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Noche de Fuego con Banda El Tri de Mexico

6788 palabras

Noche de Fuego con Banda El Tri de Mexico

El rugido de la guitarra eléctrica te envuelve como un abrazo ardiente mientras entras al palenque abarrotado en el corazón de la Ciudad de México. Banda El Tri de Mexico está en el escenario, y el aire vibra con ese rock mexicano crudo que te hace sentir viva, como si cada acorde te lamiera la piel. Sudor y humo de cigarro flotan alrededor, mezclados con el olor dulce de la cerveza fría que sostienes en la mano. Tus jeans ajustados rozan tus muslos con cada paso, y la blusa escotada deja ver el brillo de tu piel morena bajo las luces estroboscópicas. Neta, qué chido estar aquí sola esta noche, lista para lo que caiga.

La voz ronca de Alex Lora retumba: "Triste canción de amor", y la multitud enloquece. Te abres paso entre cuerpos sudorosos, sintiendo manos ajenas rozarte accidentalmente la cintura, enviando chispazos de electricidad por tu espina. Tu pulso se acelera, no solo por la música, sino por esa hambre que traes guardada desde hace semanas.

¿Y si esta noche encuentro a alguien que me haga olvidar todo?
piensas, mientras das un trago largo a tu chela, el líquido helado bajando por tu garganta como un beso fresco.

De repente, un tipo alto y fornido se pega a tu espalda en la pista de baile. Su pecho duro presiona contra ti, y su aliento caliente te roza la oreja. "¿Bailas, preciosa?" murmura, su voz grave compitiendo con los tambores. Lo volteas a ver: ojos negros intensos, barba recortada, camisa negra pegada al torso musculoso por el sudor. Huele a colonia masculina y a hombre que trabaja con las manos. "Claro que sí, carnal", respondes con una sonrisa pícara, girándote para restregarte contra él al ritmo de Banda El Tri de Mexico. Sus manos grandes se posan en tus caderas, guiándote, y sientes su verga endureciéndose contra tu culo. Uff, qué rico.

El concierto avanza, y entre canción y canción, él te invita otra chela. Se llama Marco, dice que es mecánico en un taller del sur, pero con ese cuerpo de luchador libre, parece un dios pagano. Charlan a gritos sobre la banda: "Estos cabrones son los reyes del rock mexicano, ¿verdad? Me prenden el ánimo como nadie", gritas tú, y él asiente, sus dedos trazando círculos en tu brazo desnudo. Cada roce es fuego lento, building up esa tensión que te moja las panties. El olor de su piel salada te invade, y el sabor de sus labios cuando roza los tuyos accidentalmente en un brinco de la multitud te deja con ganas de más.

Pinche Marco, me vas a volver loca
, piensas, mientras su mano baja un poco más por tu espalda.

La banda toca "Abuso de autoridad", y la pista explota en un mosh controlado. Marco te protege con su cuerpo, envolviéndote en un capullo de calor humano. Sus caderas se mueven contra las tuyas, simulando un polvo lento y delicioso. Sientes el latido de su corazón contra tu pecho, rápido como el tuyo, y el roce de su barba en tu cuello cuando se inclina para susurrarte: "Estás cañona, güeyita. No aguanto verte moverte así". Le contestas mordiéndote el labio, presionando tu nalga contra su paquete duro. El sudor os une, resbaladizo y pegajoso, y el aroma de tu excitación se mezcla con el suyo, embriagador como tequila añejo.

El show termina con "Piedras contra el vidrio", un himno que os deja jadeando. La adrenalina os empuja afuera, al estacionamiento donde su troca negra espera bajo las estrellas. "¿Quieres seguir la fiesta en mi depa? Vivo cerca", propone él, y tú, con el coño palpitando de anticipación, asientes. "Llévame, papi". En la camioneta, su mano en tu muslo sube despacio, rozando el borde de tus jeans. El motor ruge como tu deseo, y el viento nocturno entra por la ventana, enfriando tu piel caliente.

Llegan a su departamento modesto pero chulo, con posters de Banda El Tri de Mexico en las paredes y una cama king size que invita al pecado. Apenas cierran la puerta, sus bocas chocan en un beso hambriento. Sabe a cerveza y a humo, su lengua explorando la tuya con urgencia. Te arranca la blusa, exponiendo tus tetas firmes, y sus manos ásperas las amasan, pellizcando los pezones hasta que gimes. "Qué chichotas tan ricas", gruñe, bajando la cabeza para mamarlas. El sonido de su chupeteo húmedo llena la habitación, y sientes su saliva tibia correr por tu piel.

Tú no te quedas atrás: le bajas el zipper, sacando su verga gruesa y venosa, palpitante en tu mano. "Mira qué mamalona, carnal", dices juguetona, acariciándola de arriba abajo. Él jadea, el prepucio suave deslizándose bajo tus dedos. Lo empujas a la cama, montándote encima para frotar tu panocha empapada contra su polla, solo con la tela de por medio. El olor a sexo inunda el aire, almizclado y dulce, mientras os besáis con lenguas enredadas.

Esto es lo que necesitaba, un polvo de los buenos sin complicaciones
, piensas, mientras él desabrocha tus jeans y mete los dedos en tu concha resbalosa.

Sus dedos gordos te penetran despacio al principio, curvándose para tocar ese punto que te hace arquear la espalda. "Estás chorreando, nena", murmura, lamiendo tu cuello. Aceleras el ritmo, montándolo como una amazona, hasta que no aguantas más. "Métemela ya, pendejo", exiges, y él obedece, colocándote de rodillas en la cama. Sientes la cabeza de su verga abriéndote, centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. El estiramiento duele rico, y el slap-slap de sus bolas contra tu clítoris resuena con cada embestida.

El sudor os cubre, resbalando entre vuestros cuerpos, y sus manos aprietan tus caderas dejando marcas rojas. Cambiáis posiciones: tú encima, cabalgándolo con furia, tus tetas rebotando mientras él las chupa. El olor de vuestras pieles mezcladas, el gusto salado de su sudor en tu boca, el sonido gutural de sus gemidos... todo te lleva al borde. "Ven conmigo, Marco", jadeas, y él acelera, su verga hinchándose dentro de ti. El orgasmo te explota como un rayo, contracciones que aprietan su polla, ordeñándola. Él gruñe y se corre, chorros calientes inundando tu interior, mientras os convulsionáis juntos.

Caéis exhaustos, cuerpos enredados, el corazón latiendo al unísono. Su mano acaricia tu cabello húmedo, y el aroma post-sexo os envuelve como una manta tibia. "Eso estuvo de lujo, preciosa", dice él, besándote la frente. Tú sonríes, satisfecha, sintiendo el semen escurrir entre tus piernas.

Gracias, Banda El Tri de Mexico, por esta noche inolvidable
, piensas, mientras el sueño os arrastra, con el eco de la música aún en tus oídos.

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