Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Area de un Tria Ardiente Area de un Tria Ardiente

Area de un Tria Ardiente

6739 palabras

Area de un Tria Ardiente

La noche en la playa de Puerto Vallarta olía a sal y a coco tostado, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la arena. Yo, Ana, estaba recargada en la baranda del balcón de nuestra cabaña rentada, sintiendo la brisa cálida rozar mis piernas desnudas bajo el vestido ligero. Marco, mi novio, se acercó por detrás, sus manos fuertes rodeando mi cintura, y sus labios besando mi cuello. Qué rico se siente esto, pensé, mientras su aliento caliente me erizaba la piel.

"Neta, Ana, estás cañón esta noche", murmuró él, su voz ronca pegada a mi oreja. Bajé la mirada al área de un tria que se formaba en la arena: tres sombras alargadas por la luna, las nuestras y la de Luis, nuestro carnal de toda la vida, que acababa de llegar con unas chelas frías. Habíamos platicado de esto semanas antes, en la cama después de un polvo intenso. Un tría, dijimos riendo, pero la idea se quedó clavada como espina, picante y tentadora. ¿Sería chido? ¿Nos rompería o nos uniría más?

Luis se paró a un lado, alto y moreno, con esa sonrisa pícara que siempre me hacía cosquillas en el estómago. "Wey, ¿ya están listos pa'l desmadre?", dijo, abriendo las cervezas con un pop que sonó como promesa. Sus ojos recorrieron mi cuerpo sin disimulo, y sentí un calor subir desde mi entrepierna. Marco me apretó más, posesivo pero juguetón. "Si mi reina quiere, carnal. ¿Verdad, nena?" Asentí, el corazón latiéndome como tambor en fiesta. Bajamos al área de un tria en la arena, extendimos una manta grande y nos sentamos en círculo, las rodillas rozándose accidentalmente... o no tanto.

Esto va a ser la neta, pero ¿y si me da pena? No, chinga, ya estoy mojada nomás de pensarlo.

La plática fluyó con risas y anécdotas de la uni, pero el aire se cargaba de electricidad. Marco me jaló para un beso profundo, su lengua saboreando a cerveza y a mar, mientras su mano subía por mi muslo. Escuché la respiración de Luis acelerarse, y de reojo lo vi ajustándose los shorts. "Ven, carnal", invitó Marco, rompiendo el beso. Luis se acercó gateando sobre la manta, su olor a protector solar y hombre me invadió las fosas nasales. Sus labios tocaron los míos primero, suaves pero urgentes, barba raspando mi barbilla. Puta madre, qué beso más rico.

Las manos de Marco bajaron mi vestido por los hombros, exponiendo mis tetas al aire fresco de la noche. Sus dedos pellizcaron mis pezones endurecidos, enviando chispas directo a mi clítoris. Luis gimió contra mi boca y bajó a mamarme un pecho, su lengua caliente lamiendo círculos mientras Marco chupaba el otro. Sentí sus erecciones presionando mis piernas, duras como piedras calientes. "Estás empapada, mi amor", susurró Marco deslizando su mano entre mis piernas, dedos abriéndose paso en mi coño resbaloso. Jadeé, arqueando la espalda, el sonido de las olas mezclándose con mis gemidos.

Nos quitamos la ropa con prisa torpe, risas nerviosas rompiendo la tensión. Desnudos en el área de un tria iluminado por la luna, sus cuerpos bronceados brillaban. Marco era musculoso, con ese tatuaje en el pecho que me volvía loca; Luis más delgado, pero con una verga gruesa que saltó libre, goteando ya. Me recosté en la manta, arena fresca bajo mi espalda, y ellos se arrodillaron a mis lados. Besos llovían en mi piel: Marco en mi cuello, mordisqueando; Luis bajando por mi vientre, su aliento caliente en mi monte de Venus.

"Déjame probarte, Ana", rogó Luis, separando mis labios con los dedos. Su lengua entró como flecha, lamiendo mi clítoris hinchado, saboreando mis jugos con gruñidos hambrientos. Marco me besó, tragándose mis gritos, mientras sus bolas pesadas rozaban mi mano. Lo masturbe lento, sintiendo las venas pulsar, el olor almizclado de su piel mezclándose con el mío. Esto es el paraíso, wey, pensé, mientras Luis metía dos dedos dentro de mí, curvándolos justo ahí, haciendo que mis caderas se levantaran solas.

Cambiaron posiciones fluidas, como si lo hubiéramos ensayado. Ahora Marco me penetraba con la boca, su barba raspando mis muslos internos, mientras yo chupaba a Luis. Su verga llenaba mi boca, salada y cálida, embistiendo suave al principio. Escuchaba sus jadeos roncos, "¡Qué chido chupas, nena!", y el slap de la lengua de Marco en mi coño empapado. Mis tetas rebotaban con cada succion, pezones duros rozando el abdomen de Luis. El área de un tria vibraba con nuestros cuerpos entrelazados, sudor perlando pieles, arena pegándose a donde tocábamos.

No puedo más, voy a venirme como nunca. Esto es lo que necesitaba, ser el centro de su deseo.

Marco se levantó primero, su verga reluciente de mis jugos. "Quiero follarte mientras él te come", dijo, posicionándose. Entró en mí de un empujón lento, estirándome delicioso, su grosor llenándome hasta el fondo. Gemí alrededor de la polla de Luis, vibraciones que lo hicieron gruñir. Ritmo perfecto: Marco embistiendo profundo, bolas golpeando mi culo; Luis follándome la boca, manos en mi pelo. Olía a sexo puro, a mar y a nosotros tres fundidos. Sentí el orgasmo construyéndose, una ola gigante en mi vientre.

"Córrete conmigo, Ana", ordenó Marco, acelerando, su sudor goteando en mi pecho. Luis salió de mi boca para besar a Marco sobre mí, lenguas chocando, y eso me volteó la cabeza. Son míos, los dos. Explosé entonces, coño apretando la verga de Marco como puño, jugos salpicando, grito ahogado en la garganta. Marco se vino segundos después, caliente dentro de mí, rugiendo mi nombre. Luis se masturbó furioso sobre mis tetas, chorros espesos pintando mi piel, su rostro extasiado.

Nos quedamos jadeando en el área de un tria exhausto, cuerpos apilados en la manta. Marco me besó la frente, Luis limpiándome con ternura la boca. "Fue la neta, carnales", dijo él, riendo bajito. Yo sonreí, piernas temblando aún, el afterglow envolviéndonos como manta cálida. La luna testigo, las olas aplaudiendo suaves. No hubo celos, solo conexión más profunda, deseo saciado pero con promesa de más. Mañana seguiría la playa, pero esta noche, en nuestro tría ardiente, habíamos encontrado un pedazo de cielo mexicano.

Nos levantamos lento, arena cayendo de pieles pegajosas, y volvimos a la cabaña de la mano. En la regadera compartida, jabón y risas lavaron el sudor, pero no el recuerdo. Marco me abrazó por detrás mientras Luis enjabonaba mis tetas, besos suaves sellando el pacto. Dormimos los tres enredados, mi cabeza en el pecho de Marco, mano de Luis en mi cadera. Esto no termina aquí, pensé antes de caer en sueño profundo, el olor a sexo lingering en las sábanas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.