Inténtalo de Nuevo Más Tarde En Español
Estaba recostada en mi cama king size en el corazón de la Condesa, con el ventilador zumbando perezosamente sobre mí y el aroma a jazmín de mi vela perfumada flotando en el aire. La pantalla de mi celular brillaba en la penumbra, iluminando mi rostro mientras deslizaba el pulgar por Tinder. Neta, necesitaba una noche que me sacara de la rutina. Entonces apareció él: Luis, con esa foto en la playa de Puerto Vallarta, torso bronceado y sonrisa pícara que prometía problemas del bueno.
Le mandé un mensaje directo: "Hola guapo ¿qué onda esta noche?". Esperé, mordiéndome el labio, imaginando sus manos grandes sobre mi piel. Minutos después, la respuesta: "Try again later en español". ¿Qué pedo? Me reí sola, el sonido ecoando en mi depa vacío. Sonaba como un mensaje automático de gringo, pero con ese twist en español. Mi pulso se aceleró un poquito, intrigada. Le contesté: "Jajaja ok wey inténtalo tú ahora en español ¿vienes o qué?".
Él respondió al instante: "Jaja perdón mi amor es mi bot celoso. Ven a mi casa en Polanco estoy solo y con ganas de ti". Adjuntó su dirección y una foto de su sala con luces tenues y una botella de tequila reposado abierta. Órale, pensé, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Me levanté de un salto, el piso de madera tibia bajo mis pies descalzos, y me metí al baño. El vapor del regadero empañó el espejo mientras me duchaba rápido, jabón de lavanda resbalando por mis curvas, pezones endureciéndose con el agua caliente. Me vestí con un vestido negro ajustado que abrazaba mis caderas, sin bra, solo tanguita de encaje. Maquillaje smoky, labios rojos. Listo.
El taxi olía a claxon y tacos al pastor del puesto de la esquina. Llegué a su edificio moderno, portería con valet sonriente. Subí en el elevador, corazón latiendo fuerte, el metal frío contra mi espalda. Toqué el timbre y la puerta se abrió. Ahí estaba Luis, en playera blanca que marcaba sus músculos, jeans desgastados y ojos cafés que me devoraban de arriba abajo.
"Pasa mija bienvenida al intento número dos"dijo con voz grave, acento chilango puro. Su colonia Creed invadía mis sentidos, fresca y masculina.
Entré, la sala amplia con sofá de piel suave, música de Natalia Lafourcade de fondo bajita. Me sirvió un shot de tequila, el cristal frío en mi mano, el líquido quemando dulce al bajar por mi garganta. Platicamos, riendo de todo: del tráfico infernal, de exes pendejos, de antojos de chilaquiles. Sus rodillas rozaban las mías, electricidad estática. Cada mirada era un roce invisible, mi piel erizándose.
De pronto, su mano en mi muslo, subiendo despacio. No mames, qué rico se sentía. Lo miré, labios entreabiertos.
"¿Quieres intentar de nuevo?"me susurró al oído, aliento cálido con toques de tequila.
Asentí, y sus labios capturaron los míos. Beso suave al principio, lenguas danzando lento, saboreando el tequila y el deseo mutuo. Sus manos en mi cintura, atrayéndome más cerca, el bulto en sus jeans presionando mi vientre. Gemí bajito, el sonido ahogado en su boca. Me levantó como pluma, piernas enroscadas en su cadera, caminando al cuarto.
La habitación olía a sábanas frescas y su aroma. Me tiró suave en la cama queen, colchón hundiéndose bajo mi peso. Se quitó la playera, revelando abdomen marcado, vello oscuro bajando al ombligo. Me incorporé, manos temblorosas desabrochando su cinturón. El zipper bajó con un zumbido metálico, su verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando. La tomé en mi mano, piel aterciopelada caliente, vena latiendo contra mi palma.
"Chúpamela reina"pidió ronco. Me arrodillé, alfombra suave bajo mis rodillas, y lamí la punta, salado pre-semen en mi lengua. La chupé despacio, labios estirados, succionando hasta la garganta, sus gemidos roncos como música. Manos en mi pelo, guiándome sin fuerza, solo placer compartido.
Me levantó, vestido por encima de la cabeza, tanguita mojada pegada. Besos en mi cuello, dientes rozando clavícula, bajando a pechos. Pezones duros como piedras, succionados fuerte, tirones de placer directo a mi clítoris hinchado. Qué chido, pensé, arqueándome. Dedos en mi panocha, resbalosos de mis jugos, frotando el capuchito en círculos perfectos. Jadeé, uñas clavándose en su espalda.
Nos tumbamos, yo encima, montándolo. Su verga en mi entrada, resbaladiza, empujando adentro centímetro a centímetro. Llenándome, estirándome delicioso. Gemí largo, paredes internas apretándolo. Empecé a mover caderas, lento al principio, sintiendo cada roce, el slap de piel contra piel, sudor perlando nuestros cuerpos. Sus manos en mis nalgas, amasando, guiando el ritmo más rápido.
El cuarto se llenó de nuestros sonidos: resuellos agitados, cama crujiendo, mi "¡Sí wey más duro!" y su "¡Córrete en mi verga mami!". Olía a sexo crudo, almizcle mezclado con sudor y colonia. Mi clítoris rozando su pubis, building up, tensión en espiral. Pensamientos revueltos: Esto es lo que necesitaba, conexión pura, sin dramas.
Cambié posición, él atrás, perrito. Manos en caderas, embestidas profundas, bolas golpeando mi trasero. Alcancé mi pico primero, explosión blanca, panocha contrayéndose ordeñándolo, grito ahogado en almohada. Él siguió, gruñendo, llenándome caliente, chorros pulsantes.
Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa. Su brazo alrededor, besos suaves en hombro. El ventilador secaba nuestro sudor, paz envolviéndonos.
"La próxima vez no más 'try again later' ¿eh?"bromeé, riendo bajito.
"Simón carnalita siempre directo al grano"respondió, apretándome más.
Me quedé ahí, escuchando su corazón calmarse contra mi oreja, sabiendo que esto era solo el comienzo. La noche de México, con sus luces lejanas parpadeando por la ventana, testigo de nuestro fuego.