —Baila conmigo, Ana —dijo, jalándola. Sus cuerpos se pegaron, piel contra piel sudorosa, el olor a crema de coco mezclándose con el almizcle de sus axilas. Sofía se unió por detrás, sandwichándolas. Ana sintió los pezones de Sofía clavándose en su espalda, las manos de Carla bajando por su vientre plano hasta el borde del bikini.

¿Quieren ir adentro? murmuró Sofía, su voz temblorosa de deseo. Nadie dijo que no. Caminaron a la villa, el viento fresco erizando su piel, risas nerviosas rompiendo el silencio.

Adentro, la habitación principal era un paraíso: cama king size con sábanas de algodón egipcio, velas de coco encendidas, el ventilador zumbando suave. Se quitaron los bikinis con lentitud, como en un ritual. Ana admiró los cuerpos: Sofía con sus tetazas perfectas, pezones rosados duros como piedras; Carla con su pubis depilado reluciente, labios mayores hinchados de anticipación. Su propio cuerpo temblaba, los jugos resbalando por sus muslos.

Se tumbaron en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso. Sofía besó a Ana primero, labios suaves y urgentes, lengua invasora saboreando a mezcal y sal. Sabe a gloria, como mango maduro, pensó Ana, gimiendo bajito. Carla observaba, masturbándose lento, el sonido húmedo de sus dedos en la concha llenando la habitación.

—Déjenme probarlas —dijo Carla, gateando entre las piernas de Ana. Su lengua caliente lamió el clítoris expuesto, chupando con maestría. Ana arqueó la espalda, el placer como rayos eléctricos desde su centro hasta los dedos de los pies. ¡Ay, cabrona, qué rica! gritó, enredando los dedos en el pelo negro de Carla.

Sofía se sentó en la cara de Ana, su concha depilada rozando labios y nariz. Olía a excitación pura, dulce y salada. Ana lamió ávida, hundiendo la lengua en los pliegues resbalosos, saboreando el néctar que goteaba. Sofía cabalgaba lento, gemidos roncos escapando: ¡Órale, sí, así, mi reina!

La intensidad subió. Intercambiaron posiciones como en un baile coreografiado. Carla ahora debajo de Sofía, comiéndosela mientras Ana lamía el ano de Carla, el sabor terroso y prohibido volviéndola loca. Manos everywhere: pellizcos en pezones, nalgadas suaves que resonaban, dedos penetrando con ritmo. El aire se llenó de jadeos, ¡más, más!, el olor a sexo empapando las sábanas.

Esto es mejor que cualquier trio lesbianas xxx porno. Siento sus almas en cada roce, su deseo alimentando el mío. No quiero que pare nunca.

Ana sintió el orgasmo construyéndose, una ola gigante en su vientre. Sofía frotaba su clítoris contra el de ella en tijera, pieles calientes chocando con sonidos chapoteantes. Carla metía tres dedos en Ana, curvándolos contra el punto G, mientras chupaba sus tetas. El clímax explotó: Ana gritó, cuerpo convulsionando, chorros calientes salpicando las piernas de Sofía. Sofía vino segundos después, su concha pulsando contra la de Ana, gritando ¡Me vengo, putas ricas! Carla se unió, masturbándose furiosa hasta derrumbarse temblando.

Se derrumbaron en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El ventilador secaba el sudor de sus cuerpos, el aroma a sexo y velas persistiendo. Ana besó las frentes de sus amigas, un beso tierno, protector.

—Eso fue... chingo cabrón —dijo Carla, riendo suave, acurrucándose en el pecho de Ana.

Sofía acarició la mejilla de Ana. —Nunca pensé que nos atreveríamos. Pero fue perfecto, ¿verdad?

Ana asintió, el corazón lleno.

Este trio lesbianas xxx no fue solo sexo. Fue conexión, liberación. Mañana volvemos a ser amigas, pero ahora con este secreto ardiente.
Miró por la ventana, la luna aún alta, las olas susurrando promesas de más noches así.

Se durmieron entrelazadas, pieles pegajosas enfriándose, sueños llenos de toques y gemidos. Al amanecer, el sol las despertó con besos de luz, listas para lo que viniera, más unidas que nunca.

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