Trio con Amiga Borracha
La noche caía sobre el departamento en Polanco como un manto caliente y pegajoso. El aire olía a tequila reposado y limones frescos, mezclado con el perfume dulce de las chicas. Yo, Alex, estaba recargado en el sofá de cuero negro, con una cerveza fría en la mano, viendo cómo mi novia Laura reía a carcajadas con nuestra amiga Sofía. Habíamos organizado una fiestecita chida para celebrar el cumpleaños de Sofía, solo nosotros tres, porque neta, con el pinche tráfico de la CDMX, mejor quedarse en casa.
Laura, con su piel morena brillando bajo las luces tenues, llevaba un vestido rojo ajustado que marcaba sus curvas de infarto. Sofía, la güera de ojos verdes que siempre andaba coqueteando, estaba ya medio peda después de unos shots de tequila. Su falda corta subía por sus muslos torneados cada vez que se movía, y su blusa escotada dejaba ver el encaje negro de su bra. ¿Qué pedo con esta noche? pensé, sintiendo un cosquilleo en el estómago mientras las veía bailar pegaditas al ritmo de cumbia rebajada que salía del Bluetooth.
"¡Ven, wey!", gritó Sofía, tambaleándose un poco pero con esa sonrisa pícara que me ponía la piel chinita. Me jaló del brazo y me metió al medio del "piso de baile" improvisado en la sala. Laura se pegó por detrás, su aliento cálido en mi cuello oliendo a menta y alcohol. Sus manos bajaron por mi pecho, rozando mi abdomen bajo la camisa. El roce era eléctrico, como chispas en la piel sudada. Sentí su calor presionando contra mi espalda, y el de Sofía al frente, sus tetas suaves aplastándose contra mí.
Esto va a estar cabrón, me dije, mientras mi verga empezaba a endurecerse entre mis jeans.
La música retumbaba, el bajo vibrando en mis huesos. Sofía se rio fuerte, casi derramando su vaso. "¡Estoy bien borrachita, carnales! Pero neta, qué chido estar así con ustedes". Laura la abrazó por la cintura, besándole el cuello juguetona. "Ay, Sofi, siempre tan loca". Yo solo atinaba a mirar, el corazón latiéndome como tambor en desfile. El deseo crecía lento, como el calor que subía desde mis huevos hasta la garganta.
Pasamos a los shots. El tequila quemaba la lengua, dejando un regusto ahumado que se mezclaba con el sudor salado en el aire. Sofía se sentó en mis piernas de golpe, su culo firme y redondo presionando justo donde dolía de ganas. "¡Trio con amiga borracha!", soltó de la nada, riendo como loca mientras me pasaba los brazos por el cuello. Laura arqueó una ceja, pero en vez de enojarse, sonrió con malicia. "¿Quieres eso, amor? ¿Un trío con amiga borracha?" Su voz era ronca, cargada de promesas.
El pulso se me aceleró. ¿En serio? Las dos me miraban, Sofía con ojos vidriosos pero brillantes de lujuria, Laura con esa confianza que me volvía loco. Asentí, la boca seca. "Neta, sí". Sofía se inclinó y me besó, sus labios suaves y húmedos saboreando a tequila y cereza de su gloss. Laura se unió, su lengua enredándose con la de ella sobre mi boca. El beso era un torbellino: salado, dulce, caliente. Sus manos exploraban, una en mi paquete apretando suave, la otra desabotonando mi camisa.
Acto dos: la escalada
Nos movimos al cuarto como en trance. La puerta se cerró con un clic que sonó como detonación. La habitación olía a sábanas limpias y al perfume almizclado de Laura. Sofía se quitó la blusa de un tirón, sus tetas grandes saltando libres, pezones rosados endurecidos por el aire fresco. "¡Mírenme, pendejos!", dijo juguetona, girando para que viéramos su tanga negra desapareciendo entre sus nalgas perfectas. Laura la empujó a la cama, riendo. "Eres una puta cachonda cuando te pones borracha".
Me quité la ropa rápido, la verga saltando dura como piedra, venosa y palpitante. Ellas dos gatearon hacia mí, rodillas hundiéndose en el colchón mullido. Sofía la tomó primero, lamiendo desde la base hasta la punta con lengua plana, gimiendo. "Mmm, qué rica está, Lau". Laura se arrodilló al lado, chupando mis huevos, su aliento caliente envolviéndolos. El sonido era obsceno: succiones húmedas, lamidas resbalosas, mis gemidos roncos. Sentía sus cabellos rozándome los muslos, uno rubio y sedoso, el otro negro y lacio.
No mames, esto es el paraíso, pensé, mientras mis caderas se movían solas, follando sus bocas alternadamente.
Laura se quitó el vestido, revelando su cuerpo atlético, coño depilado brillando de jugos. Sofía se masturbaba ya, dedos hundiéndose en su raja mojada, el olor a hembra en calor llenando el cuarto. "Fóllame primero, Alex", suplicó Sofía, echándose de espaldas, piernas abiertas como invitación. Su concha rosada chorreaba, labios hinchados. Me hundí en ella de un empellón, el calor apretado envolviéndome como guante de terciopelo. "¡Ay, cabrón! Sííí", gritó, uñas clavándose en mi espalda, dejando surcos ardientes.
Laura se sentó en su cara, restregando su clítoris contra la lengua de Sofía. "Come mi panocha, borrachita". Veía todo: tetas rebotando, pieles sudadas pegándose, jugos goteando por las sábanas. El slap-slap de mi verga entrando y saliendo de Sofía era hipnótico, mezclado con los slurps de Laura y gemidos ahogados. Cambiamos: ahora Laura cabalgándome, su culo rebotando contra mis huevos, mientras Sofía lamía donde nos uníamos, lengua rozando mi ano y su clítoris.
La tensión subía como volcán. Sudor chorreaba por mi pecho, salado en sus lenguas. "Más fuerte, wey", jadeaba Laura, pezones duros como balas rozando mi torso. Sofía metía dedos en mi culo, masajeando mi próstata, haciendo que mi verga se hinchara más. Ya no aguanto, pensé, el orgasmo bullendo en mis bolas.
Acto tres: la liberación
Las puse a las dos de rodillas, verga en mano. "Vengan, putitas". Ellas abrieron la boca, lenguas fuera, ojos suplicantes. Me pajeé furioso, el placer punzante subiendo por la columna. "¡Me vengo!", rugí. Chorros calientes salpicaron sus caras, tetas, lenguas lamiendo ansiosas. Sofía se corrió tocándose, gritando "¡Sí, cabrón!", jugos salpicando mis pies. Laura tembló encima de ella, orgasmo sacudiéndola como terremoto.
Caímos en un enredo de cuerpos exhaustos. El cuarto apestaba a sexo: semen, sudor, coños calientes. Sofía, aún jadeante, murmuró: "El mejor trío con amiga borracha de mi vida". Laura me besó, lengua perezosa. "Te amo, amor. Esto fue chingón".
Nos quedamos así, pieles pegajosas enfriándose, pulsos calmándose. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente. En mi mente, el eco de gemidos y el sabor de ellas. Neta, qué noche. Sofía se durmió primero, ronquidos suaves. Laura acurrucada en mi pecho, mano en mi verga floja. Cerré los ojos, saboreando el afterglow, sabiendo que esto nos uniría más. Mañana, hangover y todo, valdría cada segundo.